domingo, 12 de septiembre de 2010

Yo, pido perdón.


Yo, Jorge Martínez Beneyto, mayor de edad, muy mayor de edad, pido perdón.

.Pido perdón a todos y casi por todo. Pido perdón porque no se me ocurre otra cosa que hacer, no voy a cambiar ya a estas alturas de mi vida, transcurridos ya los suficientes años para reconocer que siendo como soy poco más queda por hacer que reconocer que soy un hombre de otra época, de otro momento y no sé si de otro país, otro pueblo y otra cultura.

Pido perdón por anacrónico, por inadaptado social a los momentos que vivimos, por delincuente en potencia, por anti sistema, quién me lo iba a decir a mí que siempre pensé que estaría en la zona más moderada de esta o de cualquier otra sociedad fuese cual fuese el modelo. Pido perdón, no puedo hacer más, no quiero hacer más, reconozco en público mis peores pecados, pero no esperéis de mi persona un acto de contrición, ni me arrepiento ni cambiaré mis principios, mis ideas, mis pensamientos, ni mis sentimientos.

Pido perdón por no tener un Ipod, Iphone, o Ipad. Por no conocer lo que es una APP, por no estar dado de alta en Facebook, linkelind, ni ninguna otra red social. Pido perdón por ser casi un analfabeto tecnológico, por utilizar una mínima parte de lo que Internet nos ofrece, pido perdón por no aspirar a tener un ebook, ni tabletas electrónicas parecidas, pido perdón porque pocas cosas me gustan más que comprar libros, manosear sus páginas y leer casi de forma frenética todos aquellos que compro o me regalan, buenos o malos, novelas, biografías o ensayos. Pido perdón por creer y entender que un ordenador es una herramienta de trabajo y como mucho una herramienta de comunicación con el resto de los hombres y mujeres de este tiempo. Pido perdón porque nunca he jugado con una Play, ni con la Wii, ni con ningún dispositivo de los que existen en el mercado y creo que son innumerables. Pido perdón porque para mí, la televisión sirve para lo que servía hace muchos años y no para todo aquello que ahora puedes hacer o dicen que puedes hacer. Pido perdón por haber llegado tarde y no saber adaptarme a un mundo nuevo de posibilidades y de nuevos desarrollos tecnológicos.

Pero aquí no queda la cosa, también he de reconocer en este acto de sinceridad y laceramiento personal, que me gusta un modeló de vida políticamente incorrecto para estos momentos sociales. Me gusta el buen yantar, me gusta el vino y claro está que las mujeres. Me gusta disfrutar de vez en vez de un cigarro habano, y sin ser un experto en ello a estas alturas de mi vida puedo diferenciar entre sus vitolas y sus maridajes, elegir con cierto tino el más conveniente para distintos momentos del día. Pido perdón porque me gustan los toros, más activamente en el pasado pero sin renunciar de ello en estos días, me gusta el fútbol y para mayores males soy del equipo más incorrecto el Real Madrid. Me gustan los buenos Hoteles y los mejores restaurantes, el buen vino, el buen jamón y todo tipo de manjares, aunque lógicamente mi economía da para muy poco de unos y de otros, me gusta el lujo de forma moderada, la ropa cara y los relojes más que a un tonto una piruleta. Pido perdón porque así sólo puedo aspirar a ser un inadaptado y un anti sistema, un anacrónico y vivo con un anhelo constante de otras vidas, de otros momentos. Pido también perdón por leer prensa poco progresista, la compagino con el resto y he descubierto que en esta pluralidad que mantengo soy capaz de encontrar verdaderas joyas de la escritura periodística, así como suplementos tan excelentes como el Cultural del ABC. Disfruto con el ejercicio de la comparación, el análisis y la conclusión personal de lo que son las distintas realidades interesadas. A modo de ejemplo, en estos días he disfrutado con una polémica surgida por las memorias y el diario personal de Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II Republica de España, y sólo he podido encontrar esta información por mi afán de mantener un criterio abierto a la hora de elegir y comprar los periódicos cada día.

Pero voy mucho más allá y me declaro delincuente en potencia, y por ello también vuelvo a pedir perdón. Fumo, me gusta fumar, y hoy ni quiero ni me he planteado dejarlo. La nueva ley del gobierno va ha convertir en delincuentes a millones de españoles. Lo siento estoy convencido que incumpliré en más de una ocasión la ley. Aunque intento ser respetuoso con el que no fuma, ni conozco el proyecto de ley ni voy a perder ni un solo minuto en leerla, por lo tanto asumo que el desconocimiento de la norma no exime legalmente del cumplimiento de la misma, con lo cual declaro públicamente que seguramente y ante las más que extremadas restricciones que recogerá dicha ley, delinquiré en variopintas ocasiones. También me gustan los coches, la velocidad y conducir por en cima de los límites permitidos. Ya he sido multado y he perdido algún punto por ello, no sé si más de los que a día de hoy soy consciente, pero he pagado mis multas religiosamente y me mantengo aún dentro de la ley, con el estigma social del asesino en potencia que puedo llegar a ser por conducir como lo hago. Vaya en mi defensa que jamás he dejado que el coche me dominará, que siempre voy con los cinco sentidos puestos en la conducción, que nunca he hecho ninguna maniobra que haya puesto en peligro ni mi vida, ni las de mis acompañantes, ni mucho menos del resto de automovilistas que coinciden en mis trayectos por la carretera. Conducir rápido no es sinónimo de temerario, son cosas diametralmente opuestas, aunque nos vendan cada día lo contrario. No entiendo porque hace unos años podía pasar con mi coche por los mismos tramos por los que hoy conduzco a velocidades tan dispares, aún menos cuando las máquinas están mucho más perfeccionadas y las mismas carreteras han mejorado una enormidad en su asfaltado, trazado y visibilidad.

Seguramente omito aquí muchos más pecados, no quiero aburriros con todos los que seguramente peco a diario. No me considero mal tipo, aunque es verdad que uno es indulgente siempre consigo mismo. Sé que con lo que hago puedo molestar, por ello reitero mis más sinceras disculpas, aunque sin duda alguna también solicito que me respeten por como soy, y que cada cual ejerza el derecho a la libertad individual. Yo prefiero respetar la pluralidad y si hay algo o alguien que no me gusta, pues a otra cosa mariposa.
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viernes, 27 de agosto de 2010

Mi vida es puro Facebook. (Antonio Martínez Beneyto)


Mi vida es puro Facebook. Cuando encuentro novio, y la verdad es que últimamente me cuesta poco, lo primero que hago es poner una foto de él para que mis cientos de amigos de la red puedan conocerlo. Si voy a una fiesta fashion hago decenas de fotos con mi blackberry y las cuelgo. Mis viajes, mis reuniones familiares. Utilizo todas las aplicaciones posibles: el hada mágica, la carta del Tarot, Farmville, horóscopo, en qué país deberías vivir, que famoso es tu pareja perfecta, entre otras quinientas.

Si quiero leer un libro, encuentro la mejor de las recomendaciones. Si quiero ir a una discoteca, puedo conseguir hasta entradas gratuitas. Oferta de viajes, de restaurantes, hoteles y spas.

Estoy al día de la vida de mis amigos y amigas, así como la de todos los famosos de los que soy fan acérrima. Si tienen niños, si se casan o separan, si tienen perro o gato. Es fantástico, vives tu vida, la de los vecinos y la de miles de personas.

Por las mañanas, cuelgo mis pensamientos y mis comentarios, y después paso a buscar novedades entre mis amistades. Por la tarde, enciendo el “Sálvame” y comento todo lo que dice la Esteban desde una perspectiva sarcástica. A mis amigos les encanta. Me puse un icono de esos que es una mano con el pulgar levantado hacia arriba y que debajo pone “me gusta” y la verdad, y no quiero presumir, pero que todos los días, excepto el domingo que no está el programa, puedo recibir una media de unos cincuenta “me gusta”.

Las siete noches de la semana las dedico a navegar, me dejo llevar y voy rejuveneciendo mi cantera de contactos. Además, hay algunos chicos y chicas que ponen fotos muy picantes. Lo que os decía, es un lujo. La vida de gente de todos los países, ahí puesta para que tu la puedas conocer.

Hay personas, a las que no conoces nada más que de enviarte comentarios, que tienen un nivel impresionante. Unas casas, cochazos, fotografías de países maravillosos. Parecen casi más anuncios que la realidad en la que vivo. Fijaos, lo que os voy a contar, entré en contacto con un ruso que me pagaba el viaje a su país y me ofrecía trabajo como modelo. ¡Qué simpático! Pero me dio un poco de vergüenza. Además, con el trabajo que me da el Facebok; el tiempo que necesito para mandarles correos a mis contactos; las horas que paso buscando nuevas amistades; utilizando las aplicaciones; viendo fotos de los demás, que ya no me queda minutos en el día para nada más. Incluso decidí dejar el trabajo para poder ser una buena anfitriona de la red. Es que mi vida es puro Facebook.

domingo, 15 de agosto de 2010

La cásida de la princesa. (Antomio Martínez Beneyto)


Ni triste, ni leches. Esta princesa jacarandosa disfruta de sus vacaciones en su playa privada. No sufre porque derrocha dinero, amistad y belleza. Aletargada por el calor se deja mecer en la orilla por las olas. Mediterráneo forjado en miles de culturas; esculpido a base de cruentas batallas; recordado en innumerables obras de arte.
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Siete guardianes como los siete arcángeles del Corán la guardan a buen recaudo. Para su padre ella es su mejor tesoro. La educó a medio camino entre Oriente y Occidente; consiguió conformar en ella un gusto refinado por las bellas Artes; la alentó para que desde corta edad descubriera los beneficios de la competición deportiva.
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Ni triste, ni leches. Esta princesa disfruta de cada uno de los segundos que Alá le proporciona. Un verano de descanso después de terminar su carrera en “la Sorbona”. Acompañada de amigos y amigas que gozan de la hospitalidad del jeque. Fiestas, yates, cenas y paseo a lomos de puras sangres árabes traídos, entre algodones, a nuestro país. Días interminables de compras, noches agotadoras en las mejores discotecas de la costa.
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Ni triste, ni leches. Esta princesa jolgoriosa disfruta en la playa privada con los sables de sus guardaespaldas. La hacen sentir plena en continua comunión con la naturaleza. Goza, llora de placer, siente tocar el cielo con cada uno de los poros de su cuerpo. Ellos vuelcan toda su energía en servirla y en disfrutar. Tocar, mirar, compartir, sentir.
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Ahora si está triste la princesa. El verano murió partido por un rayo. El jeque se enteró de los juegos playeros de su primogénita. Se acabaron las compras, las fiestas y los paseos en barco. Los siete sables descansan desinflados sobre la arena. Ella volvió a su país cubierta de una mazmorra textil de color negro dispuesta a entrar en una habitación en palacio bajo la promesa paterna de que no volvería a salir.
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Pero que leches. La princesa se recuperará de la tristeza, su padre le volverá a otorgar la gracia de su libertad, y encontrará otros siete guardianes con los que jugará en alguna playa privada bañada por el Mediterráneo.
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sábado, 14 de agosto de 2010

Señor: ¡Ya que me has quitado las fuerzas, quítame las ganas!



Este es el epílogo de un chiste que me contaron hace algunos años y que me hizo mucha gracia. Lo recuerdo en infinidad de ocasiones. El lamento de un viejecito decrépito que alzaba su voz al cielo y se quejaba ante Dios solicitando justicia divina. Reclamaba que se diera el equilibrio justo entre la falta de fuerzas entre su ya ajado cuerpo y el desenfreno de una libido que no se había visto reducida, si no muy al contrario aumentada y multiplicada hasta el infinito.
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Pues este es mi ruego en estas fechas. Ya que me has quitado las fuerzas, quítame las ganas. Y no hablo de sexo, el pudor y la vergüenza me impediría siempre hablar de mis más íntimos instintos y sentimientos. Como en el mes de febrero, cuando compartí ya una queja por la falta de inspiración que entonces me invadía, llevo mucho tiempo sin ser capaz de hilvanar cuatro palabras seguidas con cierto sentido y criterio. Estoy sin fuerzas, pero con muchas ganas de sentarme a escribir, de contar alguna cosa de cierto interés, de participar en el torrente creativo que envidio de ciertos amigos con una capacidad ilimitada y diaria de crear y regalarnos sus relatos para nuestro deleite y disfrute personal. Estoy más seco que las uvas pasas.
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Esta tarde me he hecho el firme propósito de terminar aunque sea un mal escrito para vencer la pereza, para triunfar sobre la desidia, para forzar el engranaje neuronal y terminar por vomitar algo para subir al blog y no dejarlo morir por inanición. He preparado un ambiente idílico de escritor trasnochado. A mi lado tengo el tabaco, un romanticismo mal entendido siempre me ha hecho relacionar los grandes escritos con montañas de colillas de cigarros consumidos en el desenfreno de la escritura; un gin tonic, el alcohol otro componente intrínseco de las grandes figuras literarias imaginadas e idolatradas en el mundo de mis fantasías, música de fondo, y el más cómodo de los desaliños en las vestiduras. Si esto no es provocar y llamar desesperadamente a las puertas del burdel de las musas, poco o nada me queda ya por inventar. Lo peor de todo es que terminaré la tarde con un tremendo dolor de cabeza producido por el exceso del tabaco, el alcohol y la desesperación por no estar conforme con nada de lo que escriba, y algo parecido a una insatisfacción y frustración tremenda por no ser capaz de aportar nada mejor de lo que aquí resulte al mundo de la creación literaria.
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He forzado todos los mecanismos que de vez en vez utilizo para encender el relé capaz de forzar el circuito de la inspiración. He buscado titulares en la prensa del día, he leído a columnistas que admiro por sus estilos y contenidos, por cierto José Luis Alvite lleva una racha suprema en sus artículos diarios, he rebuscado libros ya exprimidos con anterioridad, he buscado algún título provocador de novelas ya leídas, llevo tiempo dando vueltas a uno especialmente que seguramente en otros momentos provocaría un torrente de sensaciones y sentimientos para compartir “ Tu nombre envenena mis sueños” para mi la mejor novela de Joaquín Leguina, he leído algún poema y rebuscado en las letras de los boleros, estos últimos una fuente brutal cuando intento escribir sobre historias de vida, amor y muerte, y como resultado final nada de nada.
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Ya voy por el segundo trago largo, el cenicero empieza a rebosar de cigarros consumidos y la tarde promete más en términos de aciaga borrachera que en eclosión del torrente creativo. De aquí a un rato termino tarareando “La Paloma” versión Dean Martin, con una colilla a medio consumir entre mis labios, el vaso vacío en una de mis manos, brazos en alto y bamboleando mi maltrecho cuerpo al son de la melodía imaginaria en una mala imitación del peor Elvis en el final de su carrera. Imagen dantesca para mis hijos en particular y para el mundo en general.
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Y lo peor de todo es que ya no se encuentra en las farmacias Optalidon, droga legal con componentes anfetamínicos que se vendía hace unos años, quizás ya muchos años, que era mano de santo para eliminar los tremendos dolores de cabeza además de provocar seguro que la muerte por colapso de más de una ancianita de los años setenta enganchadas cual yonkis a esta purga de Benito.
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La tarde sucumbe, el tiempo se agota, y una vez más en estas últimas semanas el ejercicio creativo ha quedado en nada. Y de nada sirve seguir delante de la pantalla del ordenador, agotar la botella de ginebra, y terminar con el paquete de tabaco. Un día más la “Big Idea” que dirían los flemáticos británicos no ha hecho acto de presencia. Una tarde más de otro fin de semana la puerta a la imaginación, a la inspiración, se ha mantenido cerrada a cal y canto. Es tiempo de cerrar y esperar a mejores momentos, quizás mañana, quizás esta noche entre los inquietos y turbulentos sueños provocados por la ingesta del alcohol aparecerá esa hebra del hilo invisible de la túnica de alguna de las musas hijas de Zeus, y de él haré el ovillo necesario para culminar al fin algo digno de compartir con mis pocos y fieles vecinos de esta nuestra Cambra.
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Country roads John Denver Almost Heaven West Virginia Parkersburg WV

domingo, 8 de agosto de 2010

El Dragón Dorado. (Belén Martínez Macias)



Este cuento que a continuación vais a leer no es una creación mía. Belén nos vuelve a regalar uno de sus relatos cortos. Creo que las vacaciones de verano dan para poder hacer muchas cosas. No todo es piscina, bicicleta, dormir hasta tarde, comer como una verdadera lima, leer , ver la televisión y jugar con su hermano. Ha encontrado tiempo para escribir, y aunque empieza mil y un relato, pocos son los que termina y de esos, ha elegido este para que se lo suba al blog. Qué menos puedo hacer. En el fondo estoy encantado, he de reconocerlo, y me gustaría que no perdiera esta afición nunca. Mantener por el resto de su vida la ilusión por crear algo nuevo, dejar volar la imaginación y visitar países de dragones y princesas, será seguro un buen pasaporte para alcanzar momentos de felicidad y bien estar en un futuro. Espero que os guste, que seáís benévolos con ella, y que ma ayudéis a mantener viva su afición por la lectura preámbulo y condición indespensable para continuar haciendo pinitos en esto de la escritura.

Era se una vez en un mundo lejano y maravilloso donde vivian los animales más majestuosos y poderosos que se pueda imaginar se escribió una historia, esta historia trataba sobre un dragón, el rey de los reyes, el dragón Dorado.
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Esta historia comienza con un guerrero, pero no un guerrero cualquiera, el era el general de las tropas aéreas de la nación del rey. El general se entrenaba todos los días y cuando luchaba, luchaba por su pueblo. El general era el guerrero mas querido por el pueblo y también por la hija del rey, Elísabeth.
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Por cada batalla ganada el rey organizaba una fiesta en el palacio. En este caso nuestro guerrero y sus tropas habían conseguido restaurar la paz en el pueblo de los Phenixes. Así que todos y cada uno de ellos fueron invitados a un gran banquete en el palacio. Al final de aquella velada el general Dorado (así era como le apodaban por su color en su forma de dragón), cogió a su enamorada de la mano, la sacó de la sala, se inclino y sacó de su bota un anillo con un diamante en el medio, y la dijo:


-Elisabeth amor mío, ya no podemos estar juntos como novios, no te asustes. Pero si quieres podemos estar juntos como esposos.


La princesa Elisabeth le respondió con rapidez:


-Oh, Dorado querido mío tu sabes que te quiero, pero eso no es cosa mía es de mi padre.
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A la mañana siguiente Dorado se levantó muy temprano dispuesto a pedir la mano en matrimonio a la hija del rey. Así que desplegó sus alas de dragón y se fue volando de su modesta casa al enorme castillo. Una vez allí, Dorado corrió hasta la sala del trono y le pidió al rey la mano en matrimonio de su hija. El rey accedió encantado y la boda se celebro a los pocos días.
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Los meses fueron pasando y a la vez el rey fue enfermando, hasta que un triste día de invierno la nación del rey (también conocida como la nación reinada) se tiño de negro, el rey había fallecido.
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A los pocos días la nación reinada volvió a ser la misma nación feliz que siempre había sido, por dos razones: la primera razón fue porque dorado fue coronado rey (la princesa Elisabeth no pudo ser coronada ni obtener la fortuna porque era una dama) y la segunda razón fue que Elisabeth dio 3 preciosos hijos al rey Dorado, a los cuales llamaron Alejandra, Siniestra y Pablo.
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sábado, 31 de julio de 2010

El final de una raza


¿Qué nos apostamos? Estamos ante el principio del fin. Hemos dado el primer paso, ya no habrá retorno ni marcha atrás. Se ha iniciado un largo camino para llegar a un final que ya hoy anticipamos, el final de una raza, el final del toro bravo. Un contrasentido ¿verdad?, pero una realidad incuestionable. Prohibir los toros, las corridas de toros para ser más exacto en Cataluña, es el inicio de la desaparición de la raza del toro bravo. Defender que se termine con el mal trato del animal, defender que desaparezca la brutal, antediluviana, anacrónica, salvaje y sanguinaria fiesta nacional es sinónimo de terminar con una de las más bellas expresiones de belleza animal, de equilibrio entre el poder de la naturaleza y la plástica de la fuerza en la manifestación de un animal que nace sólo y exclusivamente para morir en una plaza de toros. Hoy no escribo sobre el arte de la tauromaquia, no hablo de la manifestación de unas raíces culturales de una sociedad, de un pueblo, hoy hablo del fin del toro de lidia.

Me gustan los toros, me gustan los toros en la plaza, me gustan los toros en los tentaderos, pero en donde más me gustan es en las dehesas, en el campo. No sé si los que hoy han prohibido las corridas de toros han tenido la oportunidad de ver y disfrutar del espectáculo del toro en su verdadero hábitat, en el sitio donde nacen, viven, se hacen. Es un espectáculo grande, es un espectáculo único. Creo sinceramente que antes de tomar ciertas decisiones hay que ver en su globalidad las consecuencias de las mismas, terminar con las corridas de toros es terminar con el animal, salvar del sufrimiento al toro es matar su razón de ser como raza, el día que se dejen de celebrar lidias habremos aniquilado una especie, en su defensa así planteada lleva su perdición.

Y además no me gusta que quieran engañarme con razones esquivas, con mentiras para camuflar el verdadero sentido de unas decisiones pertenecientes al mundo de la política, de los nacionalismos, de las confrontaciones, de los intereses siempre de unos pocos que buscan en la diferenciación extrema de las manifestaciones y tradiciones de un pueblo, la base para apuntalar un proyecto político y social opuesto, contrario y excluyente. Poco o nada ha tenido que ver la prohibición con la defensa del animal. Se ha tratado este tema desde el prisma de que aquello que más rezuma españolismo debe de quedar excluido de su territorio. La llamada fiesta nacional no tiene espacio en su nación, no la quieren, la detestan y la aborrecen pero simplemente, y sin engaños, por lo que tiene de asociación al pueblo español. Es así, y todo lo demás ha sido una falsa justificación para envolver su verdadera razón con la manipulación, la polémica, y el engaño.

No soy partidario de las prohibiciones, no me gustan que me digan lo que si o no tengo que hacer. Intento ser respetuoso con el sentir, pensar y expresar de los demás. Nunca considero tener una verdad absoluta, a lo más reconozco mis verdades ligadas a mis principios y muchas veces llenas de incertidumbres. Respeto las sensibilidades de todos aquellos que ven en las corridas de toros una manifestación sanguinaria del sufrimiento del animal, no puedo imponer un criterio contrario, ni convencer con argumentos que son válidos para mi, argumentos ligados a las raíces culturales, a manifestaciones plásticas, a derivas artísticas que nacen de la fiesta, ni argumentos económicos o sociales. Si mis sentimientos, pensamientos, razones y opiniones me parecen válidos, lo son sólo y exclusivamente para mí, y por ello respeto los contrarios. Pero antes que prohibir existen soluciones mucho menos drásticas, existen otras muchas posibilidades. Se puede evolucionar la fiesta, se puede cambiar el reglamento, se pueden evitar una serie de suertes, incluso una vez terminada la faena se puede devolver el toro al corral sin necesidad de ejecutar su muerte. Si la verdadera voluntad es evitar el sufrimiento y muerte del toro en la plaza no entiendo porque no se han explorado propuestas que fuesen por estos caminos. Los reglamentos, como las leyes se pueden cambiar, incluso deben adaptarse a nuevas demandas sociales, a nuevas sensibilidades, a nuevas realidades. No es la primera vez que se hace, hemos evolucionado y aceptado cambios en otras manifestaciones sociales, se han regulado deportes de riesgo, hemos sido capaces de aceptar limitaciones en otros ámbitos de nuestras vidas. Por ello creo que la verdadera razón de esta prohibición no es la que nos han vendido, la que nos han querido imponer como bandera. La verdadera razón es más nociva, esta cerca del radicalismo, del integrismo, se acerca al absolutismo y la falta de libertad de elección de la persona.

Como decía al inicio, es el principio del fin de la raza del toro bravo. Ya hay otra comunidad autónoma que ha iniciado el mismo debate, otra comunidad donde algunos mantienen la misma aspiración de ser nación independiente, de rechazo por todo aquello que huele a español. ¿Cuántas más se van a sumar al carro? ¿Cuántas más van a ver en esta prohibición una oportunidad de destacar su realidad diferencial? Es cuestión de tiempo, es cuestión de imponer un progresismo mal entendido, es cuestión de enarbolar la bandera de la diferenciación de lo que rechazo de raíz por venir de un estado central que no es querido ni respetado.

Lo que más me preocupa es cual va a ser la próxima cosa que nos prohíban. No podremos fumar en ningún sitio público, si conduces a más de 120 Kmts por hora eres casi un criminal, los bollos y las chuches junto con los refrescos estarán prohibidos en los coles a la vuelta del verano, las chicas de la “mala vida” ya no pueden anunciarse en los diarios. Empiezo a estar asustado, vamos a vivir mucho, el estado y sus administraciones públicas se han empeñado en ello, pero se nos va a hacer muy largo y muy aburrido.

domingo, 18 de julio de 2010

Estado Federal o Estado Confederal


Qué no nos engañen. No dejemos que el árbol no nos deje ver el bosque. Que ningún político más de este país quiera insultar a nuestra inteligencia. Qué en el fondo no estamos discutiendo cuestiones baladíes, que de lo que cada día se habla con la excusa del Estatuto de Cataluña, no es un problema tan sólo de las nacionalidades o regiones autonómicas. Que es un problema aún mayor, y que lo que estamos cuestionando es la validez de la Constitución Española de 1978 y la nueva organización del modelo de Estado. Que este cambio nos incumbe a todos, y no sólo a aquellas autonomías que reclaman para sí mayor cuota de autogobierno o la independencia del Estado español.
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Vayamos por partes, y para eso nada mejor que repasar en la Constitución aquellos artículos claves para entender una polémica generada de forma interesada puesto que nuestros políticos una vez más no quieren atajar el problema de raíz. El artículo 2 de la Constitución dice:
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“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de todas las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.
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Lo dice bien claro, no habla de Naciones, se definen como nacionalidades y regiones, que ya de por sí marca una diferenciación de entrada ofreciendo categorías entre las distintas comunidades autonómicas existentes. Para los padres de esta Constitución no todos los ciudadanos españoles tenían la misma categoría.
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En el artículo 9, párrafo 1:
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“Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”
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Nadie está exento dentro del Estado español de cumplir la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, y eso también nos atañe a todos los españoles. Podíamos seguir buceando en la Norma de normas y nos daríamos cuenta que al final lo que está ocurriendo con este debate que tan exaltados tienen a muchos, no es más que una pura estrategia política para que los de siempre encuentren una buena excusa para seguir viviendo de los impuestos del resto de sus conciudadanos. Esto es más fácil, cambiemos la Constitución, tengamos una nueva y que ésta recoja de nuevo la voluntad de todos los españoles. Existe el mecanismo legal para hacerlo: se disuelven las cámaras, se hace un parlamento constituyente, se redacta una nueva constitución, se aprueba la misma en un referéndum universal, se disuelve el parlamento constituyente y se elige un nuevo Parlamento que elegirá Gobierno.
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Pero aquí esta quizás la clave de todo. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Si cambiamos la actual Constitución, ¿estamos dispuestos a abrir la posibilidad de que el estado pase de ser una Monarquía a una República?, ¿cuestionamos la sucesión al Trono?, realmente ¿hay intención de generar todos los posibles cambios que puedan solicitar muchos de los ciudadanos de este país?, ¿y si al votar la nueva Constitución existe una mayoría que niega la independencia de las nacionalidades que configuran el Estado? No olvidemos que este texto se ha de aprobar con un referéndum universal y quizás no todos los españoles votarían la escisión de ciertos territorios autonómicos del Estado actual. Se complica ¿verdad?.
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Al final de lo que hablamos es de qué tipo de organización queremos como Estado, uno Federal, parecido al de EEUU, Alemania, Argentina, Bélgica, y Brasil por ejemplo, o una confederación de estados como la UE dentro de nuestro propio territorio. Un gobierno con unas prerrogativas claras y profundas, con capacidad de legislar en todos los territorios por igual, o un gobierno central con apenas responsabilidades y con un poder mucho más limitado. Esto es lo que realmente nos tenemos que preguntar, esto y si realmente estamos preparados para abrir el melón de la Constitución del 78 hasta las últimas consecuencias.
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Mientras tanto que no nos tomen el pelo, que no nos manipulen y que si tenemos que hacer reformas nos las cuenten como son, a las claras y por derecho, sin verdades a medias, sin polémicas, sin confrontaciones interesadas, con madurez y responsabilidad.
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Por mi parte hoy poco más que añadir, si de una partida de Mus estuviésemos hablando yo quiero ver este órdago.
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domingo, 11 de julio de 2010

Nostalgia



Dice la letra de este afamado tango escrito en 1936 por el poeta argentino Enrique Cadícomo:


Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez...

 
Hoy he acudido como cada año desde estos últimos cinco a una cita ineludible, a un recuentro con el dolor, a un rencuentro con los que hoy no están ya a mi lado. Lo he contado en otras ocasiones en esta Cambra, alguna vez en forma figurada como texto y pretexto de un futuro aún por llegar, alguna otra como la expresión más sincera de mi dolor, sentimiento que desde hace ya algunos años se ha consolidado en mi personalidad como uno más de la esencia de mí ser.

Hoy he subido a Peñalara, de buena mañana, cuando el Sol apenas se despereza, con las primeras luces del alba, sin el agobio del calor que después nos ha regalado el día. He subido sólo, sin más compañía que un puñado de recuerdos, de sentimientos, con mi alma de fantoche sola y triste, sin copas ni consuelo. He caminado hasta la cima sin resuello, con las fuerzas al límite, buscando el dolor físico de mi cuerpo para alejar de mí el dolor del alma. He subido al encuentro de ellos, al encuentro de los que se fueron de forma prematura, de todos, de los que allí se quedaron en forma de cenizas y de los que dejamos enterrados en compañía de los suyos. He subido por los que no están, por los que aún nos hacemos compañías, por los que todavía son muy jóvenes y no entienden de estas cosas, pero he subido especialmente por mí.

Se lo debo a ellos, me lo debo a mi mismo. Cuando al final alcanzo la cima, cuando me siento exhausto, cierro los ojos y espero a que la brisa envuelva mi cuerpo, libero un sordo llanto y dejo que los sentimientos y recuerdos que me han acompañado durante la subida gobiernen mi ser y se apoderen de mi voluntad. No lo puedo evitar, no lo quiero evitar. Cada año es lo mismo, cada año afloran las mismas sensaciones de dolor y de nostalgia. Dolor por mí, nostalgia de ellos, de todos y cada uno de los que se fueron sin marcharse nunca, nostalgia de su amor, de su cariño, de su protección, de sus cuidados y desvelos. Nostalgia de sus palabras, de miradas, de gestos, de sonrisas, de sus lágrimas y llantos, nostalgia de un abrazo, una caricia, un te quiero.

Si las copas traen consuelo, aquí estoy con mi desvelo. Demasiado fácil sería ahogar en alcohol este enorme sentimiento de añoranza y de dolor. La herida no se cierra, y no es malo que permanezca abierta, estar vivo también es sentir que una parte de mí se fue con ellos, que una parte de mi murió con ellos.

Como cada año he bajado más aliviado, he cumplido con la cita, he soltado parte de los fantasmas. Quizás el secreto está en volver siempre y soltar lastre despacito, sin prisa, sin pausa. Subir año tras año, llorar en silencio lo que el resto del año guardo para mí, dejar en su compañía lo que cada uno de ellos me ahorraba de dolor y sufrimiento. Buscar en un solo envite el consuelo que no disfruto el resto de los días.

Nostalgia por aquellos que se fueron.