sábado, 1 de octubre de 2011

Laura


Al igual que hace un poco más de dos años hice con tu hermana, hoy te dedico esta entrada a ti para darte la bienvenida a la mayoría de edad. Ayer fue tu decimo octavo cumpleaños, ese día tan especial que todos esperamos, el día en que oficialmente dejamos de ser menores para de golpe y porrazo entrar en el mundo de los adultos. Es una fecha que nunca olvidamos, es un día que deseamos alcanzar con todas nuestras fuerzas desde la incipiente adolescencia y que después nos pasamos más de la mitad del resto de nuestras vidas añorando. Mi querida sobrina Laura, bienvenida al mundo de los mayores.
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Quizás tu tío el gruñón, el tío serio y siempre preocupado, el que de vez en cuando te ha abroncado y regañado, el que te ha dado más de una charla por todo o por nada, no te ha dicho lo suficiente lo mucho que te quiere. Hoy es un buen momento para ello, y lo hago de forma y manera pública, orgulloso y feliz por la fortuna que tengo de que seas mi sobrina.

Este es mi regalo más sentido, un regalo inmaterial, un regalo que nace desde lo más profundo de mi corazón, un regalo especial para una ya señorita muy especial. Son muchos los sentimientos que se agolpan en mi cuando te escribo estas líneas, muchos los recuerdos que vienen en aluvión a mi cabeza mientras redacto esta felicitación.

Quiero que siempre tengas presente que por muy mayor que te hagas, y te harás muy mayor, siempre serás nuestra niña, nunca estarás sola, siempre tendrás la compañía de alguno de nosotros. Tú sabes porque te lo digo, sé que desde hace ya más de cinco años te has sentido sola en muchos momentos, no has querido compartir tu dolor y con una falsa coraza nos has querido demostrar que todo estaba bien, que todo estaba bajo tu control y que nada te afectaba. Pues bien, todos sabemos que no es así, y lo único que te pido es que igual que has compartido generosamente tus alegrías compartas tus peores momentos y te apoyes en tu familia como hemos hecho cada uno de nosotros.

Hoy que ya eres mayor de edad quiero contarte un par de cosas como cuando eras aún una niña. Quiero pedirte que seas inmensamente feliz en tu vida, que vivas siempre orgullosa de ser quien eres, que en tus recuerdos mantengas siempre vivo a Papa, como lo hacemos todos, que le sientas siempre muy presente en tu vida y entre todos nosotros. Yo lo hago cada día, cuando estoy sólo, cuando nos reunimos todos, cuando coincido con sus antiguos compañeros, con sus amigos, cuando todos lo recuerdan, cuando todos y cada uno de ellos me hablan de él como una de las mejores personas que hayan conocido y de lo importante que fue en sus vidas. Quiero que tengas siempre contigo a Papa desde el amor, el cariño y la alegría. Hazme caso, soy más viejo que tú y sé que así te sentirás siempre mejor, siéntete orgullosa de él y estarás orgullosa de ti misma. Quiero también que ese orgullo y con más razón, lo sientas por Mama. No sabes la suerte que tienes, tu madre es una de las mujeres más maravillosas que nunca he conocido, es valiente y luchadora. Desde que Papa no está ha tenido toda la responsabilidad vuestra sobre sus espaldas, os protege, cuida y quiere y además lo hace por Papa y por ella misma. Os ha mantenido a nuestro lado, cerca de nosotros, ha renunciado a mucho para que pudiéramos seguir todos juntos a pesar de todo. Tú no te imaginas como la respeto y como la admiro, no sabes como la queremos todos y lo importante que ha sido, es y será siempre en la familia.

Corazón como no podía ser de otra manera tu tío te ha vuelto a dar una perorata, pero lo más importante de hoy es que tú ya no eres una niña, que todos estos años que ya has vivido te han ido formando para pasar la primera frontera importante de tu vida, que todavía tienes mucho que avanzar, explorar, sentir, y experimentar, que estas dando tus primeros pasos y que tendrás un largo camino por delante por recorrer. Lo más importante de hoy es que ya te has convertido en una mujer maravillosa, que diez y ocho años no son nada y que te esperan muchos años de felicidad por vivir.

Felicidades Laura, bienvenida al mundo de los mayores, te has ganado tu sitio y tu derecho a estar entre los adultos, y por cierto ya no te tendrás que sentarte en la mesa de los enanos en las celebraciones familiares, el testigo se lo pasas a Belén, ahora le toca a ella pelear con los más chicos y ejercer de la mayor de los pequeños.

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