domingo, 7 de junio de 2009

La Esencia del Amor (II)


Esta semana pasada, el martes por la mañana, recibí a través de un email el vídeo que está publicado con anterioridad. El asunto del mismo era precisamente el título con el que he publicado el vídeo y que encabeza este escrito como segunda parte. En el cuerpo del email, me pedían que dedicara cinco minutos a su visionado, que merecía la pena, y después con toda la buena voluntad del mundo me deseaban que pasara un buen día. Pues bien, al final ocurrió todo lo contrario. Efectivamente le dediqué esos cinco minutos para ver la historia que allí nos cuentan, pero ya fue imposible pasar un buen día, más bien os digo que ha sido imposible pasar una buena semana, y creo sinceramente que va a ser muy difícil olvidarme de esta historia y alejarla de mi durante mucho tiempo. Cuando terminé de ver el vídeo sentí que dentro de mí se había removido hasta lo más profundo. Los que me conocéis personalmente sabéis que soy de lágrima fácil, y el esfuerzo que tuve que realizar para no dejar que un torrente de lágrimas brotaran de mis ojos fue realmente titánico. Desde el martes lo he visto varias veces, un sin fin de ellas, cada vez me impresiona más y no por repetir el visionado dejo de sentirme zarandeado en lo más profundo de mi ser.
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Quiero huir de los tópicos, no quiero dibujar con palabras sentimientos estereotipados, no quiero aparentar ser blando, ñoño, ni incluso fútil. Esto que en el vídeo hemos visto ya varios miles de personas, o cientos de miles, es importante en si mismo, es impresionante, es una lección de vida, es como decía el asunto del email, la esencia del AMOR, pero amor con mayúsculas. Descubrir de forma fortuita que existen en la vida historias como ésta hace que me estremezca, cuantas hay similares y tan ajenas a nuestras vidas, tan ajenas a nuestras estúpidas y banales vidas. Que lejos estamos de lo realmente importante, que fácil es quejarnos de todo y por todo, que estúpido me he sentido desde el martes, me siento hoy, y seguramente me sentiré durante espero mucho tiempo. Que me jodan, que nos jodan a todos, si mañana cuando lleguemos al trabajo alguien nos pone mala cara, si las cosas se tuercen durante la jornada, si llueve o si hace calor, si la familia te hace una faena, si tu hij@ ha suspendido y tiene que repetir, si el coche está viejo o estropeado, si alguien te la hace en la carretera, si tus planes de vacaciones se han estropeado por no se cuales razones, si tu equipo de fútbol no ha ganado la liga, o ha ganado tu eterno rival, si te duele un pie, un codo o una muela, si ya no ves bien al leer el periódico cada mañana, si el banco se ha confundido y ha pagado un recibo que no debía, si te sale a pagar en la declaración de la renta, si la crisis te ha tocado de refilón, o de lleno que más da, si la bolsa baja y pierdes tus ahorros, si todo te sale mal, e incluso rematadamente mal. Que nos jodan a todos, uno detrás de otro y sin compasión. No hay derecho, no tengo derecho, no tenemos derecho a levantar la más mínima de las quejas, a sentirnos mal, a compadecernos de nosotros mismos, a lamentarnos, llorar, gritar, protestar y maldecir de forma fraudulenta por nuestras miserias. Sólo son eso, nuestras miserias, nada que no podamos solucionar, pequeños disgustos, pequeñas frustraciones, problemas ficticios, inconvenientes de un día a día que vivimos de forma regalada.
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No sé si estoy más impresionado que dolido, indignado conmigo mismo, por mi forma de vivir, por mis absurdas quejas diarias, por mis pueriles lamentos. Lo tenemos todo y todo nos parece siempre poco, nada de lo que hemos conseguido valoramos en su justa medida, somos incapaces de disfrutar de todo ello, siempre hay algo más que nos falta, siempre hay algo más que deseamos, siempre hay algo que buscamos y deseamos para completar nuestra felicidad. Estamos tontos, no tenemos derecho al lamento, debemos cambiar nuestras escalas de valores, yo el primero, debemos disfrutar de todo lo que la vida nos ha dado, debemos valorar las cosas insignificantes, cada mínimo detalle, debemos apreciar todo lo que encontramos a nuestro paso. He escrito más veces sobre esto, sobre lo que cada día nos regalan y no sabemos recoger, de lo que realmente tenemos, de nuestra suerte infinita, de lo poco o nada que somos capaces de disfrutar.
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Sinceramente creo que ha llegado el momento de cambiar, de no pensar en el "yo", de pensar, sentir y vivir en el "vosotros", en el "ellos". Creo que en el vídeo hemos descubierto un modelo de vida, hemos descubierto el verdadero amor, la entrega por los demás, pero nos lo enseñan desde la virtud, desde la esperanza, desde el valor, incluso desde la alegría en la desesperación. Que pobres somos, y que rica es esta mujer que nada tiene, pero que a diferencia de todos nosotros, tiene la capacidad de amar y de amar sin límites, sin egoísmo, sin pedir nada a cambio, y que se siente cobrada con una sonrisa, una caricia, un beso, una mirada. Ella es rica, la más rica de este mundo, y nosotros tan pobres a su lado, tan miserables y pordioseros. Desde el martes siento envidia de ella por lo poco que tengo, por carecer de lo que ella es dueña, y porque nunca en mi vida estaré ni cerca de alcanzar una mínima parte de esa capacidad de amar que ella derrocha cada segundo de su existencia.
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Quiero dar las gracias expresamente a la persona que quiso compartir esta historia de amor conmigo, agradecido por su petición de que dedicara cinco minutos de mi vida a conocer el amor de verdad, agradecido porque removió lo más profundo de mi ser y porque una vez más con un pequeño gesto consiguió poner en su justo valor lo que realmente es importante en nuestras vidas.
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sábado, 6 de junio de 2009