sábado, 9 de mayo de 2009

El viaje a ninguna parte




El viaje a ninguna parte es una novela de Fernando Fernán Gómez publicada en 1985. En ella relata la historia de una pequeña compañía de teatro, la compañía Iniesta-Galván, desde el comienzo del franquismo hasta que las primeras pantallas de cine casi acaban por completo con este tipo de actores y actrices que recorrían la España de la post guerra de pueblo en pueblo, y por un mísero salario que apenas si llegaba para pagar comida, alojamiento y poco más.

No voy a escribir sobre la novela, ni sobre la película que después dirigió el mismo escritor, y que en 1986 recibió tres Goyas: Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Original. Nada podría aportar sobre lo ya escrito y lo único que os puedo recomendar es que leáis el libro, o en su defecto veáis la película, porque en ambos casos vais a pasar un rato agradable, y seguro que disfrutareis muchísimo tanto de una como de otra.

Si es verdad que el argumento de la novela, una troupe de actores viajando sin rumbo fijo, de pueblo en pueblo, de representación en representación, viviendo al día, con sus miserias, con sus alegrías, desgajándose con el paso del tiempo, separándose, y buscando al final nuevos horizontes, nuevos caminos que les llevara hasta la felicidad tan ansiada, puede servir de metáfora para explicar el otro viaje a ninguna parte, el viaje sin final cierto al que yo me quiero referir.
Es un viaje común entre muchos de nosotros, en algunos casos se trata de toda la vida, en otros son etapas que vivimos sin rumbo fijo, sin saber el porque iniciamos el camino y sin conocer el destino final. Da igual que se trate de nuestra vida privada o profesional, en ocasiones inseparables la una de la otra, iniciamos la andadura sin conocer donde terminaremos, sin pararnos a pensar donde nos lleva. Algunas veces el propio transcurrir de los acontecimientos nos pone en marcha, otras de forma voluntaria tomamos la decisión de acometerlo sin muchos análisis previos, sin grandes motivos ni razones. Quizás sea el libre albedrío del ser humano el que nos pone ante la tesitura de tomar la decisión, quizás sea la propia inconsciencia de nuestro género quien nos impulsa a ello, quizás detrás de la decisión tan sólo exista un porque no hacerlo. Otras veces es la necesidad de un cambio, la ilusión por dar un vuelco a la vida, la frustración por lo que tienes, la necesidad de mejorar, el ansia por conseguir alguno de nuestros sueños. Con motivo o sin él iniciamos la senda, nos adentramos en el camino e iniciamos el viaje.
Yo no seré quien desaconseje el realizarlo, yo mismo he iniciado mi propio viaje a ninguna parte, está siendo duro, esta costando un alto precio de esfuerzo, de desilusión en muchos momentos, esta siendo incierto y en muchos tramos difícil de seguir adelante. Cierto es que más complicado es parar, desistir en el intento y dar marcha atrás. Iniciar otros recorridos entraña mayor dificultad, cuando te inicias en él la capacidad de variar el sentido es aun menor. No sé donde me lleva, no sé donde ha de terminar, cada día recorro una parte, hay días que avanzo más y otros muy poco, casi nada e incluso llego a pensar que deshago camino y vuelvo a pasajes por los que ya había pasado. Decidí empezarlo de forma consciente y voluntaria, buscaba una mejora, buscaba un futuro, buscaba llegar a ser el dueño de mi destino. En los primeros pasos se truncó, derivó la dirección y sin saberlo inicié un nuevo tramo desconocido. Ahora mismo no sé por donde camino, no sé a donde me lleva, y lo peor no sé si será un viaje que nunca termine. No desisto diariamente de mirar al horizonte y buscar su final, no desisto en avanzar, en limpiar la senda de matojos que finalmente me enseñen las siguientes estaciones del mismo. No es fácil y peor aun si has de realizarlo sin compañía, sólo cada día intento cumplir cada etapa. Quizás nunca lo termine, o a lo mejor cualquier día sin darme cuenta se interrumpirá y habré alcanzado el final del trayecto. Si esto ocurre tendré que corregir el título de hoy y cambiarlo, no sería justo que habiendo alcanzado la meta, mi viaje a ninguna parte se quedará sin su final.


jueves, 7 de mayo de 2009

La tiranía de los adolescentes



El pasado jueves comí con una amigo al que llevaba varios años sin ver, aproximádamente unos tres años. Son de esas amistades que se forjan en el entorno profesional, y que a través del respeto mutuo hacia la persona y al compañero de trabajo, y con el roce de muchas horas de trabajo compartidas se labra una relación que crece además sustentada también por compartir actividades comunes en el tiempo de ocio.

Como es lógico después de tanto tiempo sin noticias directas uno del otro, la primera parte del ágape lo dedicamos a recordar los tiempos pretéritos y a ponernos al día de amistades comunes de las que él o yo habíamos dejado de ver por distintos motivos, y que entre los dos podíamos aportar sus nuevas situaciones personales y profesionales. Condimentamos el segundo plato con algo de trabajo, no podía ser de otra manera más cuando ambos trabajamos en el mismo sector y podemos encontrar puntos de encuentro para futuras colaboraciones, y terminamos a los postres hablando de nuestros hijos. Mejor dicho fue casi un monólogo de mi amigo y no por otra razón que la de la experiencia y la ventaja de los años de diferencia entre los suyos y los míos. Él es algo mayor y sus hijos están en la edad de la adolescencia el menor y la juventud temprana la mayor.

Le escuché sin interrupciones, prácticamente sin parpadear y sin salir de mi asombro. En sus palabras no dejaba entrever amargura, ya casi ni desesperación, era una descripción fría y sin sentimientos de ningún tipo de una serie de hechos, vivencias y actos que han jalonado sus últimos meses. Mi amigo es una persona recta, tampoco estricta, es dialogante, muy de sus principios, es una persona inteligente y con una gran formación humanista, si es cierto que es claro y directo y algunas veces este tipo de personas pueden ser considerados hirientes porque al ser franco no siempre agradan con sus palabras. Creo firmemente que es un hombre familiar, enamorado de su mujer, enamorado de sus hijos, respetuoso con sus padres y suegros, hermanos, cuñados y demás familiares. Aclaro todo ello porque muchas veces pensamos, y me incluyo el primero, que en las relaciones entre padres e hijos la intransigencia, el principio de autoridad de los primeros dificultan los diálogos, los encuentros, y las soluciones a los problemas de la convivencia.

Vaya por delante también que los hijos de mi amigo no son delincuentes, drogadictos, pendencieros, borrachos o maleantes. Son chicos normales, de una familia estructurada de clase media, sin problemas de desarraigo, económicos, traumas infantiles ni nada que se le asemeje. Pero realmente lo que me comentó era una guerra sin cuartel: la imposición de los criterios adolescentes siempre y por derecho, la no colaboración, el continuo enfrentamiento, la apatía, la negación a la relación, la imposición de sus verdades como únicas válidas y aceptables, la confrontación con los deberes, la imposición de sus derechos.

Ilustró la conversación con ejemplos dispares, con situaciones de toda índole, con trascripciones de absurdos diálogos, con broncas, peleas e incluso amenazas suyas hacia ellos. Era un hombre derrotado, aceptaba el fracaso pero a la vez se negaba por puro criterio el sentimiento de culpabilidad. Lo ha intentado todo y nada ha funcionado.

No es el único caso que todos conocemos, cualquiera de nosotros, en sus entornos más cercanos conoce casos similares, e incluso mucho más graves y preocupantes. Algo no estamos haciendo bien. Estamos fracasando en una parte fundamental de nuestras vidas. Si sé, y comparto, que todos hemos pasado por épocas parecidas, donde la razón sólo podía estar de nuestro lado, si sé que la sociedad evoluciona y que los comportamientos varían, sé que hoy en día a la adolescencia y la primera etapa de la juventud se llega con mucha más información que en nuestras épocas, que tienen una mayor posibilidad de vivir experiencias nuevas que nosotros descubríamos en edades más avanzadas, que Internet, las redes sociales, las nuevas tecnologías han hecho posible unos nuevos parámetros de aprendizaje, de relación, de ocio y diversión. Pero también sé que nosotros aceptábamos mejor las normas de convivencia, que peleábamos por nuestros avances, pero a la vez respetábamos los principios de nuestros mayores, que todos hemos cometido errores y de ellos hemos aprendido, con ellos hemos forjado nuestra personalidad, pero también es verdad que no imponíamos la negación como principio de relación, dialogábamos mucho más, aceptábamos opiniones, reglas y decisiones aún siendo todas ellas contrarias a nuestros intereses.

No eramos tiranos, jugábamos nuestras partidas conscientes de que unas veces se ganaba y muchas otras perdíamos, pero de cada victoria hacíamos valor de lo conseguido y de cada derrota obteníamos una lección aprendida para la siguiente vez. Nosotros fuimos los primeros demócratas en una época de dictadura, nuestra generación la que llego muy tarde a muchas cosas y muy pronto a muchas más, entendimos que la única manera de conseguir cualquier objetivo, por muy revolucionario que fuese, por muy novedoso y progresista que pudiera aparentar, se lograba con la negociación, el diálogo y el respeto para ambas partes.

Algo estamos haciendo mal, seguro. Hoy todo es más fácil en la vida, en todos los sentidos, y la sensación de fracaso, la sensación de derrota ante los nuevos tiranos es generalizada. Quizás deberíamos plantear una nueva revolución, pero esta vez a la inversa, un golpe de timón y cambiar los esquemas y los principios de la relación para derrocar la nueva tiranía, para vencer en la lucha contra los adolescentes. Abajo los tiranos.

viernes, 1 de mayo de 2009

1 de Mayo, ¿Día Internacional del Trabajo?


Estamos de fiesta, hoy son pocos los que tienen que acudir a su centro de trabajo, celebramos el día internacional del trabajo. Irónico lo que hoy celebramos, inmersos en la más profunda de las crisis, con más de cuatro millones de parados, una tasa superior al 17% de la población activa, y nosotros de celebraciones.

Esta mañana al levantarme he leído la prensa en Internet antes de salir de casa a comprar la de papel, he visto por la televisión el resumen de las noticias, he oído la radio mientras me duchaba y arreglaba antes de ir a la calle para cumplir con mis pequeñas obligaciones de los días feriados: comprar el pan, los periódicos, tabaco, gasolina para el coche, en fin el resultado del reparto de las tareas del hogar, y mi aportación a la puesta en marcha de mi casa como resultado de la división de tareas. Todo lo que he leído, visto y oído se refería a la celebración del día primero de mayo, y lógicamente a la pandemia de la nueva gripe originada por el virus A/N1H1. Realmente todavía no soy capaz de discernir cual de las dos noticias es el reflejo de una realidad más letal. La primera, que tan sólo en España afecta ya a más de cuatro millones de personas, o la segunda que según las previsiones puede afectar al 50% de la población europea. Creo que los efectos son y serán más devastadores para el primer grupo de afectados, al fin y al cabo las declaraciones de la Comisaria de Sanidad de la UE después de la reunión extraordinaria de los ministros del ramo de los 27, han dejado un atisbo de esperanza al reconocer la pandemia global, pero al indicar al mismo tiempo que no será mortal porque los casos registrados fuera de las fronteras de México son leves y responden bien al tratamiento con los antivirales. Desde luego todo me hace pensar que serán los afectados de la primera epidemia los que peor van a pasarlo. Y hablo de ellos en tercera persona del plural, sin la certeza que pueda cambiar en un futuro el “ellos” por el “nosotros”, cualquiera podemos pasar a engordar las estadísticas del paro en nuestro país.

Me parece irónico, por no decir hipócrita, andar hoy de celebraciones. Con la que tenemos liada, con las expectativas futuras, con la falta de respuestas y soluciones, sin previsiones a futuro por parte del gobierno, el ministro Celestino Corbacho declara que no se atreve a hacer pronósticos, sin encontrar un solo signo de mejora en la crisis que vivimos, con la mayor caída del PIB en 50 años, y hoy todos a la calle a celebrar el día internacional del trabajo. Entre manifestaciones, concentraciones, y actos lúdicos, los sindicatos han convocado más de cien actividades en nuestro país bajo el lema: “Frente la crisis: empleo, gasto público y protección social”.

Hoy será un día de faustas y elocuentes declaraciones, de promesas de futuro, de ataques verbales entre sindicatos y patronal, gobierno y oposición, pero ¿y mañana qué?, más de lo mismo: incertidumbre, miedo, preocupaciones, economías de los hogares imposibles de cumplir, comercios sin apenas clientes, cierre de pequeñas y medianas empresas, más afiliados al desempleo, y una infinidad de dramas personales porque en muchos hogares ya no entra ni el subsidio de desempleo. Esta si es nuestra pandemia, realmente este es el “virus” que puede matarnos como país, como sociedad, como modelo de convivencia. La sociedad del bien estar está enferma, muy grave, casi agónica.

Espero y deseo que el próximo año, el primero de mayo podamos seguir celebrando el día internacional del trabajo, no querría salir a la calle entonces a celebrar el día internacional del parado.

sábado, 25 de abril de 2009

¡ Vito al Patro San Jordi !



El título de este escrito es un “viva” que se grita cada mes de abril en las fiestas de mi pueblo por herencia. Ya os comentaba el primer día mis orígenes levantinos por parte de padre, y es en su pueblo natal, entre otros más de la provincia de Alicante, donde se celebran las fiestas de Moros y Cristianos. En Banyeres cada año, en este mes se celebran las fiestas en honor de su patrón San Jorge. He traído un resumen que he encontrado en la página web del ayuntamiento de Banyeres de Mariola, http://www.portademariola.com/ de lo que son las mismas, y así podréis tener una ligera idea de lo que realmente se celebra y como se reparten los distintos festejos en los cuatro días que duran los mismos.

En Abril del 22 al 25 se celebran las fiestas de Moros y Cristianos en honor a San Jordi, declaradas de interés turístico Nacional. Durante los cuatro días, los actos que se celebran son muy diversos. El día 22 de Abril tiene lugar por la mañana el desfile y ofrenda de bandas de música que intervendrán en las fiestas, y por la tarde, la Entrada, donde todas las comparsas desfilan al compás de la música, reviviendo todos los sentimientos que más les enorgullecen. Al finalizar tiene lugar la retreta, recorrido informal por diversas calles de la localidad, con faroles hechos por los propios festeros, que acaban siendo quemados en la plaza mayor.El día 23, es el día del patrón, a primera hora de la mañana se celebra la diana, en la que una escuadra de cada comparsa, desfila y concursa con el resto por el primer premio. A media mañana, tiene lugar la misa en honor al patrón San Jordi. Por la tarde, el desfile infantil y la procesión, que vuelve a ser motivo de reunión.En día 24, se denomina día “dels trons”, puesto que tiene lugar, simbólicamente, la conquista del castillo por el bando moro y la posterior reconquista de los cristianos, con solemnes embajadas.
Para finalizar el último día, se dedica al homenaje y recuerdo de los que nos han dejado. Partiendo del Morer, masía donde hizo su solemne entrada la Reliquia de San Jordi en 1780, se asciende disparando arcabuces hasta el cementerio, donde tiene lugar la celebración de la misa al aire libre, es este un acto único dentro de las fiestas de moros y cristianos, donde los banyerenses sienten como nadie el recuerdo a sus seres difuntos más queridos. Finalizada la misma, festeros y no festeros se reunen en los alrededores de la ermita del Santo Cristo, donde, tiene lugar la proclamación y levantamiento de los capitanes del año próximo. A mediodía, se desciende disparando hacia la población, donde, por la tarde tiene lugar el traslado de la pequeña imagen de San Jordi, por cada comparsa, al domicilio del nuevo capitán.

Pero esto no es más que un resumen de lo que pasa, una versión oficial de lo que son las fiestas de San Jorge. Lo mejor de esos cuatro días es el colorido, el ambiente, la calle, una vez más, el espíritu de todo un pueblo, festeros y no festeros, volcados por disfrutar y hacer disfrutar a los demás de las fiestas de Moros y Cristianos. Hay dos bandos, y por cada bando hay una serie de comparsas, agrupaciones para los neófitos, en las que los distintos habitantes del pueblo están agrupados, afiliados, normalmente por tradición familiar. El bando cristiano lo forman: los Cristianos, los Estudiantes, los Maseros o Labradores, los Contrabandistas y los Jordians en honor a San Jordi. Por el bando moro las comparsas son: los Moros Viejos, los Moros Nuevos, los Marrocs, mi familia pertenece a esta comparsa, los Piratas y los Califas.
Se vive por y para las fiestas, el pueblo se transforma y la alegría invade las calles. Estas de fiesta mañana, tarde y noche. Todo empieza la mañana del 22 de abril, todo empieza cuando cada cual se viste, nunca disfraza, con el traje de su comparsa. Es como el pistoletazo de salida a cuatro días de locura, de disfrute, de vivir en la calle, de alguna que otra borrachera, de llenar tu casa de amigos en las cenas, en las comidas. Son días de desfiles, de baile, de truenos con los trabucos, de pólvora e incluso son días de tradición y de mucho respeto por el patrón y de recuerdo para los que han sido parte de la fiesta y ya no están entre nosotros.

Llevo muchos años sin poder acudir, pero mantengo en mi recuerdo muchos otros de salir como un festero más y disfrutar de todos los actos. He tenido la posibilidad de compartir estas fiestas con familia y amigos, y son fiestas para todos. He podido salir en distintas comparsas, desde masero, marroc en honor a mi padre, moro nuevo e incluso pirata. He disfrutado y he hecho disfrutar a amigos que viniendo desde Madrid y fueron como uno más en los festejos. Desfilé, dispare y me emborrache como el que más. He vivido con respeto los actos más protocolarios, las Dianas cada mañana a las siete, la Misa Mayor, la Profesión, el acto por los difuntos disparando ante los nichos y las tumbas en el cementerio de mis familiares allí enterrados. Me he sentido parte de la fiesta, y ese es el secreto para poder disfrutar de todo ello, ser parte activa de lo que cada día se celebra. Da igual moro que cristiano, da igual contrabandista que pirata, el único secreto es vivir la calle y disfrutar del jolgorio y la alegría contagiada.

No sé si alguno las conocéis de otros pueblos, cuanto mayor es la población más seria es la fiesta y se disfruta más en pueblos pequeños, pero si no es así os recomiendo conocerlas, cuatro días en abril, o incluso en los alrededores se celebran en el verano, no son muchos días para emplearlos en conocer unas fiestas que son de todos, de los propios y de los foráneos y donde seguro os harán sentir como un festero más, como uno más de los bandos moros y cristianos.

Mañana se terminan por este año las fiestas, mañana se levantan a los que han de ser los nuevos capitanes de las comparsas del año próximo, mañana habrá un viva en toda la fiesta, en todo Baneyres, y yo desde aquí me quiero sumar y por eso hoy termino gritando: Vito al Patro San Jordi ¡!!!!!

viernes, 10 de abril de 2009

'Los cuatro muleros' Ana Belén

Se Equivocó la Paloma. (Rafael Alberti)




Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua,
Se equivocaba.
.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
.
Que las estrellas, rocio;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
.
Que tu falda era su blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
.
(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)
.

Semana Santa, Semana de Pasión.



Antes de empezar con el escrito que hoy quiero compartir, creo que debo hacer un poco de historia de lo que realmente la Semana Santa es en el mundo cristiano. No hablaré de mis creencias personales, pero he sentido desde siempre que cuando llegan estas fechas, además de ser un periodo de vacaciones que todos aprovechamos para descansar y desconectar de todos nuestros quehaceres diarios, nuestro país se transforma, la fe toma la calle, en el más recóndito pueblecito de nuestra geografía se celebran procesiones, salen los pasos de penitencia a las calles, se hacen representaciones vivas de la pasión, se preparan los monumentos en las iglesias, se visitan las estaciones, los oficios, se cantan saetas, truenan los tambores, y todo respira pasión, devoción y fervor religioso.

La Semana Santa es la conmemoración anual en que el calendario cristiano conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Sábado Santo. Va precedida por la Cuaresma, que culmina en la Semana de Pasión y da paso a un nuevo período litúrgico.
La Semana Santa cuenta con celebraciones propias que recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, la Crucifixión de Jesús y su Muerte el Viernes Santo y su Resurrección en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
A principios del siglo IV había en la cristiandad una gran confusión sobre cuándo había de celebrarse la Pascua cristiana o día de Pascua de Resurrección, con motivo del aniversario de la resurrección de Jesús de Nazaret. Ya en el Concilio de Arlés (en el año 314), se obligó a toda la Cristiandad a celebrar la Pascua el mismo día, y que esta fecha habría de ser fijada por el Papa, que enviaría epístolas a todas las iglesias del orbe con las instrucciones necesarias. Sin embargo, no todas las congregaciones siguieron estos preceptos. Es en el Concilio de Nicea (en el año 325) donde se llega finalmente a una solución para este asunto.
No obstante, siguió habiendo diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría, si bien el Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría, que lo comunicaba a Roma, la cual difundía el cálculo al resto de la cristiandad.
Finalmente fue Dionisio el Exiguo (en el año 525) quien desde Roma convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la pascua cristiana.
La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena eclesiástica; sin embargo, ésta casi siempre coincide con la Luna llena astronómica, de modo que para efectos de cálculo es generalmente válido emplear la más tradicional definición astronómica. Por ello puede ser tan temprano como el 22 de marzo, o tan tarde como el 25 de abril.

Ya sabemos el porqué, está bien saber que es lo que realmente celebramos en estos días, pero lo que a mi más me llama la atención es el como. Cierto es que cada cual es muy libre por sus creencias o por la falta de ellas, celebrar o utilizar estos días como Dios les de a entender en el primero de los casos, o simplemente les venga en gana para el segundo. No se trata de juzgar comportamientos ajenos, sólo pretendo compartir mis propias sensaciones y vivencias. Y sin ir más lejos las que ayer experimenté. Creo que como más de un hijo de vecino este año las vacaciones las he pasado en casa. Hacía años que no veía una procesión en Madrid, y como la tarde era buena, y los niños estaban un tanto aburridos de no hacer nada, les propuse el plan de acercarnos a Madrid a ver un par de las que ayer transcurrían por sus calles. Primero y por pura comodidad nos acercamos a ver salir a El Divino Cautivo. Es un paso de penitencia pequeño, sale del colegio Calasancio en la calle General Díaz Porlier, había poca gente, personas del barrio, antiguos alumnos y algún que otro turista que en la zona se encontraban cuando arrancó la procesión. Después fuimos raudos a la salida del paso de María Santísima del Dulce Nombre de la iglesia de San Pedro. Aquí la cosa cambio, muchedumbre agolpada en la calle del Nuncio y todos los alrededores. Fervientes creyentes, vecinos, turistas, paseantes, gente que había ido desde otros barrios, desde otras localidades, y me imagino que como tradición acuden año tras año, arrebataban la calle, la Cava Baja, Puerta Cerrada, la Plaza del Humilladero y cada uno de los rincones por donde trascurriría el cortejo. En la misma salida de la Virgen escuchamos la primera saeta, otra después y hasta una tercera en unos pocos metros que seguimos el paso. El Madrid de los Austria era una fiesta, los bares llenos, las terrazas sin una sola mesa libre, el Café del Nuncio, El Café de la Villa, el de los Monaguillos, todos de bote en bote, no había un hueco.

Aquel jolgorio manifestado de forma espontánea, natural, aquellas ganas de divertirse, de disfrutar, me dio que pensar de vuelta a casa. Da igual Madrid, que la “Madrugá” en Sevilla, Cádiz, Bilbao, Gerona, Valladolid o Palencia. Está claro, nos va la fiesta, es lo mismo Semana Santa, que la Feria de Abril, San Fermines, que Moros y Cristianos. Somos un pueblo que vivimos la calle, que nos ponemos la vida por montera, que a la primera de cambio nos buscamos un motivo para deleitarnos, disfrutar y reír. Me gusta mi gente, me gusta sentirme parte de un pueblo que hace de sus ganas de vivir su bandera. Me gusta sentir que los pelos de mis brazos se erizan al escuchar una saeta, me gusta sentir un pinchazo de felicidad oyendo un aplauso cerrado al ver una salida de un paso por un portón imposible, un aplauso que reconoce el sufrimiento y el esfuerzo de un puñado de costaleros, casi en cuclillas para hacer posible lo que a todas luces parece un milagro. Me gusta, me encanta ver las calles llenas de gente que respiran felicidad, ganas de vivir.

Sé que poco o nada tiene que ver todo esto con la Pasión, sé que todo ello poco tiene que ver con la muerte y resurrección de Cristo. Sé que el ferviente cristiano vive esta semana con otro sentido, pero realmente lo que yo ayer sentí, lo que yo ayer viví fue un inmenso contagio del virus de la felicidad, de la ilusión, de la diversión. Sinceramente disfruté junto a mis hijos de una tarde irrepetible, para ellos fue una nueva experiencia, algo no vivido anteriormente, para mi fue reencontrarme con la alegría de la calle, con un barrio de Madrid al que en mi pasado mozo le dediqué mucho tiempo, pero lo mejor de todo fue descubrir que todavía hoy cualquier expresión popular, sea de la índole que sea, congrega a un pueblo en la calle con la única razón del disfrute, de la algarabía, de la felicidad de sentir que la vida siempre merece la pena de ser vivida.

La Legión Española. (Javier Álvarez)

lunes, 6 de abril de 2009

Mientras dí razón de una Coca-cola, un pincho de tortilla y un cortado



El pasado viernes tuve que dar una ponencia en un curso sobre comercialización de medios de comunicación que organiza Unidad Editorial. Son esos compromisos que uno adquiere de forma voluntaria y siempre con la perspectiva temporal en la lejanía cuando te solicitan la participación. Unos días antes fui consciente de la fecha y la hora en la que estaba programada mi colaboración. No dude en enviar un email a la organización haciéndoles ver lo inoportuno del día y más aún de la hora, entre las 20,00 y las 21,00 h. Realmente corríamos un riesgo muy elevado que el viernes de Dolores, preámbulo de las vacaciones de Semana Santa en el horario previsto, la asistencia de los inscritos en el seminario fuera de una o ninguna persona. La respuesta que obtuve por parte de los organizadores es que la asistencia estaba asegurada, no tanto por el interés verdadero de mi presentación, como por el hecho de que parte del aforo son empleados de la propia compañía, otra parte empleados de los patrocinadores del evento, y una muy reducida parte algún que otro despistado que por allí andaban. Dicho esto y con la respuesta por escrito no me quedo más remedio que cumplir mi compromiso.

Sucedió que el mismo viernes y ante la posibilidad de quedarme más que colgado alrededor de cuatro o cinco horas, lapsus de tiempo que transcurriría entre mi salida de la oficina y la hora de inicio del evento, decidí intentar liar a alguno de mis amigos, más allegados conocidos, colaboradores y si me apuráis hasta el portero de la oficina, para compartir una amigable comida, previo pago por mi parte naturalmente, y rellenar así de una manera amena y divertida el tiempo de espera. Iluso de mí, viernes de Dolores, mariquita el último, y si salgo a las 14,00, mejor que a las 15,00h. Después de varias intentonas fallidas decidí desistir y asumir sin más que sólo de mí dependía como ocupase aquel tiempo libre entre una obligación y una devoción para mi espíritu y mi ego. No quise insistir más allá de tres o cuatro llamadas para no comprobar con toda la crudeza que entre el “nosotros” y el “tú”, gana el “yo” más egoísta. A fuer de ser sincero, seguramente si “yo” hubiese sido parte de “ellos” el resultado hubiese sido idéntico. Por lo tanto y más sólo que la una, más allá de las 15,30 h decidí tomar un "tente en píe" que me permitiese aguantar hasta la hora de mi ponencia, y utilizar el resto de mi tiempo a repasar una vez más aquello que con tanta ilusión iba a contar después a un grupo de colegas más o menos motivados.

Recordé que cerca de mi oficina un afamado restaurador tiene uno de sus locales donde el pincho de tortilla tiene fama de exquisito. Por tanto decidí emplear parte de mi tiempo en darme un pequeño paseo hasta el restaurante y saborear tal maravilla sin mayor presión, ni prisa, y con suficiente tranquilidad para incluso ojear mientras comía uno de los periódicos del día. En ello estaba, cuando sin darme cuenta mi atención empezó a girar hacía una conversación que dos ejecutivos, más o menos agresivos, más o menos beodos, mantenían a mi lado. Fue realmente un acto reflejo, ausente de cualquier curiosidad mal sana, simplemente como fruto del propio aburrimiento, mi atención se fue centrando en lo que aparentemente parecía una conversación muy transcendental. Aquellos dos jóvenes, frisaban los treinta, muy trajeados, con corbatas de marca, repeinados y todo hay que decirlo, híper educados, manejaban una conversación entre lo humano y lo divino, una conversación sobre el bien y el mal, sobre la tiranía del dinero, las cosas materiales y en contra posición la vida espiritual. Una conversación plagada de coletillas típicas de la jerga del mundo al cual pertenecen, una conversación en cualquier caso medida, sin grandes aspavientos, en un tono más que respetuoso, y carente de salidas de tono, ni expresiones soeces ni sobre actuaciones. Me dí cuenta que lo que más me llamó la atención eran las formas utilizadas para tratar tan profundo fondo. En ello estaba cuando decidieron terminar su última cerveza, pagar la cuenta y salir del local. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el camarero una vez cobradas las consumiciones y retirada su bien ganada propina, comentó para el resto de parroquianos que en la barra estábamos: “ahí van los dos, tan pinchos, y les he servido entre doce y quince cervezas por cabeza”. Me quedé boquiabierto y un poco bloqueado. No escandalizado, a partir de ciertas edades quién no se ha pasado en más de una ocasión de la raya chateando con un buen amigo. Lo que realmente me sorprendió es la capacidad que tenemos los hombres como especie, da igual el género masculino o femenino, para abstraernos de la realidad, para generar un mundo a parte, para sacar de dentro pensamientos íntimos en momentos donde nuestra capacidad de raciocinio se ve al menos un tanto mermada por los efectos del alcohol. Viernes 15,30 h, antesala de unas vacaciones, o cuanto menos el inicio de un fin de semana, en su estado imposible a todas luces para volver a trabajar, y aquellos dos ejecutivos agresivos de la zona centro, llevaban cuanto menos una hora u hora y media gastando saliva, dinero y tiempo, en una borrachera que les llevo a terminar hablando muy educádamente de la frontera entre lo material y lo espiritual.

Pagué y salí yo también de vuelta a la oficina. Mientras que deshacía el camino para volver no dejé de darle vueltas a la cabeza. Mi estupor seguía presente e intentaba crear un racional que me ayudara a entender lo que había visto. Insisto, no me escandalizó, no me parece mal tomar cervezas, chatear unos vinos, beber más de la cuenta nos ha ocurrido a muchos en más de una ocasión. Lo que me seguía llamando la atención, lo que todavía ahora me llama la atención fue la estética de la situación. Quizás el día, el momento, y la sensación de que yo mismo estaba rellenando un tiempo mal aprovechado, me hicieron pensar en lo absurdo de lo que presencié. Creo que lo que se espera del estereotipo de un borracho, es que sea faltón, grosero, incluso en ocasiones molesto por pesado y pendenciero. Pero he de reconocer que los dos “yuppies” fuera de contexto, transcendentes y borrachos rompieron dentro de mi algún esquema o estereotipo que todavía no he sido capaz de recomponer.