sábado, 26 de enero de 2013

La Guardia Vieja.




Sustraigo parte del título de la última novela de Arturo Pérez-Reverte (El Tango de la Guardia Vieja) para introducir la entrada de hoy.
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Con una calidad técnica admirable en su escritura, con una documentación exhaustiva y rica en detalles para describir ambientes y personajes, con una doble narración de historias pretéritas que confluyen en un tiempo ya pasado, Arturo Pérez- Reverte maneja una historia turbia de amor, traiciones y espionajes, recorriendo cuatro décadas del siglo pasado, convulso y fascinante.
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Entre la luz crepuscular de una época ya extinguida, en sus páginas descubro el fascinante mundo del tango, el de la Guardia vieja. Una melodía más rápida, más cortada, más fiel a los orígenes de un género que nace de la mezcla y fusión de la cultura de emigrantes europeos (italianos, españoles y polacos principalmente), descendientes de esclavos africanos y nativos de la región.
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En los arrabales de Buenos Aires, en Barracas o La Boca, en tugurios de baja estopa, quilombos peligrosos, fulanos con aíres de compadrón trasnochado, saco apretado, bigote espeso, el ala de los sombreros caídos sobre los ojos  y pañuelos de seda anudados al cuello, hampones de la noche dueños y señores de las milongas, bailan con las minas, mujeres seductoras y de dudosa respetabilidad algunas, melodías sensuales expresiones de los más íntimos sentimientos.
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Son ellos los que mandan y dirigen los tiempos, sus pasos, los quiebros, los giros, los toques y enrosques, sacadas, los traspiés y las infinitas salidas. Ellas acompañan, siguen los pasos, obedecen en las quebradas, responden a los cortes, se anticipan a la orden de un ademán apenas perceptible, representando una resignación de hembra sin posibilidad de fuga. Y todo ello configura una estampa que desborda sensualidad, casi lujuria y porque no decirlo lascivia liberada entre un hombre y una mujer.
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Enrique Santos Discrépolo, uno de los máximos poetas del Tango, lo definió como un pensamiento triste que se baila. El argot que se utiliza, el lunfardo, la lengua del arrabal, está lleno de expresiones italianas, africanas, aimaras, lombardas, francesas, gallegas, que se fusionan entre sí para construir poemas del desamor, desengaño, amor y deseo.
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Me gusta este mundo depravado. Reclama mi atención, mis sentidos, este mundo lejano de historias fabuladas, de historias incontables, de sórdidas historias de amor, de venganzas, de duelos barriobajeros, de peleas mortales en los arrabales. Me gusta ese mundo más auténtico en las mentiras de la vida, más puro en los sentidos, más cierto en sus pasiones.
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Es el tango de la guardia vieja, es el tango de los quilombos, en los arrabales de la vida.
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sábado, 19 de enero de 2013

Tarde no es, y prisa no tengo




Tan sólo dos días han pasado de mi quincuagésimo aniversario y como viene ocurriendo cada año desde hace cuatro, acudo a esta cita pública para compartir nuevos sentimientos y sensaciones ligados íntimamente a mi ser.
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Dice José Saramago en su poema:

“..Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
Pues llevo conmigo la experiencia adquirida,
Y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo?
Eso ¿A quién le importa?
¡Tengo los años necesarios para perder el miedo,
Y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuantos años tengo
O cuantos espero, si con los años que tengo,
¡Aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!”
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Cuando uno alcanza una edad que sobrepasa suficientemente la mitad de su vida, cuando el almanaque se reduce camino de esa última hoja que a todos nos espera, cuando acumulas ya más primaveras de las que te esperan, empiezas a sentir un colisión de sentimientos que zarandea todo los cimientos de tu ser.
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Hace tiempo ya que las dudas se convirtieron en certezas, que los sueños quedaron maltrechos en su mayoría por el camino de la vida, que los anhelos se convirtieron en realidades y que las más de las ilusiones se truncaron sin ser alcanzadas.
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Hace tiempo ya que derramé lágrimas prematuras de dolor por los que se fueron, que herí mi alma con heridas incurables, que la soledad por las ausencias queridas me acompaña.
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Tarde no es y prisa no tengo para andar el último trecho, sin miedos, con el equipaje justo, con la libertad necesaria de elegir sólo aquello que quiero.
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No es tarde aún para tomar de la vida lo mejor que me ofrezca y prisa no tengo para terminar de saborear lo bueno que ya tengo.
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Tarde no es para cumplir alguna esquiva quimera, y prisa no tengo para agotar la ilusión que aún mantengo.
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Tarde no es para seguir viviendo, y prisa no tengo para terminar muriendo.

sábado, 12 de enero de 2013

No permitáis que nadie os robe vuestros sueños.




Había iniciado este año algo pesimista, mi primera entrada para dar la bienvenida a este nuevo año, incipiente aún, ha sido criticada de palabra y algún pescozón que otro me he llevado por ello. No quiero convertirme en un ladrón de ilusiones, en el malvado agorero que todo lo tiñe de negro. En un intento de proteger mi mal trecho ser, estoy seguro que pinté una cruda realidad que igual rebosaba pesimismo a borbotones. Dibujé un manantial de agónicas sensaciones, y quizás en el exceso convertí mi escrito en una cloaca mal oliente, en un vertedero de infortunios, en un muladar de estiércol y basura.
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No era mi intención, y si así he trasladado mis sentimientos, desde aquí y en este mismo instante, pido públicas disculpas por ello y rectifico para dejar incólume el historial de este blog que más os pertenece a vosotros los fieles seguidores que al autor de estos dislates.
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Redimo pues mi pecado de escribidor de necedades y cumplo mi merecida penitencia rogando a quién leéis estas insulsas prosas que protejáis de Dios y del Diablo todos vuestros sueños, que peleéis por ellos sin dar tregua al contumaz enemigo en cualquiera de sus manifestaciones, y cual carceleros del más preciado bien defendáis vuestro más amado tesoro de sueños e ilusiones. Sé que el destino es caprichoso y juega con las cartas marcadas todas sus partidas, pero a pesar de ello, y aún perdiendo en el camino muchas manos, el merecido premio será mantener intactos vuestros deseos más íntimos, vuestras quimeras y anhelos más personales.
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De vosotros depende únicamente que la ilusión ilumine cada acto de vuestras vidas, que a pesar de los peores augurios y los nefandos pronósticos salgáis victoriosos de cada batalla, que no os pueda el hastío y el agotamiento y que a cada paso que deis por la senda de la vida os acompañe siempre la radiante luz de vuestros ideales.
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Nada hay que temer, por penosa que sea la dificultad la capacidad de imponer nuestra voluntad siempre será más férrea, el compromiso por imponer nuestros principios siempre será más firme, y la voluntad de alcanzar nuestro objetivo imposible de doblegar.
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Nuestros sueños son el motor de nuestras vidas, no dejéis que nadie os robe los mismos, no permitáis que os sustraigan la ilusión por verlos al fin cumplidos algún día. Sin ellos viviremos como seres inertes, como muertos vivientes, y muy largo será el camino. 
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martes, 1 de enero de 2013

2013: ¡No me gusta, no me gusta!


Lo adelantaba en mi última entrada del año que ha terminado hace poco más de once horas, este nuevo que hoy iniciamos no me gusta, no me gusta.
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Nada tiene que ver con la terminación de un número bajo sospecha siempre en la superstición popular, ni aún ha tenido tiempo suficiente para darnos un gran disgusto, simplemente y como coherencia a lo ya escrito en otras ocasiones, la prolongación de estos 365 días que tenemos por delante pinta bastos una vez más.
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Para ir por partes y por aquello de ser justos el día ha despertado por estos lares frío y desapacible. Muy de mañana salí como de costumbre a pasear con Klaus, las primeras horas de cualquier día 1 de cualquier año es un desierto humano por los caminos y sendas que rodean mi casa, ni un alma con la que cruzarse durante todo el paseo. El frío y la humedad se adueñan del cuerpo que aún mantiene el calor de una ducha confortable y el primer café del día. La niebla espesa esconde los recodos del camino, engaña los sentidos y boicotea un intento de doblegar la pereza y a penas concede media hora de caminar sin acentuar la necesidad de volver al refugio del calor del hogar. Un rato más tarde recorro las calles de un pueblo que se despereza, los primeros vecinos que han salido a la calle con la intención de encontrar el pan aún caliente de la única tahona abierta se entremezclan con los últimos de Filipinas volviendo a sus respectivas casas destrozados por una noche que esta por terminar, maltrechos y agotados después de haberlo dado todo y un poco más. Un espectáculo en algunos casos muy lamentable.
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Todo suena a viejo, a algo ya vivido año tras año. Poco o nada ha cambiado, todo continua igual que hace un año, todo es igual de ajeno, de extraño y lejano. No hay un solo signo o señal de que iniciamos un nuevo ciclo, una nueva era, un nuevo periodo.
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Con estas sensaciones vuelvo a casa para cumplir con esta cita y me descubro igual de contrariado que hace unas pocas horas. ¿Qué nos puede ofrecer este nuevo año? ¿Qué nos vamos a encontrar por delante, en un futuro inmediato, en estos nuevos doce meses que están por llegar? El año pasado, un día como hoy, escribía que el año que ya terminó sería el de la solidaridad, que habría que saber renunciar a  muchas cosas y que deberíamos quedarnos con los pequeños detalles, los pequeños gestos, las metas más inmediatas donde se esconde la verdadera felicidad. ¿Y para este que pedimos? No encuentro la respuesta adecuada, da vértigo pensar e intentar adivinar que nos espera, la fatiga acumulada ya es inmensa, el esfuerzo ofrecido ha sido magnánimo, el compromiso mastodóntico y las fuerzas flaquean. Me gustaría ser optimista, me gustaría imaginar un año placentero en las antípodas del ya finiquitado, pero la realidad se obstina en pronosticar aún un mayor sacrificio, más dolor y mayor penuria.
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No me gusta, no sé hasta donde darán de si las pocas fuerzas que aún me restan, tengo el depósito en reserva, con el piloto rojo encendido desde hace ya meses, seguir estirando la goma sin romperla me parece una tarea que roza el límite de mi elasticidad.
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No me gusta, los pocos refugios de los que dispongo para protegerme de los ataques diarios se desquebrajan, la solidez de mi persona se tambalea y la sensación de la derrota final por hastío es mayor cada jornada. Necesito encontrar el elixir de la felicidad, necesito descubrir la pócima mágica que embargue todos mis sentidos y cree una nueva realidad o fantasía que me permita alcanzar el fin de este nuevo año sin dejar mi maltrecha alma en el intento. Necesito establecer un nuevo orden interno para mantener incólumes mis principios más básicos y obtener así una nueva victoria por pírrica que sea.
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Iniciar de esta forma y manera el año que hoy nos saluda no es precisamente un canto a la esperanza y la ilusión, iniciar así esta nueva andadura no presagia nada bueno, comenzar una nueva incursión en el bando del enemigo de esta guisa no asegura victoria alguna, pero hay veces que un pesimista es más certero que un optimista mal informado, y si nada esperas no arriesgas a que el premio final sea una nueva decepción.
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No me gusta, no me gusta este 2013. Nada le pido, nada espero, nada me ofrece, sólo tengo la convicción de que el tiempo es inexorable y que en su tozudez llegaremos también a su sepelio y que espero estar entre los que le velen y acompañen en su entierro. Lo mejor de este año es que al igual que todos los anteriores también tiene su fin.
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domingo, 30 de diciembre de 2012

El año que vivimos peligrosamente



En poco más de 24 horas habremos dado el finiquito a este año 2012. Ha sido un año duro, yo diría que el peor de los 50 que llevaré vividos en breves días. Ha sido el año que vivimos peligrosamente.
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El día 1 de enero del presente escribí una entrada en la que bautizaba a estos doce meses como el año solidario. No cabía otra, teníamos entonces por delante 365 días de dificultad máxima, con la crisis económica instalada entre todos nosotros, con las primeras medidas del incipiente gobierno del PP que ya apuntaban todo tipo de ajustes económicos y reformas mal enfocadas, con un año previo también desastroso y una herencia económica del anterior gobierno que no dejaba duda alguna sobre lo que nos podía esperar. El año ha sido mucho peor de lo que cualquiera pudiéramos prever, ha sido un año donde la amenaza ha sido constante y diaria, un año lleno de cesiones, concesiones, esfuerzos, desalientos, frustraciones, miedos y fracasos. Hemos vivido en el filo de la navaja y a penas si hemos llegado a su fin con un mínimo aliento y prácticamente ninguna esperanza como colectivo, como conjunto de la ciudadanía, como sociedad. Hemos resuelto cada jornada desde la incógnita de la desesperanza, desde la ecuación sin solución con un resultado negativo acumulado en el saldo de nuestras vidas, hemos tirado de todas las reservas, las habidas y las de por haber, hemos dejado las cuentas en números rojos, hemos alcanzado el final de este partido pidiendo la hora como los equipos que defienden un resultado justo, sin brillantez y agónico, y al final el balance ha sido malo, muy malo tirando a nefasto.
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Quizás podemos señalar con el dedo acusador a cada uno de los responsables de esta situación, todos ellos tienen nombre y apellido, todos ellos juntos se han sobrado y empeñado en hacerlo rematadamente mal para ahondar en la peor de las situaciones jamás vividas. Ya no hay diferencias notables entre los unos y los otros, da igual la ralea a la que pertenezcan son homónimos, siameses en sus incapacidades, convergentes en la falacia y el engaño, defraudadores y ladrones de esperanza, confianza e ilusión. Ellos, los de siempre, son los responsables de nuestros vértigos,  de nuestras miserias, de nuestra indigencia moral y material.
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Hemos vivido un año en constante peligro, en continua amenaza, con enormes dificultades, en jaque mate. Nadie nos ha ofrecido una solución, una balsa para salvarnos, un hierro candente donde asirnos. Todo son falsas justificaciones, vanas promesas, escusas sin sentido. Todavía hoy espero y deseo que alguno de ellos, da igual su posición, nos mire a la cara y sin tapujos nos ofrezca una verdad por incómoda y dolorosa que sea, que alguno de ellos salga al ruedo de los medios y manifieste que de esto no salimos solos, que hoy más que nunca necesitamos sumar el esfuerzo de todos, que nos agarremos los machos, que apretemos más los dientes y que de este pozo negro y profundo sólo salimos si nos ponemos todos a trabajar. Si tan sencillo como esto, tan cierto como esto, una única verdad, una única solución, un único ejemplo: trabajar, trabajar, trabajar.
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Se que es difícil, que las fuerzas ya están en los límites, incluso por debajo de ellos, que la fe la perdimos ya hace mucho tiempo, que las penurias a todos nos aprietan, que las dudas son muchas y muy inciertas, que el agotamiento individual es aún más grande, pero lo único que podemos hacer, lo único de valor que podemos ofrecer como individuos es nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestro compromiso. De este carro o tiramos todos o reventamos a los bueyes, de este carro o empujamos ahora como nunca o morimos todos en el intento.
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Me gustaría que las cosas fuesen de otra manera, me gustaría cerrar este año que hemos vivido tan peligrosamente diciendo, pensando y sintiendo que lo peor ya paso, pero muy a mi pesar creo que aun esta por llegar, y tengo el convencimiento de que o arrimo aún más el hombro o el año próximo a estas alturas estaré lamentando que por insuficiente el esfuerzo fue baldío, y la situación en la que pueda estar aún será más dolorosa y apremiante.
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Del 2013 hablaremos en un par de días para darle la bienvenida, pero como adelanto: no me gusta, no me gusta.
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Disfrutar de estas fiestas, despedir como se merece al año que ya termina, darle el pasaporte y hacer una fiesta como ofrenda al que tan mal nos lo ha hecho pasar, no ha podido con nosotros y en su fin está nuestro triunfo. 
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jueves, 6 de diciembre de 2012

Dolce far niente



Dolce far niente (dulce no hacer nada) o el arte de la vida relajada y ociosa. Dejar expandir el holgazán que llevo dentro.
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Rindo hoy homenaje a todos aquellos que han hecho arte de tal disciplina, de tal forma y manera de entender la vida. Rindo público homenaje a los que libremente han elegido la felicidad que proporciona disfrutar, un día si y otro también, de ver pasar el tiempo sin sentimiento de culpabilidad, por todo aquello que podría estar haciendo y no le da la gana hacer. A todos aquellos que disfrutan simplemente por el hecho de estar e incluso no ser, a todos los que sin importarles nada deciden contemplar la vida sin vivirla en primera persona.
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Lo digo yo que añoro a diario esta facultad que no tengo, quien día tras día batalla con la vida sin concesiones, sin aliento ni tiempo para terminar todo lo que deja pendiente cada jornada. Lo digo desde la malsana envidia que me produce sentirme un inútil funcional, incapaz de parar más de cinco minutos seguidos para contemplar lo que a mi alrededor ocurre, o simplemente, parar para regalarme un disfrute de cualquiera de los cinco sentidos en las mil y una manifestaciones que nos ofrece la vida sin tener consciencia de ello.
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Dolce far niente, quimera inalcanzable, paraíso del infatigable hacedor de nada, lupanar de la contemplación, prostíbulo del siempre mil veces ocupado, pecado de muerte para el hacendoso, tentación inalcanzable para el afanoso creador de la vida mísera sin ocio ni dispendio, entelequia del yo superlativo generador de riqueza material y vacío espiritual.
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Dolce far niente, golpea con fuerza la aldaba del portón de mi alma, entra e invade todo mi ser, y permite que me abandone en tu lecho de pereza e indolencia, envenena mi voluntad, y arrástrame a una vida ajena al débito del esfuerzo, celo, tesón, ahínco y desvelo.
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Dolce far niente, rapta para siempre mi determinación y conquista mi persona para doblegar mi albedrío, y convertirme en tu más incondicional y leal servidor.
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Dolce far niente, a ti te ofrezco los años que aún han de llegar para redimir los excesos de la necedad de una vida sin premio ni recompensa.
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domingo, 28 de octubre de 2012

Terry, te va.




Esta mañana, como la mayoría de los domingos del año, he salido de casa muy temprano. Había quedado con mi amigo de paseos y caminatas por la sierra de Madrid para acercarnos al puerto de Navacerrada y subir hasta el pico de la Maliciosa.
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Hemos quedado a las ocho, con la intención de estar en el puerto no más tarde de y media y así empezar nuestra marcha de buena mañana, como a nosotros nos gusta. Según avanzábamos puerto arriba y a pesar de que la mañana se adivinaba soleada hemos comprobado que la temperatura descendía y un fuerte viento soplaba arrastrando las nubes a gran velocidad.
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Como aguerridos montañeros nos hemos preparado nada más bajarnos del coche, y a pesar de las bajas temperaturas, cuatro grados bajo cero, nos hemos cargado las mochilas a la espalda, ajustado los bastones y hemos iniciado el camino que primero nos debe llevar a la Bola del Mundo. No habíamos dado más de treinta pasos y ya no sentíamos los dedos de las manos, las orejas eran de cristal y el frío se había adentrado en nosotros a pesar de los forros polares y demás ropas de abrigo. El viento soplaba haciendo verdadero daño en la cara, y la sensación térmica podría ser de diez o doce grados por debajo de cero.
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Cual damiselas de salón de té, nos hemos parado, una mirada ha sido suficiente para entendernos, y con un único pensamiento por parte de ambos (que le den ¡!!) hemos dado media vuelta y sin dignidad alguna hemos desecho los pocos pasos dados hasta la cima. La cosa pintaba bastos y nuestros cuerpos no estaban preparados para sufrir tal gélido ambiente.
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Con el afán de recuperar una temperatura corporal que en escasos minutos nos había abandonado como el desodorante de los anuncios, hemos entrado en la única venta del puerto abierta a esas horas. Hemos dudado unos segundos entre un café con leche calentito que nos devolviera el tono vital perdido en la intentona o un carajillo de toda la vida, que en situaciones como esta obra milagros. No había color, el carajillo era el elixir necesario para recuperar el aliento perdido.
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Y de repente, zas ¡ Un golpe de nostalgia aparece ante nuestros ojos. Una botella de Terry, el coñac centenario que había desaparecido de nuestras vidas hace infinidad de años. Ante nuestra sorpresa y el comentario, la afable camarera nos deja aún más perplejos, el afamado coñac de los años setenta se pide y mucho en estos lares. Que lejos nos hemos sentido de una realidad tan cercana y distante a la vez de nuestras vidas.
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No es que yo desayune cada mañana un carajillo, si he de ser sincero habré recurrido a él unas contadas veces en mi vida, pero si mi memoria no me falla la última vez que ingerí uno en algún campestre madrugón invernal fue Magno el coñac que completó el café sólo de aquella ocasión.
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Algunas veces la vida te brinda estas oportunidades. A través de una casualidad recuerdas cosas y productos que cuando niños formaban parte de ti, y no es que a esa edad yo le diera al coñac como complemento alimenticio, eran los anuncios de tu niñez, productos y marcas que reconocías a cada instante y que con el paso de los años piensas que han desaparecido.
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Ahí estaba Terry, hoy una medicina vital para volver a sentir un cuerpo entumecido por el frío, ayer el coñac que te va, el coñac del caballo blanco y la amazona que se asomaba a través de las pantallas de televisión a cualquier hora del día, un coñac para hombres.
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domingo, 21 de octubre de 2012

Qué poco tino !




Qué poco tino! Tomás Gómez secretario general de los socialistas de Madrid especialista en meter la pata. Flaco favor hace a las filas socialistas. La demagogia es muy mala compañera en esto de la política.
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Ya avancé hace unos meses, en la antesala de las elecciones autonómicas del pasado año, que este señor era la mejor opción que el PP tenía para mantener su gobierno al frente de la Comunidad de Madrid. Lo mantengo y lo aumento. Ya puede deshacerse en pedacitos la estructura del partido del gobierno actual en esta comunidad, que jamás verán amenazado su gobierno si la mejor oferta del partido de la oposición continua siendo este individuo.
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Una vez más se luce en el parlamento autonómico con una intervención fuera de lugar, tiempo y actualidad. No se puede acusar a unos señores elegidos democráticamente por una amplia mayoría de ciudadanos de ser igual que sus abuelos, supuestamente todos franquistas y fascistas. No voy a repetir la frase, no merece la pena mayor propagación de tal idiotez.
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Si que me gustaría indicar a este buen señor, que esos supuestos antepasados fascistas los tienen también entre los compañeros de su propio partido y que no por ello son menos respetables que él mismo. Muy al contrario han trabajado mucho y mejor que él por la democracia de este país y porque su partido haya sido una opción de gobierno tan válida como la que hoy ostenta esta responsabilidad. Todos tenemos o hemos tenido abuelos, algunos estuvieron en un bando u otro por creencias, principios y posiciones políticas, muchos de ellos por casualidades geográficas, otros aún se preguntan porque les tocó en un bando o el contrario.  Dejemos a nuestros abuelos en paz, ellos fueron responsables de sus actos, de los nuestros a cada cual nos tocará rendir cuenta cuando nos llegue el momento.
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Antes de injuriar de forma general a sus contrarios el Sr. Gómez debería recordar que el padre del secretario general de su partido fue piloto de la aviación franquista y después piloto de Iberia, que el padre del Sr. Bono fue Alcalde de Arenas de San Pedro y Jefe Provincial del Movimiento, que el suegro del ex presidente del gobierno Sr. González fue Médico del ejercito del Aire y concejal del Ayuntamiento de Sevilla en el franquismo, que su compañera de partido Maru Menéndez es hija del almirante Menéndez el cargo militar superior que entro en el Congreso de los Diputados en el golpe militar del 23-F, además de cuñada de un hijo de Blas Piñar, fundador de FN.
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Y qué más nos da. Al final todos y cada uno de ellos están donde han llegado por pleno derecho, porque democráticamente han sido elegidos y porque ninguno es responsable de las ideas, pensamientos y posiciones políticas de sus familiares. Si hay que juzgarles y alguien se cree con la autoridad de hacerlo, serán por sus aciertos o por sus errores, por su honradez o por sus corruptelas, por sus capacidades para estar donde han llegado no por su árbol genealógico.
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Si el Sr. Tomás Gómez sólo puede ser actualidad por este tipo de declaraciones, es mejor que abandone y se marche, seguro que hay gente mucho más preparada en las filas del PSM para hacer de forma y manera excelente el trabajo que hoy todos necesitamos y que él no sabe por donde empezar.
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Txapetina




Este palabro que da nombre a la entrada de hoy no es invención mía. Ayer lo encontré en la viñeta de Ricardo & Nacho en el diario El Mundo. Como siempre me pareció fascinante y envidiable la capacidad que tienen para sintetizar la realidad con sus dibujos y a penas un par de palabras. La Txapetina como símbolo representa la unión de los nacionalismos vasco y catalán. Es la realidad que vive nuestro país, es una realidad incuestionable a pesar de todas las polémicas habidas o por haber.
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Parece llegado el momento del divorcio, de la separación de dos comunidades autónomas que aspiran a convertirse en estados independientes. Podemos estar de acuerdo o no, podemos pensar incluso si es el momento más idóneo para que ocurra la emancipación. Parece que los problemas económicos que atraviesa nuestro país no recomiendan realizar escisiones políticas, pero es cierto que cuando los sentimientos afloran con tal contundencia no hay nada ni nadie que puedan evitar una realidad que ha ido ganando adeptos año tras año desde hace ya varías décadas.
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No estoy de acuerdo con aquellos que declaran que todo esto es un mero problema económico, que cediendo en los acuerdos de financiación bilateral todo quedará resuelto. Creo que nuestros políticos no quieren ver una realidad que va mucho más allá. Ambos pueblos llevan demandando su salida de España desde tiempos pasados. Los caminos han sido muy diferentes, la violencia y la falta absoluta de libertad en uno de los casos, y la negociación siempre de índole económica en el otro. Hoy convergen ambos en una petición, parece que mayoritaria, de independencia. El resto podemos taparnos los ojos, incluso los oídos y las bocas, pero eso no ocultará una realidad que se impone día a día.
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El sentimiento de orgullo y pertenencia se ha puesto de manifiesto y esto nada tiene que ver con las realidades políticas o económicas de los países. Cuando el conjunto de la ciudadanía de cualquier país reivindica estos sentimientos para ellos de forma exclusiva no hay ninguna otra razón que haga parar la marea. Nos pasa a todos, sin ser nacionalistas, sin tener una necesidad de confirmar nuestra pertenencia a ningún estado. Lo hemos vivido y lo vivimos cada día por ejemplo a través del deporte. Todos hemos sido españoles con los triunfos de nuestra selección de fútbol, o con los títulos ganados por nuestros deportistas o equipos en cualquier competición. En esos momentos aflora nuestro orgullo, nuestro sentimiento más profundo de pertenecer al país que ha ganado imponiéndose a todos sus contrarios. Aquí no hay más, nos olvidamos del dinero, de los intereses, de las primas de riesgos, de la intervención económica e incluso de todos los gobiernos que cada día nos ajustan el bolsillo un poco más.
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Seguramente durante años los políticos y gobernantes de estas comunidades han estado contando lo bueno que es ser distinto, lo bueno que es ser otro país, lo importante que es caminar solos y recorrer el resto de la historia como estados independientes. Es cierto que nadie ha contado lo malo y los problemas que estas decisiones pueden acarrear, pero ya es tarde, ya no hay marcha atrás, la idea está comprada y el objetivo está muy cerca y aunque lleguen muchos sacrificios y dificultades, hoy existe sólo una meta y hay que alcanzarla.
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Como las parejas malavenidas, llega un momento que es mejor estar sólo que mal acompañado. Estamos muy cerca de ese punto donde una pareja pasa de discutir sus diferencias con cierta racionalidad y cordura, a la confrontación más dura y despiadada estilo la película La Guerra de los Rose. Las relaciones se deben terminar de forma civilizada, cuando se impone la realidad de que uno de los dos no quiere seguir en un proyecto común es mejor dialogar, negociar y facilitar la separación, y con el paso del tiempo, en la lejanía, recomponer las bases, ajustarse a la nueva realidad e iniciar una nueva andadura en paz y tranquilidad. Creo que ha llegado el momento, creo que nuestros políticos han de ser sinceros, incluso generosos en el reparto de los bienes materiales y romper peras. Todos nos cansamos de escuchar reproches, acusaciones, insidias y mentiras. Seguir forzando una relación terminada carece de sentido. Seamos razonables y respetuosos, seamos todos generosos, rompamos lazos desde la racionalidad y dejemos que cada cual elija su propio camino. Los ciudadanos que estando en cualquiera de las naciones resultantes quieran cambiar su domicilio, lo harán de igual manera que los hijos mayores de edad y aún dependientes de la economía familiar deciden si ir a vivir con su madre o su padre. Dejemos que la libertad de elección de cada cual determine los futuros individuales.
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En el mismo símil declaro que estoy harto de las broncas que hoy vivimos cada día, que se peleen en nombre mío para defender una unión que ya carece de sentido. Bastante tengo cada día como para ser testigo de una relación podrida que de forma ficticia se nos impone, es mejor romper y hacerlo de frente y por derecho, en este tema además uno no puede ir a por tabaco y no volver. 
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domingo, 23 de septiembre de 2012

Lunch a top a Skyscraper



Creo que esta imagen ha sido una de las que mejor han retratado una época. Me parece imposible pensar en alguien con cierta edad ya cumplida que no haya visto y disfrutado de la misma en algún momento de su vida. Almuerzo en lo alto de un rascacielos, ha celebrado esta semana su ochenta cumpleaños, y lo mejor es que lo hizo sin perder un ápice de su popularidad.
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Esta fotografía de los once albañiles comiendo en una viga de acero a sesenta y nueve pisos de altura de lo que sería el Rockefeller Center en la ciudad de New York, fue realizada en septiembre de 1932 por Ebbets y publicada un mes más tarde en el New York Herald Tribune.
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Fue un símbolo, y quizás la mejor representación gráfica de la mayor crisis mundial económica y financiera hasta ahora conocida y que se inició con el Crack del 29.
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Por desgracia para nosotros, casi un siglo después, vivimos una situación igual de desesperada y caótica. La situación actual que afecta sobremanera a nuestro país podría asemejarse en mucho a lo vivido en aquellos años en USA y en el resto del mundo. Han pasado ochenta años, una segunda guerra mundial, una guerra civil en España, y muchos acontecimientos más a nivel mundial, europeo y nacional, para descubrir que como entonces los logros y avances alcanzados son tan efímeros y débiles que se desvanecen sin capacidad alguna para salvaguardarlos.
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De aquella gran crisis se salió adelante, me imagino que no sin grandes sacrificios, de está en la que estamos instalada desde hace ya varios penosos años quiero pensar que también. Estamos renunciando a muchos privilegios, derechos y a un bienestar instalado en la sociedad occidental que nos duele en lo más profundo de nuestros seres, pero desde esta renuncia, desde el sacrificio ya realizado tendremos que volver a crecer para recuperar el tramo del camino que ya transitamos en décadas anteriores.
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Me queda la terrible duda de tener al frente de cada país a los mejores líderes posibles. La calidad de nuestros políticos, especialmente los españoles, dejan mucho que desear y con ellos al frente nuestras posibilidades se recortan y los esfuerzos se multiplican. Cuando hemos de luchar y pelear en las peores condiciones, para ganar las batallas necesitamos a los mejores, y estos hace ya tiempo que se dedican a otros menesteres que no son la política. Los grandes estadistas, los prohombres de las naciones, hacen años que abandonaron la vida pública. Hoy son los mediocres los que cogieron el testigo, los que decidieron hacer carrera profesional al amparo de los partidos políticos, los que como objetivo buscan llegar a lo más alto de un gobierno, un parlamento o un ayuntamiento para vivir a costa de sus conciudadanos y labrarse un futuro que les garantice su propio bien estar a cambio de no ofrecer nada, a cambio de tapar sus miserias, carencias e incapacidades en el mundo del servicio público para mayor gloria de su beneficio personal.
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Desde el abismo de una viga de acero colgada a sesenta y nueve pisos de altura, aquellos once obreros se convirtieron sin saberlo en un símbolo, en un icono que ha representado durante ocho décadas la lucha por la supervivencia, el esfuerzo para alcanzar el progreso, la sencillez de los valores frente a la complejidad y la maldad de los sistemas.
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Necesitamos nuestra propia iconografía, necesitamos encontrar nuestro propio símbolo que al igual que éste represente nuestra lucha callada y anónima para salir adelante, para vencer a nuestra crisis y para que en un futuro cuando las siguientes generaciones recuerden estos años, entiendan a través de una única imagen aquello que la historia intentará explicar o incluso justificar en un sentido u otro dependiendo del resultado que aún está por llegar.
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sábado, 22 de septiembre de 2012

SPANISH FICTION



Este vídeo recorre la red en estas últimas semanas. Con mucho humor, utilizando la caricatura y el sarcasmo, resume una realidad que nos debería abrumar y avergonzar como ciudadanos de un país que se llama España.
Aunque te arranque una sonrisa e incluso una carcajada, no olvides que es muy cierto todo lo que en él se parodia. Ya me gustaría a mi que en realidad, todo lo que vivimos desde hace ya más de cinco años no fuera más que una ridícula ficción.
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domingo, 9 de septiembre de 2012

La lucha que nunca termina.




No es una reflexión mía. Le he pisado la sotana a mi amigo y compañero de paseos matutinos los domingos por la sierra de Madrid. Un poco mayor que yo y muy duro de pelar. Físicamente en un muy buen tono y mejor estado, que me revienta en más de una subida a los picos de nuestro nuevo parque natural de Guadarrama.
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En uno de estos paseos compartiendo reflexiones me hizo un comentario sobre la pelea que cada día tiene consigo mismo y con los demás. A partir de ciertas edades, yo friso los cincuenta, uno en la vida se pelea doblemente. Nos demostramos cada día que nuestras capacidades, aun mermadas por el paso del tiempo, son suficientes para dar batalla a cualquiera que se nos cruce en el camino, y que además es bueno mantener un nivel de exigencia con uno mismo para demostrarnos que podemos llegar más allá y que dejar acomodarse a nuestro cuerpo y a nuestra mente es un error de libro, que la lucha continua y que al final, siendo conscientes de nuestros alcances, un alto nivel de esfuerzo supera con creces cualquier meta y perspectiva impuesta en nuestra vida. No puedo estar más de acuerdo en el doble planteamiento.
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Siempre había pensado que a partir de cierta edad, con una experiencia profesional ya acumulada, con el respeto de las canas incipientes todavía, con los conocimientos ya acumulados, con muchas vivencias en la mochila, me permitiría llegar a un estar en mi vida profesional más cómodo, menos exigente y con una visión de futuro más sosegada, relajada y porque no decirlo más teórica y menos ejecutiva. Mentira, y de las más gordas.
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No hay excusa, no me siento más víctima que cualquiera de esta maldita crisis que nos azota, no vuelco en las incapacidades de los demás la responsabilidad de mis decisiones, no busco fantasmas donde no los hay, la lucha es mía y sólo mía. Yo soy el que me exijo cada día más, yo soy el que cada mañana al iniciar la jornada busco las fuerzas suficientes para demostrarme y demostrar al resto que no hay nadie más capaz, que al menos doy la talla como cada cual, que puedo con esto y con mucho más y que al final para sacarme de la pelea lo tendrán que hacer dándolo todo y sin ninguna ayuda por mi parte.
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Estoy convencido que todo esto es fruto de la inseguridad, de la necesidad de demostrarme que a pesar de que los años pasan soy tan bueno o tan malo como era hace más de dos décadas cuando inicie mi carrera profesional. Quizás no quiera aceptar, o no sepa, la pérdida de las facultades intrínsecas al avance de mi vida. Quizás no puedo creer que este quien hoy soy, este que cada mañana se ve en el espejo, ya no es el mismo de hace veinte años, que lo que yo quiero ver poco o nada tiene que ver con lo que proyecto y de cómo me ven los demás. Quizás esto es la crisis de los cincuenta, o la vuelta a la actividad laboral que cada año llevo peor después de las vacaciones estivales.
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Es bien sabido que los hombres sufrimos una crisis de identidad al menos una vez en la vida, los hay quien las sufre una vez cada década pasados los treinta. A los cuarenta, y como fruto de esa gran crisis cambiamos tres cosas en nuestras vidas: el coche, siempre por un deportivo rojo, muy vistoso y a ser posible muy caro para presumir de los éxitos profesionales que hemos alcanzado; de mujer porque nos sentimos aún en la flor de la vida, con todo nuestro vigor y capacidades amatorias intactas, y además con el deportivo rojo conquistaremos a infinidad de chicas jóvenes que esperan la llegada de ese príncipe azul, ya talludito pero con las experiencias más fascinantes ya vividas, dispuestas a arruinar nuestras cuentas corrientes y nuestras vidas; y de trabajo porque somos los mejores, los que más sabemos, y porque a esa edad pensamos que no han sabido en nuestras empresas valorar todo lo que hemos dado por ellas y que si no hubiese sido por nuestras iniciativas y decisiones aun seguirían siendo compañías de segunda. Esta crisis ha arruinado a muchos, ha terminado y fulminado a muchos más, y ha dejado un reguero interminable de insatisfechos y arrepentidos para los restos. Yo pasé por ella de puntillas ya casi hace diez años, y aunque reconozco que alguna reminiscencia me queda, creo que fue prueba superada.
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Yo no sé si esta lucha que mantengo es insana para mi cuerpo, espíritu y mente. No sé cuanto de saludable tiene y si en un futuro la cuenta pendiente de pagar será muy alta. Si sé que es casi obsesiva la necesidad de seguir en la pelea, de hacer todo y más por no perder la batalla, de llegar aun más allá y de demostrar a todos y a mi el primero que mantengo la ilusión e incluso la pasión por hacer las cosas bien, y que a pesar de las dificultades puedo lograr lo que cualquier otro haría.
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También es posible que como al nacer nadie nos da el libro de instrucciones de la vida, cada año que pasamos, cada día que vivimos nos reinventamos con más o menos acierto, que en verdad no hay un único patrón y que en el fondo lo que hacemos es intentar que las cosas que hacemos, sentimos y vivimos son las mejores que cada cual puede realizar.
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De momento y hasta que las fuerzas aguanten, seguiré peleando y enfrentándome a la lucha con el mejor espíritu posible, si no he de ganar al menos que la derrota sea la más dulce posible.
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