
El viaje a ninguna parte es una novela de Fernando Fernán Gómez publicada en 1985. En ella relata la historia de una pequeña compañía de teatro, la compañía Iniesta-Galván, desde el comienzo del franquismo hasta que las primeras pantallas de cine casi acaban por completo con este tipo de actores y actrices que recorrían la España de la post guerra de pueblo en pueblo, y por un mísero salario que apenas si llegaba para pagar comida, alojamiento y poco más.
No voy a escribir sobre la novela, ni sobre la película que después dirigió el mismo escritor, y que en 1986 recibió tres Goyas: Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Original. Nada podría aportar sobre lo ya escrito y lo único que os puedo recomendar es que leáis el libro, o en su defecto veáis la película, porque en ambos casos vais a pasar un rato agradable, y seguro que disfrutareis muchísimo tanto de una como de otra.
Si es verdad que el argumento de la novela, una troupe de actores viajando sin rumbo fijo, de pueblo en pueblo, de representación en representación, viviendo al día, con sus miserias, con sus alegrías, desgajándose con el paso del tiempo, separándose, y buscando al final nuevos horizontes, nuevos caminos que les llevara hasta la felicidad tan ansiada, puede servir de metáfora para explicar el otro viaje a ninguna parte, el viaje sin final cierto al que yo me quiero referir.
Es un viaje común entre muchos de nosotros, en algunos casos se trata de toda la vida, en otros son etapas que vivimos sin rumbo fijo, sin saber el porque iniciamos el camino y sin conocer el destino final. Da igual que se trate de nuestra vida privada o profesional, en ocasiones inseparables la una de la otra, iniciamos la andadura sin conocer donde terminaremos, sin pararnos a pensar donde nos lleva. Algunas veces el propio transcurrir de los acontecimientos nos pone en marcha, otras de forma voluntaria tomamos la decisión de acometerlo sin muchos análisis previos, sin grandes motivos ni razones. Quizás sea el libre albedrío del ser humano el que nos pone ante la tesitura de tomar la decisión, quizás sea la propia inconsciencia de nuestro género quien nos impulsa a ello, quizás detrás de la decisión tan sólo exista un porque no hacerlo. Otras veces es la necesidad de un cambio, la ilusión por dar un vuelco a la vida, la frustración por lo que tienes, la necesidad de mejorar, el ansia por conseguir alguno de nuestros sueños. Con motivo o sin él iniciamos la senda, nos adentramos en el camino e iniciamos el viaje.
Yo no seré quien desaconseje el realizarlo, yo mismo he iniciado mi propio viaje a ninguna parte, está siendo duro, esta costando un alto precio de esfuerzo, de desilusión en muchos momentos, esta siendo incierto y en muchos tramos difícil de seguir adelante. Cierto es que más complicado es parar, desistir en el intento y dar marcha atrás. Iniciar otros recorridos entraña mayor dificultad, cuando te inicias en él la capacidad de variar el sentido es aun menor. No sé donde me lleva, no sé donde ha de terminar, cada día recorro una parte, hay días que avanzo más y otros muy poco, casi nada e incluso llego a pensar que deshago camino y vuelvo a pasajes por los que ya había pasado. Decidí empezarlo de forma consciente y voluntaria, buscaba una mejora, buscaba un futuro, buscaba llegar a ser el dueño de mi destino. En los primeros pasos se truncó, derivó la dirección y sin saberlo inicié un nuevo tramo desconocido. Ahora mismo no sé por donde camino, no sé a donde me lleva, y lo peor no sé si será un viaje que nunca termine. No desisto diariamente de mirar al horizonte y buscar su final, no desisto en avanzar, en limpiar la senda de matojos que finalmente me enseñen las siguientes estaciones del mismo. No es fácil y peor aun si has de realizarlo sin compañía, sólo cada día intento cumplir cada etapa. Quizás nunca lo termine, o a lo mejor cualquier día sin darme cuenta se interrumpirá y habré alcanzado el final del trayecto. Si esto ocurre tendré que corregir el título de hoy y cambiarlo, no sería justo que habiendo alcanzado la meta, mi viaje a ninguna parte se quedará sin su final.





