sábado, 2 de junio de 2012

Todo hombre es como la luna: tiene una cara oscura que a nadie enseña.




No lo digo yo, aunque no pueda estar más de acuerdo. La cita una vez más es robada a un gran personaje, son frases que lees y se quedan dentro de ti por explicitas y contundentes. Hace ya tiempo, en una noche sin derecho al descanso y regañado con el sueño, se la birle a Mark Twain y con ella llevo tiempo buscando el momento de utilizarla como excusa o pretexto para escribir.
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Tengo la certeza que así es, no he conocido a nadie en mi vida que no tenga guardado para si una colección entera de secretos que nunca ha de compartir. Yo mismo y en primera persona reconozco que tengo esa cara oscura que procuro esconder, esos cráteres que nadie conoce y que se mantienen lejos de la luz y ajenos a la vista de los demás. Es el Yo contrapuesto, el que equilibra mi personalidad, el yo más íntimo y personal. No tiene porque ser funesto, negro o doloroso. Tampoco es simple, ligero ni intrascendente. Es el conjunto de todo aquello que guardas en las habitaciones más recónditas de tu alma: sentimientos o vivencias, recuerdos o ilusiones, sueños rotos hechos añicos con el paso del tiempo o ilusiones aún por hacerse realidad. Son amores inconfesables, fracasos sentimentales, fantasías innombrables. Son traumas de un pasado lejano, manías personales, pasiones, obsesiones o reacciones abortadas antes de que salgan a la luz.
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La parte de nosotros que a nadie enseñamos es tan nuestra o más que la parte que todo el mundo conoce y comparte. Una equilibra a la otra, es un conjunto global indivisible e inseparable. Como en un juego de seducción enseñamos sólo hasta donde queremos, insinuamos un ser para no mostrar el todo. No nos desnudamos de manera integral, nos tapamos con alguna prenda, dejamos intuir en algunas ocasiones que hay más de lo que mostramos, pero nunca nos quedamos en pelota picada a los ojos de los demás. Quizás nos da miedo el vacío que nos podría quedar si dejáramos a la claridad de la luz la parte más oscura de nuestro ser.
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Siento que las tinieblas crecen con el pasar de los años, que la parte oscura se agranda y que cuando está domina la totalidad de un ser acaba con la vida dejando que la oscuridad se manifieste en forma de muerte y ocaso total. La cara oscura que nadie conoce engulle con voracidad la luz de la vida, el conjunto de lo desconocido reina en la oscuridad. Aquello que ignoramos no existe, aquello que no existe es la nada, y la nada es el final o el principio de una nueva vida, allá cada cual.
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Creo que perdí el hilo y cogí el camino que no era. Seguro que es la falta de costumbre, la falta de pericia o simplemente el lado oscuro de mí ser que intenta gobernar desde la trastienda de mi mente la voluntad de mi escritura.
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Antes de ir a negro como ocurre en el mundo de la televisión, termino y pongo fin aquí, no vaya a ser por otro lado que sin ser consciente y a través de las entradas de este blog vaya alumbrando más de lo que quiero y debo.
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