viernes, 18 de abril de 2014

Luto en Macondo.



Desde ayer Macondo está de luto. La familia Buendía vivirá para siempre en soledad, ni cien años que pasen les devolverá la paternidad perdida en una noche de mágica luna llena. José Arcadio Buendía y Ursula Iguarán lloran en silencio, junto a sus descendientes en seis generaciones más, la muerte de un narrador universal, la muerte del gran fabulador de la magia, la muerte del mayor exponente literario del realismo mágico.
Hasta Macondo seguro se acercarán todos y cada uno de sus personajes para velar juntos el cadáver de Gabriel García Márquez.
En esas calles que olían en cada página de su gran novela, se agolparán junto a los Buendía aquel Coronel quién no tenía quien le escribiese, los hermanos Vicario autores del asesinato de Santiago Nasar en esa crónica de una muerte anunciada. También han de llegar Miguel Litín desde su clandestinidad en Chile, y porque no aquellas putas tristes que habitaban en su memoria. Acudirán también el General fuera de su laberinto y el Patriarca en su otoño, y también, por supuesto que no han de faltar Florentino Ariza y Fermina Daza que vivieron siempre juntos amándose en los tiempos del cólera.
Ha muerto un contador de historias sin fin, un escritor que hacía de la literatura un enorme juego, que utilizaba el lenguaje de la imaginación, de la poesía, de la música, de los sentidos y sentimientos como nadie.
Macondo hoy no es Macondo, ni tampoco Aracataca, Macondo hoy ha perdido los colores de sus calles, la magia de su gente, ha perdido un pedazo de su eterna locura imaginada.
Macondo hoy está de luto, el universo literario se siente desconsolado, todos hemos perdido un trocito de una historia que durará muchos más años de cien en el recuerdo siempre vivo de futuras generaciones. Gabriel García Márquez nunca estará sólo, vivirá siempre acompañado en la memoria de una humanidad que obtuvo sin pedirlo el regalo de una realidad casi siempre mágica.


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