domingo, 16 de enero de 2011

¿Qué cuantos años tengo?


Desde hace un par de años, cuando llega el día de mi cumpleaños vengo aquí para rendir pleitesía pública de mi onomástica. Mañana nuevamente incorporo a mi trayectoria vital un ciclo completo de 365 días. Van pasando los días, las semanas, los meses y los años, y aún continúo aquí entre todos vosotros. He de acreditar públicamente que no tengo ninguna intención de abandonar este mundo sin antes despedirme de muchos de los que considero han realizado más méritos que yo mismo para salir por la puerta que te invita al último viaje, el viaje sin retorno.
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No es que sea mayor, no siento que aún haya alcanzado la edad suficiente para que los que te rodean disculpen las estupideces que haces, piensas o dices, todo se andará, pero aún hoy soy el único responsable de mi idiotez, ya me gustaría encontrar un responsable subsidiario que avalase mis torpezas diarias, los errores que cada día cometo, las tonterías y bobadas que realizo a cada instante.

Hace justo un año y un día, cual sentencia penitenciaria, un alma anónima realizó un comentario al post que escribí en tan señalada fecha: "¿Qué cuantos años tengo? ¿Que importa eso? tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento...!!! Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo". No lo he olvidado en todos estos días, lo he tenido muy presente y me parece la mejor manera de afrontar el avance del calendario. Estoy convencido que alcanzada una edad lo que realmente es importante es todo aquello que molesta al resto del mundo que poco te importa, lo que muchos años has callado, tapado, ocultado, frenado, capado y enterrado dentro de ti mismo para no molestar, ofender, y disgustar a un ingente montón de personas que nada te aportan y nada te importan. Tengo la edad suficiente para querer ser feliz los años que me quedan, para querer alcanzar todo aquello que me queda por hacer. La edad suficiente para dar hasta el infinito a todos aquellos que realmente me importan, para amar y ser amado, para ser infinitamente generoso con los que quiero, para ser el más egoísta de los humanos contra aquellos que nada me ofrecen, para reír cada día, para disfrutar de cada instante, para emocionare a cada momento, para disfrutar y ser disfrutado, para enloquecer cada minuto con el don más hermoso que poseemos: la vida, un regalo que no valoramos, un presente que tiene su fecha de caducidad para todos nosotros.

Este año no hago balance, sé que he cometido muchos errores, pero también sé que he vivido y disfrutado de momentos muy especiales y mágicos. Soy afortunado, tengo mucho más de lo que merezco, voy perdiendo el miedo y hago mucho más cada día de lo que quiero y siento.

Una última cosa, como genéticamente pertenezco a una familia no demasiado longeva y para que no exista duda alguna: “Le tengo prohibido a mi cuerpo morir. De suceder tal eventualidad y por si fuera posible no dejarla impune, me gustaría que se supiera que fui desobedecido”.
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