domingo, 12 de junio de 2011

De vuelta a las andadas.


Llevaba más de dos meses que no acudía a mi cita dominical con la Sierra de Madrid. Una pequeña lesión en el pie izquierdo me había retirado de la circulación. Ha sido más pesado que grave, pero al final lo suficiente como para tenerme alejado de estos parajes que tanto me gustan y tan cerca de casa los tengo.

Esta mañana he vuelto a salir, sin perder las buenas costumbres ya estaba en el punto de partida aún cuando el sol todavía no se mostraba. Es parte del placer de caminar, ver amanecer en mitad de la sierra, ver como cambia la luz y como varían los matices de verdes que pintan un paisaje inigualable. He recuperado el placer de desplazarme sólo con mi propio esfuerzo, he recuperado las charlas inteligentes, amenas, sinceras y algunas veces controvertidas de mi amigo Juan Manuel. He recuperado los placeres que invaden mi cuerpo a través de los sentidos.

Me gusta caminar, me gusta sentir y disfrutar de los espectáculos gratuitos que la naturaleza nos ofrece, me gusta incluso sufrir en el esfuerzo y vencer la debilidad de un cuerpo que se acomoda y retrocede con el paso de los años.

Hoy soy un poco más feliz, da lo mismo que el trayecto sea conocido, que el destino y la ruta hayan sido transitados con anterioridad, cada paseo muestra una infinidad de detalles distintos que antes no había percibido. Hoy he vuelto a vivir sensaciones exclusivas que están al alcance de todos pero que cada cual las experimenta de una forma única y distinta, he recuperado para mi la grandeza de la naturaleza, infinita en el valor que nos ofrece y tan barata de conseguir, nunca somos conscientes que poco cuesta lo que realmente merece la pena, nunca valoramos lo suficiente la majestuosidad de un entorno que perdura por los siglos de los siglos.

He vuelto a las andadas, y si las lesiones me respetan explotaré cada domingo un tesoro infinito e inacabable.
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