domingo, 29 de agosto de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

Mi vida es puro Facebook. (Antonio Martínez Beneyto)


Mi vida es puro Facebook. Cuando encuentro novio, y la verdad es que últimamente me cuesta poco, lo primero que hago es poner una foto de él para que mis cientos de amigos de la red puedan conocerlo. Si voy a una fiesta fashion hago decenas de fotos con mi blackberry y las cuelgo. Mis viajes, mis reuniones familiares. Utilizo todas las aplicaciones posibles: el hada mágica, la carta del Tarot, Farmville, horóscopo, en qué país deberías vivir, que famoso es tu pareja perfecta, entre otras quinientas.

Si quiero leer un libro, encuentro la mejor de las recomendaciones. Si quiero ir a una discoteca, puedo conseguir hasta entradas gratuitas. Oferta de viajes, de restaurantes, hoteles y spas.

Estoy al día de la vida de mis amigos y amigas, así como la de todos los famosos de los que soy fan acérrima. Si tienen niños, si se casan o separan, si tienen perro o gato. Es fantástico, vives tu vida, la de los vecinos y la de miles de personas.

Por las mañanas, cuelgo mis pensamientos y mis comentarios, y después paso a buscar novedades entre mis amistades. Por la tarde, enciendo el “Sálvame” y comento todo lo que dice la Esteban desde una perspectiva sarcástica. A mis amigos les encanta. Me puse un icono de esos que es una mano con el pulgar levantado hacia arriba y que debajo pone “me gusta” y la verdad, y no quiero presumir, pero que todos los días, excepto el domingo que no está el programa, puedo recibir una media de unos cincuenta “me gusta”.

Las siete noches de la semana las dedico a navegar, me dejo llevar y voy rejuveneciendo mi cantera de contactos. Además, hay algunos chicos y chicas que ponen fotos muy picantes. Lo que os decía, es un lujo. La vida de gente de todos los países, ahí puesta para que tu la puedas conocer.

Hay personas, a las que no conoces nada más que de enviarte comentarios, que tienen un nivel impresionante. Unas casas, cochazos, fotografías de países maravillosos. Parecen casi más anuncios que la realidad en la que vivo. Fijaos, lo que os voy a contar, entré en contacto con un ruso que me pagaba el viaje a su país y me ofrecía trabajo como modelo. ¡Qué simpático! Pero me dio un poco de vergüenza. Además, con el trabajo que me da el Facebok; el tiempo que necesito para mandarles correos a mis contactos; las horas que paso buscando nuevas amistades; utilizando las aplicaciones; viendo fotos de los demás, que ya no me queda minutos en el día para nada más. Incluso decidí dejar el trabajo para poder ser una buena anfitriona de la red. Es que mi vida es puro Facebook.

domingo, 15 de agosto de 2010

La cásida de la princesa. (Antomio Martínez Beneyto)


Ni triste, ni leches. Esta princesa jacarandosa disfruta de sus vacaciones en su playa privada. No sufre porque derrocha dinero, amistad y belleza. Aletargada por el calor se deja mecer en la orilla por las olas. Mediterráneo forjado en miles de culturas; esculpido a base de cruentas batallas; recordado en innumerables obras de arte.
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Siete guardianes como los siete arcángeles del Corán la guardan a buen recaudo. Para su padre ella es su mejor tesoro. La educó a medio camino entre Oriente y Occidente; consiguió conformar en ella un gusto refinado por las bellas Artes; la alentó para que desde corta edad descubriera los beneficios de la competición deportiva.
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Ni triste, ni leches. Esta princesa disfruta de cada uno de los segundos que Alá le proporciona. Un verano de descanso después de terminar su carrera en “la Sorbona”. Acompañada de amigos y amigas que gozan de la hospitalidad del jeque. Fiestas, yates, cenas y paseo a lomos de puras sangres árabes traídos, entre algodones, a nuestro país. Días interminables de compras, noches agotadoras en las mejores discotecas de la costa.
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Ni triste, ni leches. Esta princesa jolgoriosa disfruta en la playa privada con los sables de sus guardaespaldas. La hacen sentir plena en continua comunión con la naturaleza. Goza, llora de placer, siente tocar el cielo con cada uno de los poros de su cuerpo. Ellos vuelcan toda su energía en servirla y en disfrutar. Tocar, mirar, compartir, sentir.
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Ahora si está triste la princesa. El verano murió partido por un rayo. El jeque se enteró de los juegos playeros de su primogénita. Se acabaron las compras, las fiestas y los paseos en barco. Los siete sables descansan desinflados sobre la arena. Ella volvió a su país cubierta de una mazmorra textil de color negro dispuesta a entrar en una habitación en palacio bajo la promesa paterna de que no volvería a salir.
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Pero que leches. La princesa se recuperará de la tristeza, su padre le volverá a otorgar la gracia de su libertad, y encontrará otros siete guardianes con los que jugará en alguna playa privada bañada por el Mediterráneo.
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sábado, 14 de agosto de 2010

Señor: ¡Ya que me has quitado las fuerzas, quítame las ganas!



Este es el epílogo de un chiste que me contaron hace algunos años y que me hizo mucha gracia. Lo recuerdo en infinidad de ocasiones. El lamento de un viejecito decrépito que alzaba su voz al cielo y se quejaba ante Dios solicitando justicia divina. Reclamaba que se diera el equilibrio justo entre la falta de fuerzas entre su ya ajado cuerpo y el desenfreno de una lívido que no se había visto reducida, si no muy al contrario aumentada y multiplicada hasta el infinito.
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Pues este es mi ruego en estas fechas. Ya que me has quitado las fuerzas, quítame las ganas. Y no hablo de sexo, el pudor y la vergüenza me impediría siempre hablar de mis más íntimos instintos y sentimientos. Como en el mes de febrero, cuando compartí ya una queja por la falta de inspiración que entonces me invadía, llevo mucho tiempo sin ser capaz de hilvanar cuatro palabras seguidas con cierto sentido y criterio. Estoy sin fuerzas, pero con muchas ganas de sentarme a escribir, de contar alguna cosa de cierto interés, de participar en el torrente creativo que envidio de ciertos amigos con una capacidad ilimitada y diaria de crear y regalarnos sus relatos para nuestro deleite y disfrute personal. Estoy más seco que las uvas pasas.
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Esta tarde me he hecho el firme propósito de terminar aunque sea un mal escrito para vencer la pereza, para triunfar sobre la desidia, para forzar el engranaje neuronal y terminar por vomitar algo para subir al blog y no dejarlo morir por inanición. He preparado un ambiente idílico de escritor trasnochado. A mi lado tengo el tabaco, un romanticismo mal entendido siempre me ha hecho relacionar los grandes escritos con montañas de colillas de cigarros consumidos en el desenfreno de la escritura; un gin tonic, el alcohol otro componente intrínseco de las grandes figuras literarias imaginadas e idolatradas en el mundo de mis fantasías, música de fondo, y el más cómodo de los desaliños en las vestiduras. Si esto no es provocar y llamar desesperadamente a las puertas del burdel de las musas, poco o nada me queda ya por inventar. Lo peor de todo es que terminaré la tarde con un tremendo dolor de cabeza producido por el exceso del tabaco, el alcohol y la desesperación por no estar conforme con nada de lo que escriba, y algo parecido a una insatisfacción y frustración tremenda por no ser capaz de aportar nada mejor de lo que aquí resulte al mundo de la creación literaria.
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He forzado todos los mecanismos que de vez en vez utilizo para encender el relé capaz de forzar el circuito de la inspiración. He buscado titulares en la prensa del día, he leído a columnistas que admiro por sus estilos y contenidos, por cierto José Luis Alvite lleva una racha suprema en sus artículos diarios, he rebuscado libros ya exprimidos con anterioridad, he buscado algún título provocador de novelas ya leídas, llevo tiempo dando vueltas a uno especialmente que seguramente en otros momentos provocaría un torrente de sensaciones y sentimientos para compartir “ Tu nombre envenena mis sueños” para mi la mejor novela de Joaquín Leguina, he leído algún poema y rebuscado en las letras de los boleros, estos últimos una fuente brutal cuando intento escribir sobre historias de vida, amor y muerte, y como resultado final nada de nada.
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Ya voy por el segundo trago largo, el cenicero empieza a rebosar de cigarros consumidos y la tarde promete más en términos de aciaga borrachera que en eclosión del torrente creativo. De aquí a un rato termino tarareando “La Paloma” versión Dean Martin, con una colilla a medio consumir entre mis labios, el vaso vacío en una de mis manos, brazos en alto y bamboleando mi maltrecho cuerpo al son de la melodía imaginaria en una mala imitación del peor Elvis en el final de su carrera. Imagen dantesca para mis hijos en particular y para el mundo en general.
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Y lo peor de todo es que ya no se encuentra en las farmacias Optalidon, droga legal con componentes anfetamínicos que se vendía hace unos años, quizás ya muchos años, que era mano de santo para eliminar los tremendos dolores de cabeza además de provocar seguro que la muerte por colapso de más de una ancianita de los años setenta enganchadas cual yonkis a esta purga de Benito.
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La tarde sucumbe, el tiempo se agota, y una vez más en estas últimas semanas el ejercicio creativo ha quedado en nada. Y de nada sirve seguir delante de la pantalla del ordenador, agotar la botella de ginebra, y terminar con el paquete de tabaco. Un día más la “Big Idea” que dirían los flemáticos británicos no ha hecho acto de presencia. Una tarde más de otro fin de semana la puerta a la imaginación, a la inspiración, se ha mantenido cerrada a cal y canto. Es tiempo de cerrar y esperar a mejores momentos, quizás mañana, quizás esta noche entre los inquietos y turbulentos sueños provocados por la ingesta del alcohol aparecerá esa hebra del hilo invisible de la túnica de alguna de las musas hijas de Zeus, y de él haré el ovillo necesario para culminar al fin algo digno de compartir con mis pocos y fieles vecinos de esta nuestra Cambra.
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Country roads John Denver Almost Heaven West Virginia Parkersburg WV

domingo, 8 de agosto de 2010

El Dragón Dorado. (Belén Martínez Macias)



Este cuento que a continuación vais a leer no es una creación mía. Belén nos vuelve a regalar uno de sus relatos cortos. Creo que las vacaciones de verano dan para poder hacer muchas cosas. No todo es piscina, bicicleta, dormir hasta tarde, comer como una verdadera lima, leer , ver la televisión y jugar con su hermano. Ha encontrado tiempo para escribir, y aunque empieza mil y un relato, pocos son los que termina y de esos, ha elegido este para que se lo suba al blog. Qué menos puedo hacer. En el fondo estoy encantado, he de reconocerlo, y me gustaría que no perdiera esta afición nunca. Mantener por el resto de su vida la ilusión por crear algo nuevo, dejar volar la imaginación y visitar países de dragones y princesas, será seguro un buen pasaporte para alcanzar momentos de felicidad y bien estar en un futuro. Espero que os guste, que seáís benévolos con ella, y que ma ayudéis a mantener viva su afición por la lectura preámbulo y condición indespensable para continuar haciendo pinitos en esto de la escritura.

Era se una vez en un mundo lejano y maravilloso donde vivian los animales más majestuosos y poderosos que se pueda imaginar se escribió una historia, esta historia trataba sobre un dragón, el rey de los reyes, el dragón Dorado.
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Esta historia comienza con un guerrero, pero no un guerrero cualquiera, el era el general de las tropas aéreas de la nación del rey. El general se entrenaba todos los días y cuando luchaba, luchaba por su pueblo. El general era el guerrero mas querido por el pueblo y también por la hija del rey, Elísabeth.
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Por cada batalla ganada el rey organizaba una fiesta en el palacio. En este caso nuestro guerrero y sus tropas habían conseguido restaurar la paz en el pueblo de los Phenixes. Así que todos y cada uno de ellos fueron invitados a un gran banquete en el palacio. Al final de aquella velada el general Dorado (así era como le apodaban por su color en su forma de dragón), cogió a su enamorada de la mano, la sacó de la sala, se inclino y sacó de su bota un anillo con un diamante en el medio, y la dijo:


-Elisabeth amor mío, ya no podemos estar juntos como novios, no te asustes. Pero si quieres podemos estar juntos como esposos.


La princesa Elisabeth le respondió con rapidez:


-Oh, Dorado querido mío tu sabes que te quiero, pero eso no es cosa mía es de mi padre.
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A la mañana siguiente Dorado se levantó muy temprano dispuesto a pedir la mano en matrimonio a la hija del rey. Así que desplegó sus alas de dragón y se fue volando de su modesta casa al enorme castillo. Una vez allí, Dorado corrió hasta la sala del trono y le pidió al rey la mano en matrimonio de su hija. El rey accedió encantado y la boda se celebro a los pocos días.
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Los meses fueron pasando y a la vez el rey fue enfermando, hasta que un triste día de invierno la nación del rey (también conocida como la nación reinada) se tiño de negro, el rey había fallecido.
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A los pocos días la nación reinada volvió a ser la misma nación feliz que siempre había sido, por dos razones: la primera razón fue porque dorado fue coronado rey (la princesa Elisabeth no pudo ser coronada ni obtener la fortuna porque era una dama) y la segunda razón fue que Elisabeth dio 3 preciosos hijos al rey Dorado, a los cuales llamaron Alejandra, Siniestra y Pablo.
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