viernes, 28 de agosto de 2009

La Estética del Verano



De vuelta en casa. Se terminaron las vacaciones y en dos días vuelta al tajo. Finalmente y a pesar de todas las alertas naranjas y unas pocas amarillas decidí que bien merecidos estaban unos pocos días de descanso sin nada que hacer. Disfrutar de la playa, del mar, del pescadito frito, de buena lectura, de mis hijos, esa asignatura pendiente durante todo el año, y porque no decirlo de que te lo den todo hecho y no preocuparte de nada más que de las cosas poco útiles e intrascendentes.
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Han sido una decena de días mal contados, pero realmente suficientes para desconectar del trabajo, intentar no leer mucha prensa y alejarme del océano de malas noticias económicas, políticas, sanitarias y sociales. Ha sido un tiempo que he dedicado principalmente a lavar la mente y el alma, puse en marcha la lavadora de ideas, sentimientos, y sensaciones, configure el programa más avanzado y duradero y dejé que la máquina hiciese su trabajo. Necesitaba volver a las las labores cotidianas del día a día limpio como las patenas. En ese estado donde las neuronas se adormecen casi hasta la más absoluta de las inactividades, sólo quedo despierta mi capacidad de observación y el don de la curiosidad. En mis paseos solitarios cada tarde, o los que en compañía de mi hija dábamos por las mañanas de cada día por la playa, me dediqué a observar y me imagino que ser observado. Pero he de reconocer que además de atender las conversaciones inacabables de Belén, tiene el don de la palabra y la capacidad de hablar sin cesar horas y horas, de cualquier tema, y son muchos los que a una niña de escasos diez años le preocupa y le interesa, mi tarea principal ha sido escudriñar a la gente. Han sido exámenes visuales y auditivos profundos, han roto en mi la perplejidad y la capacidad de sorpresa en muchas ocasiones, y me han empujado en todas ellas a realizarme infinidad de reflexiones, aunque todas se resumían en la misma, la estética del verano.
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No quiero ser excesivamente crítico, no se trata de comparar estilos de vida, estilos de vestir, de comportarse, no es mi intención valorar lo que debe o no debe ser, pero realmente si es cierto como conclusión que el verano tiene su propia estética, o mejor dicho en muchos casos su falta de estética. En primer lugar he de reconocer que quizás el calor, el sol, la luz, el tiempo libre, la sensación de libertad que en vacaciones nos acompaña, libera muchos de nuestros frenos sociales que nos acompañan durante el resto del año. Estoy convencido que algún mecanismo químico o biológico se pone en marcha en nuestros cuerpos cuando les mandamos la señal de que iniciamos nuestras vacaciones. Deben de existir miles de inhibidores bioquímicos que se toman un merecido descanso en este periodo, dando rienda suelta a una absoluta sensación de libertad en la toma de nuestras decisiones. Cualquier mecanismo de autocontrol es destruido. He visto de todo, he visto las combinaciones de colores más estrambóticas imaginables, he visto pañuelos en la cabeza de señores que se disfrazan de piratas en la playa y con más de 33ºC, seguro que poco cómodo e incluso poco higiénico. me ha parecido ver trocitos de tela a modo de bikinis o bañadores estilo Speedo para ellos, marca que hizo furor en los jóvenes cuando el Meyba era el bañador de nuestros padres, no sólo el Sr. Fraga los usaba, en cuerpos que realmente deberían ser más tapados que lucidos, al menos por un pudor ajeno, evitar al resto de la especie humana tan dantesco espectáculo; he visto glotonería, comer como si de la última comida en vida se tratara, he visto beber hasta saciar la sed de todo un año. He podido ver a señores y señoras jugar en grupo con sus animadores, ellos grandes profesionales, a juegos infantiles, fútiles y pueriles. He visto competir como si de salvar la vida se tratara, por un premio ten valioso como un mechero, llavero, gorra o camiseta con el logotipo del hotel. He visto casi de todo y casi nada bueno. Que nadie se confunda, he pasado mis vacaciones en un destino muy digno, en un hotel nada barato, y con un ambiente a priori muy normal. Daba igual que se tratara de señores o señoras, jóvenes ellos y ellas, locales, nacionales o extranjeros. Estoy seguro que la mayoría de ellos gente con cierta responsabilidad profesional, respetables padres y madres de familia, niños bien, y algún que otro soltero y soltera de oro. No se trata de poder adquisitivo, de capacidad económica, es una cuestión de la estética liberadora a la que el verano nos invita. Creo que es un sentimiento extremado de liberación, creo que es una contraposición al formalismo del resto del año, estoy de vacaciones y en vacaciones todo vale. No es que trate de reivindicar el traje de lino y la camisa blanca en la playa para ellos, y los trajes de chaqueta para ellas, eso es sin duda antiguo, poco práctico y excesivo. No se trata de recrear los ambientes de los balnearios de principios del siglo pasado, pero en el término medio está la virtud, seguro. Uno tiene que ser tal cual es en invierno como en verano, uno es uno mismo siempre y en cualquier circunstancia, y dar cierta rienda suelta a los instintos es sano, estoy a favor de ello e incluso lo aliento y apoyo en muchas ocasiones. Pero ese sentimiento de libertad, de dejarnos ir, no es incompatible con una estética menos extrema, menos atrevida, llamativa y en la mayoría de los casos hortera.
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Yo mismo he sucumbido a esa llamada de la estética y en un ejercicio deliberado decidí no afeitarme y dejar crecer una barba anárquica y canosa en gran medida. No quiero decir que por ello me haya sentido un libertino, pero como gesto de refrenda de mi libertad y oposición a la obligación diaria del resto del año, el hecho de no afeitarme reafirmaba mi sensación de estar de vacaciones sin necesidad de pañuelo en la cabeza, combinación de colores chillones en mi vestimenta, Speedo o braguita náutica, como en mis tiempos se conocían estos bañadores, o juegos infantiles para llenar las horas muertas que a lo largo de un día de asueto se suceden. No tengo ni edad, ni cuerpo como para hacer nada de todas estas cosas, y lo mejor de todo ello es que no tengo la necesidad de cambiar mi estética para saberme liberado de mis responsabilidades diarias.
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Para terminar un dato: "Millenium", en cualquiera de sus tomos, ha sido el libro del verano. En cualquier hamaca, en cualquier toalla extendida, se veían en miles los tomos I, II y III. Los he visto en inglés, francés y alemán, ha sido un éxito editorial, pero más aún en gran éxito de marketing.

martes, 11 de agosto de 2009

Naranja. El color de nuestras vidas


Nunca llegue a pensar que importante iba a ser este color en nuestras vidas. No se trata además de un tema ligado a la moda, aunque me consta que es un color que se ha hecho muy popular durante estos dos últimos veranos. Me refiero a la importancia social que ha adquirido en nuestro país como símbolo de todas las alertas posibles y por haber.
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Llevo días escuchando y leyendo noticias, viendo mapas de colores, siendo testigo de la cantidad de riesgos que asumimos por el mero hecho de existir. Últimamente además he ido adquiriendo conciencia de que vivir cada día es un milagro mayor, un don del que disfrutamos sin ser enteramente conscientes del regalo que nos han hecho y del trabajo que le supone a nuestro estado mantenerlo con nuestro agradecimiento, o muy a pesar de nosotros, seres inconscientes que nos lo jugamos en cada esquina, en cualquier momento del día.
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Hemos pasado de estar en alerta naranja en la mayoría de las provincias españolas por la ola de calor, a pasar a alerta naranja también por el riesgo de lluvias torrenciales, alerta naranja por tormentas de granizo, alerta naranja por posibles vientos huracanados y alerta naranja por cualquier fenómeno meteorológico todos ellos caprichos de la naturaleza. Parece como si desde hace unos años nuestras vidas están sujetas a riesgos que nunca antes se habían presentado. Llover, granizar, padecer las típicas tormentas de verano, se han convertido en amenazas mortales para los ciudadanos. No estoy seguro, pero tengo la impresión que todos nuestros mayores han debido ser unos inconscientes, han debido vivir la vida pendiente de un hilo las 24 horas del día, nunca han conocido el riesgo que les suponía una concentración de chubascos más allá de 25 o 30 litros por metro cuadrado. Deberían ser suicidas potenciales que se arriesgaban a salir y entrar de sus casas sin la menor información sobre todas estas alertas y muchas más que se cernían sobre sus vidas. Es posible que ellos vivieran la vida en blanco y negro y de ahí la dificultad de avisar de las alertas naranjas que les acechaban a la vuelta de cada esquina.
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Dentro de unos días tenía planeado salir de vacaciones a una playa andaluza, pero ya no sé que hacer. Tengo la sensación que me veré inmerso en un continuo riesgo, que estaré viviendo una situación continuada de alerta naranja. No sé si me tocará por el calor, si por las lluvias, el granizo, los vientos o las tormentas. Asumir tal responsabilidad en nombre de mi familia me produce una angustia y pesadumbre difícil de soportar. También pienso que si me quedo en casa el riesgo de alerta naranja seguirá siendo el mismo, y por los mismos motivos. Menuda encrucijada en la que me encuentro.
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Creo que finalmente voy a volver a la era de la desinformación, a la época del blanco y negro, no ver la vida de forma tan cromática como la actual seguro que me ayuda a liarme la manta a la cabeza y marcharme los días previstos a la playa.
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Una cosas si os digo, entre mi vestuario de verano será imposible encontrar una prenda de color naranja, es un color que me produce angustia.
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lunes, 10 de agosto de 2009

Que poco dura la alegría en casa del pobre.


Y yo que hace escasos dos días me había entronizado como el Rey de la Pereza. Qué tan feliz me prometía tres semanas enteras sin dar un golpe, sin trabajar, sin pensar sin hacer nada. Del género tonto es lo mío, parece mentira que no me conozca, que no conozca lo que en mi entorno sucede. Oficialmente hoy era mi primer día de vacaciones, normalmente hacemos todos el truco del fin de semana anterior que no nos cuenta y alargamos dos días más el periodo vacacional, y desgraciadamente llevo desde la hora de la comida enganchado al teléfono e intentando poner en marcha dos posibles nuevos negocios. ¡Qué iluso.!
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Y lo peor es que no aprendo nunca, llevo así varios veranos, uno tras otro desde hace ya muchos años la promesa inicial de no trabajar en vacaciones la rompo en el primer instante. No me considero un enfermo del trabajo, un workalcoholic que tan de moda está. Intento racionalizar mis esfuerzos, mis dedicaciones, mis compromisos en los momentos que corresponden y que son muchos a lo largo del año, pero soy incapaz de no atender una llamada de un cliente, de un posible nuevo cliente, pensando además que es bueno para mi empresa y que por eso me pagan. Siempre me puede el mal entendido sentido del deber y termino arruinando las vacaciones mías y de la gente de mi entorno. Hoy lo que más me ha molestado es que estaba comiendo con mis hijos, para mi todo un lujo que pocas veces puedo hacer a lo largo del año, una comida a tres compartiendo sus cosas, hablando de todo lo que está siempre pendiente por mi parte, disfrutando de ellos, observando como sin darme cuenta se hacen mayores y sin apenas haber vivido con ellos todas las inquietudes que a lo largo de los días les niego, o mejor dicho me niego a mi mismo.
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Todo ha empezado con una llamada, después otra y otra más, vuelta a casa envía un email y otro, recibe la información, nunca es correcta, nunca está completa, busca a alguien que te ayude, nunca los encuentras en los momentos que los necesitas, ellos si están de vacaciones y hacen bien. Al final recurres a los mismos de siempre, a los que como tú están de vacaciones pero siempre trabajan, les comprometes y te sientes aun peor. Mañana igual una escapada a la oficina, sólo por un par de horas, ya no me lo creo ni yo mismo según lo escribo, puesta en marcha del proyecto y durante el resto de las vacaciones seguimiento, llamadas, nuevos emails y seguro que más problemas.
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He vuelto a ser derrocado por la virtud de la diligencia, por la estupidez innata en mi. Mi reino ha durado un suspiro, justo el tiempo en el que espira el fin de semana. De rey a plebeyo. Adiós a la flojera, a la holgazanería, a la gandulería, a la haraganería. He vuelto al tajo y todavía no me había quitado las telas de araña del curso ya terminado.
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En vista de la derrota, una nueva en mi interminable lista, aquí me tenéis de nuevo y me temo que aquí me encontraréis durante muchos días de este verano, de estas mis vacaciones. Puestos a estar, no me parece mala idea venir aquí aunque sea de vez en vez, para quejarme como hoy, o para contaros cualquier otra cosa que durante estos días sucedan.
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sábado, 8 de agosto de 2009

Pereza


Estoy de vacaciones. Tres semanas por delante para no hacer nada. Tres semanas enteras para intentar descansar de un "curso" duro, muy duro, con muy pocos resultados profesionales, pero con un desgaste como hace tiempo no había vivido, tres semanas para intentar olvidar meses de esfuerzo, de trabajo y de sinsabores. Tres semanas, con sus veintiún días completos para disfrutar del placer de no tener que hacer nada más que aquello que en cada momento me pueda apetecer. Tres semanas para leer, escribir, pasear, para estar con mis hijos e intentar recuperar parte del tiempo que me pierdo cada día de ellos, para hacer un poco de deporte, oír música, incluso bañarme en la piscina con un poco más de frecuencia de lo habitual.
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Pero la verdad es que de momento lo único que quiero es no hacer nada. Lo único que persigo es disfrutar de uno de los siete pecados capitales, la pereza. Seguro que no es nada edificante, seguro que como tal pecado que es debe ser malo, muy malo, pero si he de elegir en estos momentos enemistarme con Dios, no se me ocurre mejor elección. He mirado sinónimos del término, y tanto me vale el cuarto de los pecados capitales como: gandulería, flojera, haraganería, holgazanería. Estoy dispuesto a asumir todos y cada uno de ellos, al menos durante unos días, sin remordimiento, sin acto de contrición. Además voy a alejar de mi la tentación de redimir mi bajo instinto combatiendo este sentimiento con la virtud de la diligencia, reconocida en el Catecismo de la Iglesia católica y romana como la virtuosa herramienta para combatir tan atroz pecado.
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Voy a hacer de la pereza mi bandera, mi patria, mi himno, mi refugio, mi hogar. Voy a ser el mayor de los holgazanes, de los haraganos, flojos y gandules. Me corono pues, este verano, como el Rey de todos ellos. Seré su líder espiritual y material, seré el espejo donde han de mirarse los ejércitos de miles de seguidores, pecadores todos ellos contra este vicio capital. Hoy ejerzo mi poder y como primer edicto de este mi nuevo reino, promulgo el derecho y el deber de no hacer nada.
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Y para ser consecuente con lo que aquí proclamo termino aquí esto que hoy he empezado a escribir lleno de flojera, invadido por la mayor de las perezas y holgazanería. Si no vuelvo hasta terminadas mis vacaciones, no dudéis que será fruto de que instalado en el trono de mi nuevo reino estoy disfrutando sin un ápice de remordimiento de no hacer nada.
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Disfrutar de vuestro verano y saber que siempre seréis bienvenidos a engordar las filas de este mi reino, de este vuestro reino si así lo decidís.
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No puedo quitar mis ojos de ti (Alba Molina y Andrea Lutz )

domingo, 26 de julio de 2009

El Principito. (Antoine de Saint-Exupéry)


Quién seguiría siendo niño toda la vida. Quién pudiera nunca envejecer. Quién pudiera nunca ser persona grande. Quién fuera siempre capaz de hablar de serpientes boas, de elefantes, de zorros, bosques vírgenes y estrellas. Quién alguna vez en su vida hubiese conocido a El Principito, y pudiese recordarlo para siempre.
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Yo ya soy una persona grande camino de envejecer, hace ya mucho tiempo que dejé de hablar de elefantes, de boas, de zorros y de estrellas. Ya no sé entender de todas estas cosas, ya no sé de cajas, ni de corderitos, ni de baobabs.
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Hoy he vuelto a releer este libro, lo hago de vez en vez, lo hago seguramente a destiempo, cuando como persona grande que ya soy, me importan más el mundo de las cifras, el mundo de las consignas, el mundo del poder y la disciplina. Lo hago cuando dejo de comprender los libros para niños, y cuando llevo mucho, mucho tiempo olvidado de que yo también en su día fui un niño.
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De su nueva lectura hoy quiero compartir con todos alguna de las ideas que El Principito cuenta cerca del momento de su despedida. Sé que no para todos han de significar lo mismo, seguramente dependerá de lo persona grande que ya seáis. Sé que al contarlas de forma aisladas y algo fuera de su contexto natural no te dirán mucho, o sí, eso depende de la parte del niño que ya no somos y aun queda en nosotros. No pretendo más, no quiero contar nada, sólo os regalo unos párrafos sueltos que a mi me han devuelto por unos instantes a la niñez, al tiempo de la ilusión, al tiempo de la sinceridad, al tiempo donde todo lo importante era simple, nítido y fácil de entender.
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....."Por las noches miraras las estrellas. No te puedo mostrar donde se encuentra la mía, porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Entonces te agradará mirar todas las estrellas....Todas serán tus amigas..."
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....."Las gentes tiene estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías. Para otros, no son más que lucecitas. Para otros, que son sábios, son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no hablan. Tú tendrás estrellas como nadie las ha tenido."
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....."Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reir!"
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....."Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reir conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así ....., por placer...Y tus amigos se asombrarán al verte reir mirando al cielo. Entonces les dirás:"Sí, las estrellas siempre me hacen reír", y ellos te creerán loco. Te habré hecho una muy mala jugada...."
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Tristeza de amor.(Hilario Camacho)

sábado, 18 de julio de 2009

Compromiso


Llevo unos días pensando que tengo que escribir algo sobre el compromiso, o mejor dicho sobre la falta de compromiso. Es una reflexión sobre lo que ocurre a diario en mi entorno profesional más cercano, sé que ocurre en muchos ámbitos profesionales y también personales, no sólo alrededor mío. Como es una situación incrustada y de muy difícil solución, por no decir que imposible, llaga un momento que convivir a diario con ella hace que me invada una sensación de impotencia enorme, que la frustración sea una inquilina indeseada en mi vida, y que la mala sangre circule por mi sistema venoso y arterial con un alto riesgo de generar en mi una hemorragia de la peor verborrea imaginable. Para situarme correctamente y no desviarme de lo esencial he buscado el significado de esta palabra en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y la define como: Obligación contraída. También he querido buscar el significado de comprometido y dice así: “que está en riesgo, apuro o situación dificultosa”. Si unimos el significado de ambos, y lo hago porque me viene al pelo de lo que en adelante voy a expresar, el compromiso se adquiere con las personas comprometidas. Pues bien, ni compromiso con los comprometidos, ni con los no comprometidos, ni con la empresa que nos paga religiosamente la nómina, ni con nuestros clientes de los cuales generamos los ingresos para poder atender los gastos de la compañía, ni con nada ni nadie no vaya a ser que por tener compromisos el comprometido vaya a ser yo.

Estoy realmente indignado. Llevo poco más de nueve meses trabajando en esta empresa, salí huyendo de una multinacional, y esto es harina de otro costal, buscaba el amparo de una empresa de origen nacional, sin cotizar en bolsa, con una estructura ajustada a las necesidades del volumen de trabajo, con horarios que realmente hiciesen compatibles la vida profesional con la personal, con un nivel de recursos técnicos y talento adecuado a las exigencias de nuestro mercado, en fin la panacea que en ciertos momentos y a ciertas alturas de una vida dedicada al trabajo buscas para ser feliz ejecutando los conocimientos adquiridos a lo largo de una larga experiencia profesional. Sobre el papel la nueva elección era perfecta, reunía todos y cada uno de los aspectos que he mencionado. Pero vaya por Dios, al final nada es perfecto y aún reconociendo todo lo bueno anteriormente citado, falta el compromiso. Es imposible que nada funcione con corrección si no existe tal, y lo que aún es peor ni se le conoce, ni se le espera.

En todo este tiempo he visto a los mismos comprometidos, siempre unos pocos, tan pocos que los cuento con los dedos de una mano y me sobra uno. No se trata de mencionarlos, los comprometidos ya saben quienes son y los no comprometidos también. Es injusto, es intolerable, es una falta de respeto, incluso un insulto. No puede ser que siempre los mismos sean los que realmente tengan el compromiso con la compañía, con los clientes. Que siempre los mismos tiren del carro, los que sumen para multiplicar. Ellos también tienen derechos. Ellos también podrían cumplir los horarios establecidos, y más ahora en jornada intensiva tan apetecible para todo el mundo. Ellos también tienen familias que atender, ocio del que disfrutar, ellos también tiene derecho a decidir que no quieren hacer nada una tarde o todas las tardes, ellos también tiene que dormir la noche antes de una presentación, ellos tiene amigos que cuidar como cada cual, ellos también se cansan, enferman, ellos no son los únicos responsables de que esta compañía funcione.

Y lo peor de todo es que todo el mundo lo sabe, la dirección es consciente de lo que pasa, pero es mejor no hacer nada, es más cómodo, produce menos lío para los que dirigen la empresa, al final ellos siempre están allí. Y lo mejor es que siempre lo hacen, con la mejor de sus sonrisas, dando siempre el paso adelante, con paciencia para todos los demás, con una paciencia que no conoce límites, con la mejor de sus predisposiciones, con el mejor ambiente posible, da igual que sea tarde en la noche, muy tarde, siempre buscan el mejor resultado, son siempre exigentes con ellos mismos, su meta es la excelencia, su fin es el trabajo bien hecho, aunque cada día dejen jirones de su propia piel en cada envite. Y lo mejor de nuevo, es que no trabajan para ellos, trabajan para el resto, trabajan por y para la empresa, trabajan y trabajan porque respetan y mucho a la empresa que les ha contratado, porque respetan mucho a sus clientes, porque respetan más de lo que se merecen a todos sus compañeros, porque se respetan y mucho a si mismos.

No hay derecho, no es posible que unos pocos sean los que estén siempre comprometidos, no hay derecho que la palabra compromiso sólo exista en el léxico de los mismos, que el significado de ambas palabras sólo tenga sentido en los de siempre. Es indignante.

Sé que poco les ayudo desde aquí, sé que este ejercicio de nada sirve, pero es la única manera que se me ha ocurrido de expresar mi indignación por lo que veo y vivo cada día, la única manera de elevar mi voz sin además comprometerlos a ellos, que nunca me permitirían que abriera un diálogo con los que si tienen la posibilidad de cambiar esta situación. Es la única manera de expresarles a los cuatro mi admiración, mi respeto profesional y por en cima de todo mi respeto como personas, las mejores personas, los mejores profesionales y alguno de ellos los mejores amigos posibles, aquellos amigos que por suerte la vida te ofrece sin pedir nada a cambio. Gracias a vosotros, gracias por vuestro compromiso, gracias por estar eternamente comprometidos.


sábado, 4 de julio de 2009

Always On My Mind.( WILLIE NELSON)

Imagine (John Lennon)

Harto de estar harto, ya me cansé.



Harto de estar harto, ya me cansé, de preguntarle al mundo porqué y porqué. Este inicio de la canción de Joan Manuel Serrat, Vagabundear, es lo primero que me vino a la cabeza el martes pasado después de entrar en el blog de mi amigo y compañero Rodrigo, http://simansants.blogspot.com/2009/06/harto-del-doble-rasero-mi-repudiado.html, y leer su escrito manifestando su hartura de la doble moral de esta sociedad, del maniqueismo mediático, como él mismo cita, de que nos tomen como idiotas. Y como no podía ser de otra manera me sentí identificado plenamente con lo que allí leí, y sin intención alguna de "pisarle la sotana", decidí que para romper con la pereza que me había invadido en estos primeros días del verano, debía escribir algo a modo de continuación y simplemente como complemento a lo que él nos contaba.
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Harto de estar harto, ya me cansé, de que todo lo que los medios de comunicación nos cuentan este siempre más cerca del mal que del bien, que las noticias que a diario leemos, oímos y vemos siempre nos cuenten lo mismo, que la actualidad sea sinónimo de podredumbre, de fiascos, de estafas y robos, de accidentes, guerras y desgracias. Harto estoy de cohechos, de prevaricaciones, de perjurios, golpes de estado, atentados, muertes y más muertes, dolor, sufrimiento y enfermedades, pandemias, crisis y colapsos económicos. Harto de que el mal gane al bien, de que lo que venda sólo sea lo peor de nosotros mismos.
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Estoy harto de que los titulares de las noticias los llenen personajes como Mohamed Ahmadineyad, Alberto Saiz, Michel Jackson, José Luis Pérez Caminero, Garzón, Luis Bárcenas, Manuel Zelaya, Correa, y un largo elenco de personajes del presente y del pasado, que aparecen siempre en los medios de comunicación por sus fechorias, sus inquinias, dislates, y disparates. Harto estoy de nuestros políticos y los del resto del mundo, de los terroristas, de las mafias, de chorizos, ladrones, violadores, pedrastas, de banqueros chorizos, de directivos de multinacionales quebradas y mal gestionadas, de dictadores, de policias corruptos, de curas abusadores. Ya me he cansado de leer, ver y oir siempre lo mismo, que la prensa, la radio y la televisión como medios masivos de comunicación se hagan un hueco entre su audiencia, entre todos nosotros, por llevar a sus portadas, a sus espacios de noticias, todo aquello que representa los peores valores de nuestra sociedad, una sociedad enferma como ya he comentado en más de una ocasión, y que sólo se alimenta de lo peor que hay en ella, que se realimenta una y mil veces de los escrementos, de los detritos morales y éticos de nuestra especie.
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Alguna vez me gustaría comprar un periódico y leer en su portada a toda página alguna noticia que hablara de esperanza, de bondad, de felicidad, incluso si me apuráis de amor. Necesito que el Bien sea noticia, que lo que nos impulse a comprar un diario sea lo "blanco" y no el "negro" y oscuro lado de la vida. He hecho un ejercicio estos días. He buscado, rebuscado, escudriñado, analizado, diseccionado distintos periódicos en sus ediciones de papel y electrónicas buscando noticias de alcance pero noticias "blancas", noticias que sin duda podrían abrir cualquier edición de prensa, televisión y radio siendo opuestas diametralmente a lo que cada día encontramos en los medios. Aunque no tenía ninguna esperanza, y aunque lo que finalmente sólo he visto y leido en este sentido eran artículos nímios y reducidos, he encontrado dos. Sólo un par en cinco días de una verdadera inmersión en un mar de letras, artículos y sueltos. Y si ahora os digo el nombre de ambos protagonistas, casí ninguno de vosotros, o ninguno, sabréis relacionar sus nombres con el hecho noticiable al que se les asocia. Os confieso que yo mismo hubiera pasado por alto ambas noticias fuera de este esfuerzo escudriñador. Javier Hernández-Han y Al Shaymaa, son los elegidos, premios Ashokas Invent your World Challenge y Martin Luther King respectivamente. ¿Y porqué son noticia? Pués el primero, jóven español de quince años, ha inventado un sistema, Versatile, para acabar con el hambre en el mundo, un juego de niños, un sistema cuyo motor son las algas del agua salada. No soy capaz de trasladar aquí la complejidad del mismo, no tengo capacidad ni conocimientos suficientes, pero creo que debería ser noticia de las primeras páginas de los diarios de todo el mundo, creo que un sistema así debería abrir todos y cada uno de los espacios de noticias de las televisiones y emisoras de radio. El sistema está por desarrollar logicamente, pero la noticia de la oportunidad de terminar con el hambre, con la miseria del mundo, debería ser la más extendida, la más conocida, la más valorada de todas las que se han dado ha conocer en los últimos días, semanas, meses y años. El segundo caso es un canto a la vida, es un canto a la esperanza. El cuerpo de Al Shaymaa tiene precio. Es una diputada tanzana, es una negra albina. Y en el continente africano, en muchas de sus culturas, a los albinos se les consideran seres con poderes mágicos, son talismanes, y son asesinados porque sus miembros traen buena suerte. Acaba de ser nombrada ministra del Gobierno Tanzano y lleva toda su vida trabajando en favor de un colectivo de 175.000 personas que como ella padecen esta anomalía que lo único que les puede aportar son cegueras prematuras y cancer de piel. Se le acaba de reconocer internacionalmente una vida de sufrimiento, esfuerzo y dedicación por sus semejantes, por su lucha y por intentar proteger de la incultura, de la superchería a miles de conciudadanos que diariamente son perseguidos y aniquilados por la barbarie. Un reconocimiento que en nuestros medios de comunicación se ha liquidado con un pequeño suelto en una edición electrónica de un diario.
Harto de estar harto, ya me cansé de preguntarle al mundo porqué y porqué. Yo no tengo las respuestas, no sé cuando ha de cambiar todo esto, pero espero y deseo que algún día, generaciones futuras, al abrir cualquier diario lo que encuentren en sus páginas, electrónicas o de papel, sean contenidos que para nosotros hoy duermen en el sueño de la esperanza y que tan lejos están de convertirse en realidad. Espero y deseo que el Bien gane al Mal, y que culturalmente apreciemos lo mejor de todos nosotros y que busquemos con ahinco la luz de nuestras vidas para enfrentarlas a la oscuridad que hoy invade nuestras almas y nuestros corazones. Sólo así el legado que estamos obligados a dejar a nuestros hijos permitirá que la doble moral desaparezca de nuestra sociedad.
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