sábado, 4 de diciembre de 2010

“Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que en ganarse la vida.” (Rousseau)


No lo he podido evitar, lo confieso, quería no escribir nada sobre lo que hemos vivido en este nuestro país durante las últimas 24 horas. Cuando me siento tan indignado como hoy lo estoy procuro alejar de mí la tentación de sentarme delante del ordenador y vomitar sin ningún tipo de freno mis peores sentimientos. He dejado avanzar las horas, poner distancia e intentar analizar desde todas las posibles perspectivas el conflicto de los controladores, el papel del gobierno, el sucio juego de la oposición, y sobre el resto de las cosas el sufrimiento de cientos de miles de ciudadanos que han sido raptados, mal tratados vilipendiados por la voluntad de unos pocos.

Estaba navegando, leyendo otro tipo de cosas para distraer la mala leche que he ido acumulando desde ayer por la tarde. Me he alejado de la prensa de hoy, y aunque ayer pase algunas horas siguiendo los acontecimientos por la televisión, radio y los medios electrónicos, esta mañana he decidido no seguir haciendo mala sangre en el laberinto de mis venas y arterias, y apenas si he visto un poco las noticias para actualizar la caótica situación que se ha producido por la voluntad de unos pocos privilegiados, egoístas, egocéntricos, insolidarios, chantajistas, mafiosos, e innobles ¿compatriotas? Pero debe ser el destino, o la casualidad, o que realmente lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, y en la travesía entretenida de esta tarde me he encontrado con un texto de Jean Jacques Rousseau, y en el texto una cita: “Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que en ganarse la vida”. Ha sido el detonante, la luz de la razón, el sentido a la explicación última del caos que se ha vivido en estas horas. Efectivamente la falta de nobleza lo produce siempre el dinero. Y el conflicto no tiene ningún otro matiz, aquí lo que se juega, lo que se persigue, no es otra cosa que defender unos ingresos, unos privilegios económicos al alcance de muy pocos que una vez que se alcanza nadie piensa en perder por mi pequeño que sea el sacrificio, o aún muy grande el absoluto que se puede mantener a pesar de la cesión. Que no nos confundan, todo lo que ha ocurrido es por mantener una nómina bruta anual que media los trescientos mil euros.

Es imposible justificar el papel de los controladores. No conozco en profundidad el Decreto Ley aprobado ayer en Consejo de Ministros y las consecuencias últimas para el colectivo; no se me escapa el doble juego del gobierno, aprobar tal medida el día del inicio del puente y sabiendo las posibles consecuencias que hemos vivido, sólo se explica si la intención por parte de quien toma la decisión es precisamente la que ha resultado; ya no me sorprende el hipócrita papel que juega siempre el partido mayoritario de la oposición; pero lo que tengo claro, lo que resulta indignante son las consecuencias de todo ello, y los únicos y máximos responsables son los primeros. Es infumable lo que se ha vivido en las últimas 24 horas, no se puede paralizar un país, no se puede bloquear las comunicaciones aéreas entre ciudades, entre países, entre continentes por los intereses crematísticos de unos pocos. No es sólo el daño a los cientos de miles de particulares afectados en primeras personas, no es sólo un problema de la imagen de nuestro país a nivel internacional, no es además la pérdida de cientos o miles de millones de euros derivados de tan indecente decisión, es todo ello sumado y es el daño irreparable que se hace a una sociedad que ya está harta de ser siempre la que paga lo peor en cada momento.

Es la primera vez en la historia de la democracia que un gobierno se ve obligado a declarar el estado de alarma, un régimen especial que se aplica para el restablecimiento de la normalidad de los poderes de una sociedad democrática. El gobierno amparándose en la Constitución puede declarar el estado de alarma en parte o en toda España cuando se produzcan los siguientes caos: catástrofes naturales, crisis sanitarias (epidemias...), desabastecimiento de productos de primera necesidad y la paralización de servicios públicos esenciales para la sociedad. Es una medida excepcional, difícil de valorar y aún más complicada de tomar, y al final se ha tenido que recurrir a ella por el chantaje de un reducido grupo de seres innobles. Jamás pensé que viviría una situación así y aún menos por un puñado de euros. Poderoso caballero es Don Dinero, un buen siervo y un mal amo.

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