sábado, 18 de agosto de 2012

Desavíos.




De vuelta de vacaciones y de vuelta al blog. Llevo un año un poco perezoso con la escritura y reconozco que me prodigo poco por esta Cambra, en comparación a años anteriores mis presencias son minoritarias y reconozco que algo de sentimiento de culpa me invade. He prometido en entradas anteriores ser más constante en la cita y no dejarme arrastrar por las sensaciones de vagancia y abandono que en estos meses me han acompañado casi semana tras semana. En poco más de un par de días inicio mi nuevo curso profesional, y aunque estoy seguro que será aún más duro y complicado de lo vivido hasta las vacaciones buscaré los momentos de intimidad suficientes para sentarme en el ordenador y alimentar este paupérrimo blog.
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Desconectar unos días ha sido una terapia necesaria, las fuerzas estaban al límite y descansar es una obligación. Reconozco que mis vacaciones no son nada emocionantes, me dedico a la holganza más absoluta, a leer, pasear por la playa, comer y beber. Me olvido de todo lo que con trabajo tiene que ver y dedico un tiempo que en el resto del año no tengo para estar con mis hijos y comprobar todo lo bueno que me pierdo cada día, redescubro personitas ya muy capaces de ser independientes, autónomos en más cosas de las que puedo pensar o adivinar, y me sorprendo con reacciones, acciones, deseos, pensamientos y conversaciones que me regalan a cada momento y que por mi torpeza he perdido durante mucho tiempo.
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Muy al contrario de lo que le puede ocurrir a la mayoría de la gente, estos días para mi son especialmente sentidos, son una necesidad que año tras año recupero para ver como ellos se hacen mayores y como a la vez me hacen más mayor e innecesario en sus vidas. De aquí a nada la añoranza por estos tiempos será grande y en el baúl de mis recuerdos estos veranos tendrán un espacio muy especial.
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Me alejo del motivo de la entrada, la falta de costumbre y mi facilidad para irme por las ramas me desviaban del comentario original. Algunos de vosotros sabéis que reparto mis vacaciones entre Andalucía e Ibiza, este último destino lo exploto cuando el mono de ver a mi hermano y su familia me domina, y echándole un rostro impresionante me planto en su casa para disfrutar de unos días a su lado, además económicamente es una ventaja para mi, no creo que tanto para él, y desde luego un destino de vacaciones nada despreciable. Este año no he querido abusar y me refugié durante casi dos semanas en una playa andaluza que ya he visitado en otras ocasiones. El destino es lo de menos, lo importante es asegurar el sol y buen trato en el hotel y no hacer más allá de lo que el cuerpo pida en cada momento.
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En uno de mis paseos diarios, reconozco que no soy animal de playa y me aburre solemnemente estar tumbado al sol en la arena dejando pasar las horas, me tope con una tienda parecida a la que en la foto aparece y que ilustra este relato. La foto no se corresponde con la que yo descubrí, pero buscando en Internet encontré esta que sirve para ilustrar mi reflexión. Una tienda de Desavíos. Genial. Es lo más cercano a un colmado o tienda de ultramarinos que por estos lares conocemos. Pero lo que me llamó poderosamente la atención era la referencia al desavío en si mismo. Allí encontrabas un poco de todo: algo de pescado, fruta, verduras, productos de limpieza, algún que otro para la playa, embutidos o cualquier otra cosa que pudieses imaginar. El local más bien pequeño y los precios seguro que algo más caros que en los famosos híper o supermercados. Pero el mayor valor de este establecimiento, como muchos otros que existen en el sur de nuestro país, es que te solucionan un desavío, y tal cual te lo anuncian. Pensé en lo que este sencillo término puede encerrar en si mismo, pregunté a gente más integrada en la vida andaluza y la explicación fue contundente. ¿Quién no tiene un desavío cada día? Nos pasa a todos, especialmente al ama de casa cuando más necesita de algo y se encuentra que no tiene en casa precisamente aquello que es imprescindible en el momento y nadie había echado cuenta de que no quedaba. Tan sencillo como intentar hacer un arroz para comer y descubrir que no tienes el ingrediente imprescindible, vaya desavío. La solución es fácil, uno se va a la calle y encuentra su tienda donde le van a solucionar este y cualquier otro tipo de desavío que tenga.
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Seguramente sea un poco ridículo el impacto que sufrí con el descubrimiento. Quizás las neuronas las tendría desechas por el calor, pero me llamó la atención de forma tan poderosa que no podía dejar de hablar sobre ello. Hay situaciones, hay cosas en la vida que son así de simples, cualquiera puede tener un desavío y en Andalucía saben como y donde se lo solucionan. No hay que hacer marketing, ni tener una gran tienda, ni que la oferta sobrepase con creces todas nuestras necesidades, existen tiendas para los desavíos y así te lo anuncian. No le des más vueltas, me dije, lo sencillo es siempre más contundente, lo fácil no lo debemos complicar, tiene todo el sentido del mundo, estás en la playa, en tu apartamento, tienes una necesidad básica y encuentras una solución de forma inmediata. Ya me gustaría a mí que en mí día a día mis desavíos los pudiese solucionar con cruzar la calle y encontrar ese establecimiento fiel que siempre está abierto y te ofrece justo lo que necesitas.
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En nuestra sociedad actual descubrir que hay solución para casi todo es un seguro para la tranquilidad de uno, a lo mejor mi futuro pasa por ser uno de los que ofrecen estas posibilidades a los desavíos de los demás, y porque no en una tierra donde el sol y el buen clima está garantizado y donde lo fácil y sencillo continua siendo fácil y sencillo, pues eso.
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