sábado, 19 de enero de 2013

Tarde no es, y prisa no tengo




Tan sólo dos días han pasado de mi quincuagésimo aniversario y como viene ocurriendo cada año desde hace cuatro, acudo a esta cita pública para compartir nuevos sentimientos y sensaciones ligados íntimamente a mi ser.
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Dice José Saramago en su poema:

“..Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
Pues llevo conmigo la experiencia adquirida,
Y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo?
Eso ¿A quién le importa?
¡Tengo los años necesarios para perder el miedo,
Y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuantos años tengo
O cuantos espero, si con los años que tengo,
¡Aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!”
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Cuando uno alcanza una edad que sobrepasa suficientemente la mitad de su vida, cuando el almanaque se reduce camino de esa última hoja que a todos nos espera, cuando acumulas ya más primaveras de las que te esperan, empiezas a sentir un colisión de sentimientos que zarandea todo los cimientos de tu ser.
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Hace tiempo ya que las dudas se convirtieron en certezas, que los sueños quedaron maltrechos en su mayoría por el camino de la vida, que los anhelos se convirtieron en realidades y que las más de las ilusiones se truncaron sin ser alcanzadas.
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Hace tiempo ya que derramé lágrimas prematuras de dolor por los que se fueron, que herí mi alma con heridas incurables, que la soledad por las ausencias queridas me acompaña.
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Tarde no es y prisa no tengo para andar el último trecho, sin miedos, con el equipaje justo, con la libertad necesaria de elegir sólo aquello que quiero.
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No es tarde aún para tomar de la vida lo mejor que me ofrezca y prisa no tengo para terminar de saborear lo bueno que ya tengo.
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Tarde no es para cumplir alguna esquiva quimera, y prisa no tengo para agotar la ilusión que aún mantengo.
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Tarde no es para seguir viviendo, y prisa no tengo para terminar muriendo.
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