domingo, 10 de octubre de 2010

Un paseo entre las nubes


Salir a pasear por la Sierra de Guadarrama es un placer que está al alcance de todos, no necesitas nada más que la voluntad de madrugar, un equipo muy básico de montaña, más o menos tres o cuatro horas desde que sales de casa, una buena compañía si no quieres ir sólo, un conocimiento básico de todas las rutas posibles y especialmente las ganas de disfrutar de un regalo de la naturaleza que muy poca gente sabe y quiere apreciar.

Sé que soy un privilegiado por vivir muy cerca de esta maravilla de la naturaleza, además tengo la virtud o el defecto de dormir poco y madrugar no es un problema, cuento con la mejor compañía posible para estos paseos, y disfruto especialmente de todo aquello que tiene que ver con la majestuosidad que la sierra de Madrid nos ofrece.

Esta mañana he salido sin tener muy claro cual iba a ser la ruta a seguir. Subimos al puerto de Navacerrada y empezamos a andar sin prisa por el camino Schmidt. Antes de llegar al collado Ventoso seguimos la senda de Cospedes hasta alcanzar el puerto de la Fuenfría, deshicimos camino por la carretera de la República y en bucle entramos de nuevo en el camino en sentido subida desde Cercedilla, para llegar esta vez sí al collado Ventoso y volver al puerto.

Entre pinos silvestres, helechos, piornos, retamas, y rocas de granito ha transcurrido el paseo. Un poco de esfuerzo en tramos cuesta arriba que sirven para pelearse con uno mismo y pensar que a ciertas edades uno todavía puede pedirle a este cuerpo que sufra lo suficiente como para no aceptar de buen grado el paso de los años y la falta de energía que acompañaban en décadas pretéritas. Un día gris, ya fresco en estas altitudes, sin aguaceros, combinando el gris de los cielos con algún despertar de luz entre las nubes. Una buena conversación mientras el resuello lo permitía, pocos encuentros con madrugadores paseantes como nosotros, silencio mucho silencio, y un inmenso placer que penetra en uno a través de los sentidos: la vista siempre espectacular de un inmenso paraje regalo de la sabia naturaleza, el oído de un silencio repleto de ruidos inusuales, el tacto de la vida vegetal, el olfato de olores llenos de humedad, de matices exclusivos de madera, tierra, y plantas.

Disfrutar de todas estas sensaciones no es un placer exclusivo, todos podemos adueñarnos de un trocito de esta sierra que tan cerca tenemos y tan poco valoramos, tan poco disfrutamos. Sólo es necesario un poco de esfuerzo en lo personal, pero realmente tan grande es la recompensa que el balance siempre es positivo. Sólo pido un favor, cuando te decidas a hacerlo respeta lo que allí te vas a encontrar, disfruta de su majestuosidad e intenta que tu paso por ella sea inédito, para que perdure año tras año por el resto de los tiempos y así cada vez que volvamos recibamos al menos el mismo regalo que hoy te puedes encontrar.
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