viernes, 10 de abril de 2009

Semana Santa, Semana de Pasión.



Antes de empezar con el escrito que hoy quiero compartir, creo que debo hacer un poco de historia de lo que realmente la Semana Santa es en el mundo cristiano. No hablaré de mis creencias personales, pero he sentido desde siempre que cuando llegan estas fechas, además de ser un periodo de vacaciones que todos aprovechamos para descansar y desconectar de todos nuestros quehaceres diarios, nuestro país se transforma, la fe toma la calle, en el más recóndito pueblecito de nuestra geografía se celebran procesiones, salen los pasos de penitencia a las calles, se hacen representaciones vivas de la pasión, se preparan los monumentos en las iglesias, se visitan las estaciones, los oficios, se cantan saetas, truenan los tambores, y todo respira pasión, devoción y fervor religioso.

La Semana Santa es la conmemoración anual en que el calendario cristiano conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Sábado Santo. Va precedida por la Cuaresma, que culmina en la Semana de Pasión y da paso a un nuevo período litúrgico.
La Semana Santa cuenta con celebraciones propias que recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, la Crucifixión de Jesús y su Muerte el Viernes Santo y su Resurrección en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
A principios del siglo IV había en la cristiandad una gran confusión sobre cuándo había de celebrarse la Pascua cristiana o día de Pascua de Resurrección, con motivo del aniversario de la resurrección de Jesús de Nazaret. Ya en el Concilio de Arlés (en el año 314), se obligó a toda la Cristiandad a celebrar la Pascua el mismo día, y que esta fecha habría de ser fijada por el Papa, que enviaría epístolas a todas las iglesias del orbe con las instrucciones necesarias. Sin embargo, no todas las congregaciones siguieron estos preceptos. Es en el Concilio de Nicea (en el año 325) donde se llega finalmente a una solución para este asunto.
No obstante, siguió habiendo diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría, si bien el Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría, que lo comunicaba a Roma, la cual difundía el cálculo al resto de la cristiandad.
Finalmente fue Dionisio el Exiguo (en el año 525) quien desde Roma convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la pascua cristiana.
La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena eclesiástica; sin embargo, ésta casi siempre coincide con la Luna llena astronómica, de modo que para efectos de cálculo es generalmente válido emplear la más tradicional definición astronómica. Por ello puede ser tan temprano como el 22 de marzo, o tan tarde como el 25 de abril.

Ya sabemos el porqué, está bien saber que es lo que realmente celebramos en estos días, pero lo que a mi más me llama la atención es el como. Cierto es que cada cual es muy libre por sus creencias o por la falta de ellas, celebrar o utilizar estos días como Dios les de a entender en el primero de los casos, o simplemente les venga en gana para el segundo. No se trata de juzgar comportamientos ajenos, sólo pretendo compartir mis propias sensaciones y vivencias. Y sin ir más lejos las que ayer experimenté. Creo que como más de un hijo de vecino este año las vacaciones las he pasado en casa. Hacía años que no veía una procesión en Madrid, y como la tarde era buena, y los niños estaban un tanto aburridos de no hacer nada, les propuse el plan de acercarnos a Madrid a ver un par de las que ayer transcurrían por sus calles. Primero y por pura comodidad nos acercamos a ver salir a El Divino Cautivo. Es un paso de penitencia pequeño, sale del colegio Calasancio en la calle General Díaz Porlier, había poca gente, personas del barrio, antiguos alumnos y algún que otro turista que en la zona se encontraban cuando arrancó la procesión. Después fuimos raudos a la salida del paso de María Santísima del Dulce Nombre de la iglesia de San Pedro. Aquí la cosa cambio, muchedumbre agolpada en la calle del Nuncio y todos los alrededores. Fervientes creyentes, vecinos, turistas, paseantes, gente que había ido desde otros barrios, desde otras localidades, y me imagino que como tradición acuden año tras año, arrebataban la calle, la Cava Baja, Puerta Cerrada, la Plaza del Humilladero y cada uno de los rincones por donde trascurriría el cortejo. En la misma salida de la Virgen escuchamos la primera saeta, otra después y hasta una tercera en unos pocos metros que seguimos el paso. El Madrid de los Austria era una fiesta, los bares llenos, las terrazas sin una sola mesa libre, el Café del Nuncio, El Café de la Villa, el de los Monaguillos, todos de bote en bote, no había un hueco.

Aquel jolgorio manifestado de forma espontánea, natural, aquellas ganas de divertirse, de disfrutar, me dio que pensar de vuelta a casa. Da igual Madrid, que la “Madrugá” en Sevilla, Cádiz, Bilbao, Gerona, Valladolid o Palencia. Está claro, nos va la fiesta, es lo mismo Semana Santa, que la Feria de Abril, San Fermines, que Moros y Cristianos. Somos un pueblo que vivimos la calle, que nos ponemos la vida por montera, que a la primera de cambio nos buscamos un motivo para deleitarnos, disfrutar y reír. Me gusta mi gente, me gusta sentirme parte de un pueblo que hace de sus ganas de vivir su bandera. Me gusta sentir que los pelos de mis brazos se erizan al escuchar una saeta, me gusta sentir un pinchazo de felicidad oyendo un aplauso cerrado al ver una salida de un paso por un portón imposible, un aplauso que reconoce el sufrimiento y el esfuerzo de un puñado de costaleros, casi en cuclillas para hacer posible lo que a todas luces parece un milagro. Me gusta, me encanta ver las calles llenas de gente que respiran felicidad, ganas de vivir.

Sé que poco o nada tiene que ver todo esto con la Pasión, sé que todo ello poco tiene que ver con la muerte y resurrección de Cristo. Sé que el ferviente cristiano vive esta semana con otro sentido, pero realmente lo que yo ayer sentí, lo que yo ayer viví fue un inmenso contagio del virus de la felicidad, de la ilusión, de la diversión. Sinceramente disfruté junto a mis hijos de una tarde irrepetible, para ellos fue una nueva experiencia, algo no vivido anteriormente, para mi fue reencontrarme con la alegría de la calle, con un barrio de Madrid al que en mi pasado mozo le dediqué mucho tiempo, pero lo mejor de todo fue descubrir que todavía hoy cualquier expresión popular, sea de la índole que sea, congrega a un pueblo en la calle con la única razón del disfrute, de la algarabía, de la felicidad de sentir que la vida siempre merece la pena de ser vivida.

La Legión Española. (Javier Álvarez)

lunes, 6 de abril de 2009

Mientras dí razón de una Coca-cola, un pincho de tortilla y un cortado



El pasado viernes tuve que dar una ponencia en un curso sobre comercialización de medios de comunicación que organiza Unidad Editorial. Son esos compromisos que uno adquiere de forma voluntaria y siempre con la perspectiva temporal en la lejanía cuando te solicitan la participación. Unos días antes fui consciente de la fecha y la hora en la que estaba programada mi colaboración. No dude en enviar un email a la organización haciéndoles ver lo inoportuno del día y más aún de la hora, entre las 20,00 y las 21,00 h. Realmente corríamos un riesgo muy elevado que el viernes de Dolores, preámbulo de las vacaciones de Semana Santa en el horario previsto, la asistencia de los inscritos en el seminario fuera de una o ninguna persona. La respuesta que obtuve por parte de los organizadores es que la asistencia estaba asegurada, no tanto por el interés verdadero de mi presentación, como por el hecho de que parte del aforo son empleados de la propia compañía, otra parte empleados de los patrocinadores del evento, y una muy reducida parte algún que otro despistado que por allí andaban. Dicho esto y con la respuesta por escrito no me quedo más remedio que cumplir mi compromiso.

Sucedió que el mismo viernes y ante la posibilidad de quedarme más que colgado alrededor de cuatro o cinco horas, lapsus de tiempo que transcurriría entre mi salida de la oficina y la hora de inicio del evento, decidí intentar liar a alguno de mis amigos, más allegados conocidos, colaboradores y si me apuráis hasta el portero de la oficina, para compartir una amigable comida, previo pago por mi parte naturalmente, y rellenar así de una manera amena y divertida el tiempo de espera. Iluso de mí, viernes de Dolores, mariquita el último, y si salgo a las 14,00, mejor que a las 15,00h. Después de varias intentonas fallidas decidí desistir y asumir sin más que sólo de mí dependía como ocupase aquel tiempo libre entre una obligación y una devoción para mi espíritu y mi ego. No quise insistir más allá de tres o cuatro llamadas para no comprobar con toda la crudeza que entre el “nosotros” y el “tú”, gana el “yo” más egoísta. A fuer de ser sincero, seguramente si “yo” hubiese sido parte de “ellos” el resultado hubiese sido idéntico. Por lo tanto y más sólo que la una, más allá de las 15,30 h decidí tomar un "tente en píe" que me permitiese aguantar hasta la hora de mi ponencia, y utilizar el resto de mi tiempo a repasar una vez más aquello que con tanta ilusión iba a contar después a un grupo de colegas más o menos motivados.

Recordé que cerca de mi oficina un afamado restaurador tiene uno de sus locales donde el pincho de tortilla tiene fama de exquisito. Por tanto decidí emplear parte de mi tiempo en darme un pequeño paseo hasta el restaurante y saborear tal maravilla sin mayor presión, ni prisa, y con suficiente tranquilidad para incluso ojear mientras comía uno de los periódicos del día. En ello estaba, cuando sin darme cuenta mi atención empezó a girar hacía una conversación que dos ejecutivos, más o menos agresivos, más o menos beodos, mantenían a mi lado. Fue realmente un acto reflejo, ausente de cualquier curiosidad mal sana, simplemente como fruto del propio aburrimiento, mi atención se fue centrando en lo que aparentemente parecía una conversación muy transcendental. Aquellos dos jóvenes, frisaban los treinta, muy trajeados, con corbatas de marca, repeinados y todo hay que decirlo, híper educados, manejaban una conversación entre lo humano y lo divino, una conversación sobre el bien y el mal, sobre la tiranía del dinero, las cosas materiales y en contra posición la vida espiritual. Una conversación plagada de coletillas típicas de la jerga del mundo al cual pertenecen, una conversación en cualquier caso medida, sin grandes aspavientos, en un tono más que respetuoso, y carente de salidas de tono, ni expresiones soeces ni sobre actuaciones. Me dí cuenta que lo que más me llamó la atención eran las formas utilizadas para tratar tan profundo fondo. En ello estaba cuando decidieron terminar su última cerveza, pagar la cuenta y salir del local. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el camarero una vez cobradas las consumiciones y retirada su bien ganada propina, comentó para el resto de parroquianos que en la barra estábamos: “ahí van los dos, tan pinchos, y les he servido entre doce y quince cervezas por cabeza”. Me quedé boquiabierto y un poco bloqueado. No escandalizado, a partir de ciertas edades quién no se ha pasado en más de una ocasión de la raya chateando con un buen amigo. Lo que realmente me sorprendió es la capacidad que tenemos los hombres como especie, da igual el género masculino o femenino, para abstraernos de la realidad, para generar un mundo a parte, para sacar de dentro pensamientos íntimos en momentos donde nuestra capacidad de raciocinio se ve al menos un tanto mermada por los efectos del alcohol. Viernes 15,30 h, antesala de unas vacaciones, o cuanto menos el inicio de un fin de semana, en su estado imposible a todas luces para volver a trabajar, y aquellos dos ejecutivos agresivos de la zona centro, llevaban cuanto menos una hora u hora y media gastando saliva, dinero y tiempo, en una borrachera que les llevo a terminar hablando muy educádamente de la frontera entre lo material y lo espiritual.

Pagué y salí yo también de vuelta a la oficina. Mientras que deshacía el camino para volver no dejé de darle vueltas a la cabeza. Mi estupor seguía presente e intentaba crear un racional que me ayudara a entender lo que había visto. Insisto, no me escandalizó, no me parece mal tomar cervezas, chatear unos vinos, beber más de la cuenta nos ha ocurrido a muchos en más de una ocasión. Lo que me seguía llamando la atención, lo que todavía ahora me llama la atención fue la estética de la situación. Quizás el día, el momento, y la sensación de que yo mismo estaba rellenando un tiempo mal aprovechado, me hicieron pensar en lo absurdo de lo que presencié. Creo que lo que se espera del estereotipo de un borracho, es que sea faltón, grosero, incluso en ocasiones molesto por pesado y pendenciero. Pero he de reconocer que los dos “yuppies” fuera de contexto, transcendentes y borrachos rompieron dentro de mi algún esquema o estereotipo que todavía no he sido capaz de recomponer.

sábado, 21 de marzo de 2009

“Soy optimista. No me parece muy útil ser otra cosa”. Sir WinstonChurchill




Con esta frase empecé un artículo que me pidieron en abril de 2007 los señores de El Periódico de la Publicidad para participar en su quinto aniversario desde que vieron la luz en el sector profesional al cual pertenezco.
Hoy la rescato para intentar lavar un poco mi imagen, la que en los últimos escritos he transmitido, la que alguno de vosotros me ha comentado que trasluce de mis palabras hilvanadas, una imagen de alguien melancólico, de alguien poco alegre, incluso de alguien que esta reñido con la vida, enfadado con lo que tiene a su alrededor, poco conformista y airado con el mundo. Pues lo siento pero no, soy de naturaleza optimista, y además como bien decía Sir Winston, no me parece útil ser otra cosa.
Cierto es que la vida no regala nada, que hay muchas razones por las cuales puedes aparcar la mejor de tus sonrisas en casa, y salir ya de buena mañana maldiciendo la suerte que a uno le ha tocado en vida. Cierto es también, que hay veces que resulta difícil aferrarse al optimismo, que pareces del género tonto si te presentas cada mañana en tú puesto de trabajo como si a tú alrededor llevaras siempre alquilada una cohorte de pajaritos cantando, de florecillas del bosque sembrando tú camino, un solo sol alumbrando tus pasos, y tatareando alguna de las melodías de Sonrisas y Lágrimas, The Sound of Music para ser fiel al título original. No, no se trata de parecerse a Julia Andrews y la familia Trapp al completo, pero verdad es que sin excederme en demostraciones bucólicas musicales, tengo motivos para ser optimista. La primera es la utilidad de la misma como contraposición a las demás. Que mejor que guiñar a la vida un ojo, sonreír ante lo que te espera a cada instante, bueno o malo lo tienes que vivir, lo debes pasar, bueno o malo has de hacer de tripas corazón y atravesar sin más lo que en cada doblez, en cada esquina te espera a modo de destino. Si he de recorrer mucho trecho, lo quiero hacer con un cierto grado de ilusión, de alegría, y en los peores momentos pensar que todo pasa y que todo llega, y que al final es una estación más que recorremos y que como en casi todas ellas no has llegado aún a tu destino final. No quiero un camino de amargura, al menos no quiero ser yo quién sume más espinas a las que ya te encuentras sembradas en el recorrido de los años. Quiero seguir sonriendo a todos los que a mi paso me encuentro, quiero regalar un buenos días, o un gracias, o incluso un perdón si de mi ha nacido una mala acción, pero siempre quiero regalar un gesto de cercanía, de proximidad, de afecto, de cariño, de ilusión y de felicidad. Estoy convencido que cada cual recibe lo que da, y si a alguien le ofrecemos en cada instante lo mejor de nosotros, de igual manera recibimos lo mejor de todos.
Tengo más razones para ver la vida con optimismo, por nacimiento estoy en esta parte del mundo que nada falta; un hecho tan aleatorio, o no, como haber nacido de unos ancestros y no de otros me ha regalado una vida infinítamente más cómoda y más feliz, que muchos millones de semejantes que no tienen nada y que nada o poco les espera. He nacido en un tiempo y en una época, y un lugar donde no he conocido la hambruna, la guerra, las catástrofes. He conocido el amor, he podido compartir mi vida con los seres queridos, tengo amigos, soy padre por dos veces, trabajo, y la vida me ha ofrecido muchos momentos mágicos, momentos especiales que me han formado mi persona y pertenecen ya a mis recuerdos más íntimos y valorados. He viajado, he visitado otras ciudades, otros países, he disfrutado con las cosas más pequeñas, con los detalles. Tengo manos, pies, ojos, oigo, hablo, escribo, duermo, sueño, vivo. Incluso y aunque parezca una paradoja he tenido la oportunidad de sufrir, de añorar, de echar de menos, de llorar, de sentir dolor y angustia. Soy un afortunado por todo ello y por todo lo que me falta por relatar. Como no voy a ser optimista, al final que otra cosa más útil puedo ser.

viernes, 20 de marzo de 2009

Bolero. Contigo Aprendí.





Bolero; es la distancia más corta que existe entre un hombre y una mujer.



Contigo aprendí, que existen nuevas y mejores emociones,
Contigo aprendí a conocer un mundo nuevo de ilusiones,
Aprendí que la semana tiene más de siete días,
A ser mayores mis contadas alegrías,
A ser dichoso yo contigo aprendí.

Contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna,
Contigo aprendí que tú presencia no la cambio por ninguna
Yo aprendí que puede un beso ser más dulce más profundo
Y que puedo irme mañana mismo de este mundo,
Las cosas buenas ya contigo las viví,
Y contigo aprendí que yo nací el día que te conocí.

Contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna,
Contigo aprendí que tú presencia no la cambio por ninguna
Aprendí que puede un beso ser más dulce y más profundo
Que puedo irme mañana mismo de este mundo,
Las cosas buenas ya contigo las viví,
Y contigo aprendí que yo nací el día que te conocí.
Y contigo aprendí que yo nací el día que te conocí.
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Cruz de navajas - MECANO

sábado, 14 de marzo de 2009

Menos Tú Vientre. (Miguel Hernández)


Menos tu vientre
todo es confuso.
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Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
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Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
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Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.
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domingo, 8 de marzo de 2009

A Kiss is still a Kiss



Esta tarde escuchaba la canción " As Time goes by" el clásico de la mítica película Casablanca, la entrada previa a esta en forma de vídeo rescatado del océano de You Tube. Según escuchaba esta melodía pensaba a la vez todo lo que un beso representa, lo mucho que encierra el roce de unos labios sobre otros, el roce de unos labios sobre una mejilla, en una mano, rozar con los labios cualquier centímetro de piel de un ser querido. Un beso es una manifestación de amor, de cariño, de amistad. Un beso es la forma más fácil de decir te quiero, un beso es una demostración de cariño, de cercanía, de proximidad; un beso sella una amistad, un beso expresa respeto, un beso lo das, lo recibes siempre de las personas que siempre están cerca de ti. A kiss is still a kiss.
No sé lo que pensáis vosotros pocos que acudís a esta cambra, pero yo tengo la sensación de que cada día beso menos, que cada día beso menos a mis seres más queridos. Tengo la sensación de que cada día digo menos te quiero, cada día soy más tacaño en mis manifestaciones de amor, de cariño, de amistad. No sé si estamos perdiendo lo esencial de la vida, no sé porque cada día me alejo, nos alejamos más, de lo que realmente es importante, de lo que es sencillo, de lo que merece la pena. Quizás estamos confundiendo nuestro guión en la vida con la impostura de ser lo que no eres, de parecer lo que no eres, de mantener una imagen que no eres, de aparentar lo que no eres. Yo no sé vosotros, pero creo que yo no quiero seguir este camino, necesito cambiar la senda, necesito deshacer mis pasos, volver al tiempo de la ilusión, volver al tiempo de la emoción, buscar el roce de unos labios, decir un te quiero lleno de sentimiento, besar la mejilla de una amiga, de un amigo, de un hermano. A mi pesar ya no puedo besar a mis padres, menos a mis abuelos, pero hoy hubiese dado una vida, y no tengo siete como los gatos, por dejar mis labios marcados en las caras de los seres que ya no están a mi lado, de los seres que en un pasado, y en algún caso no muy lejano, me recibían con una sonrisa y un beso, un hermoso beso de hermano mayor, un beso cálido, sereno, protector.
¿Sabéis que voy a hacer ahora mismo ?, os voy a dejar, voy a terminar de escribir por hoy y me voy a ir a buscar a Belén y a Pablo, y ante su segura sorpresa los voy a llenar de besos, los voy a abrazar muy fuerte, y les voy a decir cuanto los quiero. Sé que les hará gracia ver a su padre como un poseso, pero sé también, estoy seguro de ello, que algún día recordarán la noche de hoy, que algún día recordarán cuando yo no pueda dárselos, unos besos que decían sin palabras cuanto amor podía darles, cuanto amor ellos generaron en mi.
Os pido un último favor, no seáis tacaños, besar, volver a rozar vuestros labios con los labios de vuestros seres queridos, es gratis y produce una enorme felicidad. Disfrutar y recordar que: " A kiss is still a kiss."

Frank Sinatra - As Time Goes By (Casablanca)

domingo, 22 de febrero de 2009

Cosas de Ayer

Me estoy haciendo mayor. Cada día siento más nostalgia del pasado, busco en mi memoria recuerdos de la niñez, recuerdos de una vida ya pasada, de días de felicidad e ilusión, de estabilidad y despreocupación, momentos llenos de alegría, donde los problemas no eran aún una sombra si quiera de lo que todavía estaba por llegar.
Hace poco, matando algún rato desocupado, entretenido en no hacer nada, descubrir en el océano de Internet una página que me lleno de nostalgia, un espacio para recordar, http://www.teacuerdas.com/ , una llave para abrir el baúl de la memoria y traer hasta hoy algunas de las cosas casi olvidadas en la cambra de mi persona. Fui descubriendo los juegos con los que tantas horas compartí con mis hermanos, los comics, los tebeos, libros, mis cromos, aquellas series de televisión que tanto nos impactaron, la música, los "nuevos" coches que dejaban ya al mítico seiscientos viejo y anticuado. Volví a mi pasado de golpe, en mi cabeza se agolpaban muchos de mis recuerdos, imágenes de mi niñez, reuniones familiares, eternos partidos de fútbol con porterías señaladas con piedras en algún descampado, pedir a pies para elegir tus compañeros de equipo, el dueño del balón que jugaba siempre, mediar por mi hermano un poco más pequeño, pero un defensa letal que en más de una ocasión iniciaba una batalla campal con el equipo contrario por llevar a las máximas consecuencias su postulado de que o pasa el balón o pasa el delantero, pero nunca los dos juntos. Yo fui un niño de pan y chocolate para merendar, fui un niño de horas de calle con los amigos, jugando al fútbol, al churro media manga, manga entera, a policías y ladrones. Fui un niño que de vuelta del cole, cada tarde podía salir a la calle hasta que el sol se escondía, para volver después a casa, hacer los deberes, siempre estaban "chupados", un baño, cenar y a la cama. No había manera de sortear el implacable control de mi madre y de mi abuela, para entretenerme despistado junto con mis hermanos en el salón, esperando el inicio de aquellas películas de dos rombos, que insinuaban siempre mucho más que mostraban. Fui un niño que se crió con "El Virginiano", "Bonanza", los domingos a las tres comidas familiares con un exquisito pollo a la sal, que mi abuela primero y después mi madre cocinaban con todo su amor para nosotros.
Nostalgia de un pasado de "Cuentame", nostalgia de una niñez alejada de todos los sinsabores que hoy como adulto vivo y me ha tocado vivir, alejada en el tiempo del dolor de los seres queridos ya desaparecidos, alejada de todos los duelos que en esta vida, o quizás en cualquier otra, nos araña el alma, la hiere de muerte; nostalgia de todas las ilusiones que están aún por llegar, de esos planes y proyectos que hace algunos días relataba, y que por entonces estaban todos por cumplir, sin renunciar a nada en la vida, teniendo todo por hacer, sintiendo que el mundo que te rodea es lo suficientemente seguro que nada en el futuro producirá una sola lágrima de dolor.
Las cosas de ayer, las cosas que me han hecho como hoy soy, como hoy me veo, como hoy me veis; momentos, seres queridos, amigos, vivencias de mi pasado, mi infancia.
Las cosas de ayer, que en el fondo son las cosas de hoy, las que me han acompañado durante todos estos años, las cosas que han moldeado mi ser. Ni buenas, ni malas, iguales o distintas a las tuyas, pero las cosas que definitivamente me han hecho la persona que ya seré hasta el último de mis días.