viernes, 9 de octubre de 2015

Un tipo con suerte.



Sí, soy un tipo con suerte. Lo llevo sospechando una larga temporada. Desde hace meses lo vengo rumiando en mi interior. Todos los signos a mí alrededor me lo venían confirmando. Me costaba aceptarlo porque nunca en mi vida he sido agraciado con ningún estipendio, el azar nunca me premio, y lo que hoy tengo lo he ganado con cada gota de sudor de mi propia frente, nunca con la del de enfrente.

Además soy un tipo importante. No puede ser de otra manera. También lo he aceptado con el paso del tiempo, especialmente en estos últimos años. He llegado a esta sublime conclusión a pesar de mi naturaleza campechana y nada historiada personalidad, un desecho de humildad y sencillez.

Y os preguntaréis cómo es posible que así tan de repente, de ayer para hoy, haya alcanzado tal corolario de presunciones. Extremadamente fácil. Todo se lo debo a mi trabajo, y especialmente al sector de la economía donde desarrollo mi actividad profesional. Así de sencillo ha sido después de tantos años haciendo casi lo mismo.

Para ser aún más sincero, he de reconocer que las sospechas que ya barruntaba en tiempos pasados se han visto confirmadas desde que decidí participar en Linkedin, una red On Line de profesionales, que principalmente se dedica a conectarnos a unos con otros, aunque no nos conozcamos de nada y estemos a años luz de kilómetros de distancia. Vamos acumulando seguidores como mi madre acumulaba los “puntos de hogar” que después pegaba en unas cartillas que finalmente canjeaba por regalos. Seguro que alguno de vosotros os acordáis de aquella fiebre irresistible de las amas de casa de hace ya algunos años por acumular puntos para canjearlos por horrendos regalos y utensilios del hogar. Pues esto de Linkedin a mí me recuerda a aquellos años, y en particular a aquella manía instalada en muchos hogares españoles. Sumas y sumas seguidores y contactos, pero que en este caso no son canjeables por regalo alguno, y cuantos más tienes más importante te crees.

Y siendo importante tus seguidores en esta red, lo mejor de todo no termina aquí. No, lo mejor son los puestos profesionales que ocupan en sus compañías. Los títulos que definen sus actividades laborales. Yo soy un tipo con suerte, soy un tipo importante. Tengo más de tres mil seguidores y entre ellos los hay que ocupan posiciones como: Senior Enterprise sales manager, Founder and CMO, Business Insights Consultant, PMO/OPM Expert, PPP adviser,  y un largo etcétera.  Seguro que a muchos de vosotros os doy una tremenda envidia. Y lo mejor es que no tengo ni idea a que se dedican realmente, ni a estas alturas me importa. Son gente que trabajan con PMP’s u Open Exchanges, que en sus compañías hacen RTB, desarrollan DMP’s, que realizan streaming y crean Brand contents. Genial, ¿verdad?. Es de lo más divertido. Oyes hablar a todos aquellos de todo esto y te entra una sensación y un sentimiento de importancia que te podrías caer de espalda. Yo que pensé que mi actividad era tan mundana como comprar y vender espacios publicitarios, he vivido toda mi larga experiencia profesional engañado. Cuando uno en su entorno trabaja con gente con títulos tan complicados que no tienen traducción del inglés a nuestro ilustre y vasto idioma, es que es la leche. Cuando uno para realizar su trabajo necesita utilizar una de cada tres palabras en inglés es que se sale de la tabla por arriba de lo importante que es. Tengo suerte, lo decía al principio, estoy aprendiendo inglés sólo por inercia, cuando vuelva a Londres en algún viaje de asueto voy a dejar pasmados a los hijos de la Gran Bretaña.

Trabajo con General Managers, estoy rodeado de KAM’s, Strategic Planners, DCS… Negocio con Sale Managers, Advertising Managers, Account Managers. Discuto con Financial Controllers y me rodeo de Head Of Digital, Head of Performance o Head of Data, cada día de mi vida profesional.

Realmente estoy convencido: soy un tipo importante y con mucha suerte. Quien me lo iba a decir a mi cuando empecé, hace ya más de 25 años en esta profesión.

Ante tal aluvión de reiteradas cursilerías, ante tal cúmulo de estupideces, he decidido que a estas alturas de mi vida lo único que puedo hacer para equilibrar mi persona es cambiar el título de mi tarjeta y convertirme en Director de Asuntos sin Importancia. De vez en cuando es bueno caerse del guindo para volver a poner los pies sobre la tierra.

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